ELOJIO A MIS COLEGAS
populares

    Una multitud de poetas
Brotó con los aguaceros
Unos cuerdos i prudentes
I otros mui disparateros.

    Al saber de estos autores,
Viendo tantos rimadores
Arruego haria el parnaso.
De ántes era mas escaso
El saber llenar limetas,
I ahora hasta de las grietas
Han salido a poetisar;
Es lo que me hace adm[i]rar
Una multitud de poetas.

    Yo digo que las corrientes
Del Mapocho i sus raudales
Trajo tantos principales
Talentos tan eminentes.
De algunos lagos i fuentes,
De los arroyos i esteros
Escriben cuales Homeros,
Pero algunos con agrabios.
Este conjunto de sabios
Brotó con los aguaceros.

    Las imprentas los alaban
Por sus poemas tan honestos
En sus idiartes modestos
De sus estrofas que graban.
Soi de la opinion que daban
A tales intelijentes,
Los creo son competentes
En diferentes asuntos
He visto en sus contrapuntos
Unos cuerdos i prudentes,

    Ellos para improvisar
Tienen tino i elocuencia
I su moderada ciencia
Nadie puede criticar.
El vulgo en el agraciar
Bien hace a mis aparceros
Trobadores lisonjeros
Como los han visto ya,
Unos dicen la verdad
I otros mui disparateros.

    Al fin, yo aseguraria
Que a dichos hombres aspiertos,
Seguro despues de muertos
Les harán su biografía,
Tomarán de sus poesías
Puntos sérios verdaderos,
Sus legados i herederos
Los pondrán en los anales
Sus nombres como inmortales
Para tiempos venideros.

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EL CÓLERA
EN CIUDADES I ALDEAS DE SAN-
TIAGO DE CHILE

    No hai mejor medicamento,
Para que el enfermo viva:
Una nueva rogativa
Para que aplaque el tormento.

    Ya ven de que los doctores,
Han apurado su ciencia;
No han calmado la dolencia
De Aconcagua los clamores.
Han mandado los mejores
De estudio i conocimiento,
Mejor es que el pensamiento
Se eleve al cielo veloz,
I unirse pronto con Dios
No hai mejor medicamento.

    En Catemu i en Quilpué
I en Panquehue mueren tantos,
Que ahí no cesan los llantos
Por la epidemia bien sé;
Nuestro gobierno con fé
Ha dado órden preventiva;
Deseamos de que reciba
De todos en jeneral
El nonbre del Celestíal
Para que el enfermo viva.

    Lo Ocampo se ha lamentado
Que de alta salen mui pocos,
I al morir son como locos
Por el mal desesperados.
Llaillai bastante infestado
I Vichiculen arriba,
Piden que el diarista escriba
Los puebiós en que la plaga
I en los conventos que se haga
Una nueva rogativa.

    En las hijuelas sufriendo.
Están i el flajelo arruina;
Parece de que camina
Por la línea diciendo,
De la Calera escribiendo
Partes con gran sentimiento,
Socorro del Sacramento
Suplican de noche i dia.
I que pidan a María
Para que aplaque el tormento.

    Señores, en la ciudad
De Quillota i otros puntos,
En la Cruz estos asuntos
Sufren por la enfermedad.
A San Pedro llegó ya
I nos infunde temor
Castigando al pecador
Avanza su atrevimiento
Como el rayo mas violento
Mandado por el Creador.

        NICASIO GARCÍA

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EL CÓLERA MORBO

    El cólera en lo presente
En la provincia Arjentina,
Se ha de evitar esa ruina
De los pueblos del oriente.

    El Ministro de la Guerra
Al señor jeneral de armas,
Escribió por las alarmas
Un decreto en mar i tierra;
Todo lo que Chile encierra
Está en peligro inminente,
Pero nuestro Presidente
Dice en la órden jenerosa,
Que va penetró a Mendoza
El cólera en lo presente.

    Buenos Aires i el Rosario,
Los primeros que sufrieron
I morir a cientos vieron
De treinta a cuarenta diario;
Nuestro plenipotenciario
Dando razon determina,
Que de la nacion vecina
Dice a su patria natal
Que pocos libran del mal
En la provincia Arjentina.

    En Córdoba i Santa Fé
Dicha epidemia ha asolado,
I los doctores no han dado
Con la contra así se creé,
I en las aldeas se vé
Que el farmacéutico opina
En hallar la medicina
A nuestro puéblo dichoso,
Por Dios que es tan poderoso
Se ha de evitar esa ruina.

    Dicen que en el Tucuman
I en la ciudad de la Rioja
En una grave congoja
Esos dos pueblos están;
Los hacendados se van,
A los campos diariamente
Huyendo del pestilente
Achaque desconocido,
Que al parecer ha venido
De los pueblos del oriente.

    Al fin en Salta i San Juan
Lo propio que en Catamarca,
Si esas ciudades abarca
Los habitantes ¿qué harán?
En nuestro país se verán
Por el accidente infiero,
Pedir junto con el clero
A las horas compasivas,
I han de ser las rogativas
Al mismo Dios Verdadero.

        NICASIO GARCÍA.

Imp. Victoria.

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DECRETO DE NUESTRO
GOBIERNO

    La pasada a los cuyanos
Chile les ha prohibido,
Los que el cólera no mata
Mueren helados de frio

    Nuestro gobierno mandó
Del norte aquellos lijeros.
De Yungai Carabineros
I al oficial ordenó.
De Antofagasta marchó
A recibir los paisanos,
Mas que digan vienen sanos
O pasajeros a fletes,
Se prohibe en los boquetes
La pasada a los cuyanos.

    Para Coquimbo i Caldera
Otros piquetes mandaron
Los que pronto se empinaron
Subiendo la cordillera;
La órden terminante era
Decia en este sentido:
Vuelva atrás todo individuo
Siendo arjentino notorio
Pisar nuestro territorio
Chile les ha prohibido.

    Toda comunicacion
Se cortó con la Arjentina
Por el flajelo que arruinas
Si entra en nuestra nacion.
Jente viene en grimillon
Como el que huye de un pirata
Por Maipo i por Huspallata
Se notan sus atropellos,
La nieve da cuenta de ellos
Los que el cólera no mata.

    A Ñuble, Talca i Chillan.
El ministro por los casos,
Ordena cerrar los pasos
Del Campanario sabrán.
Los intendentes pondrán
Donde nace todo rio
I los detengan con brío
A los cheyes de mas rangos,
Aunque se pongan tamangos
Mueren helados de frio.

    Al fin dicen que a un cuyano
Topó un soldado chileno,
I le dijo este terreno
Yo lo vijilo, paisano,
Ir adelante es envano
Sabrá que este es el Planchon
I ustedes a Concepcion
Si pasan sirven de estorbos
Mientras el cólera morbo
Persista en esa nacion.

        NICASIO GARCÍA

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[ ] asesinato de madre e hija.

    [Cu]atro son los criminales
[En el] drama mas sangriento
[Que a]sombró a la capital
[Dando] el mayor sentimiento.

    [Uno] de los asesinos
[Abrah]am Fragua su intencion,
[Dentist]a de profesion,
[Hiciero]n los desatinos;
[Ni en l]as cuestas ni caminos
[Hacen] delitos tan tales,
[Atrocid]ades verbales
[I a]e v[os]o itinerario,
Que con dicho boticario
Cuatro [s]on los criminales.

    Francisco Rios se mienta
Otro de aquellos piratas.
De aspiraciones ingratas,
Asesinarlas intenta;
Sin conocer que se afrenta
En aquel fatal momento.
Por su loco atrevimiento
Han de ser averiguados
Los cuatro son conmplicados
En el drama mas sangriento.
Otro es Eduardo Romero,

    De medicina estudiante
Formó el plan insemejante
Como hace el lobo al cordero:
Compraron con el dinero
La toma mas ilegal.
Dando a todos por igual
Con intencional tropiezo,
Pero esto llegó al exceso
Que asombró a la capital.

    Anton Figueroa, empleado
Que el diario no dice en qué,
Otro que el nombre no sé
Que dicen queseha embarcado
Opinan que ese ha llevado
Un cajón, en cumplimiento
A la intemperie del viento,
Restos humanos hallaron.
Con un parte los mandaron
Dando el mayor sentimiento.

    Al fin murió madre e hija,
Son Gabriela i Zoila Rosa;
Plana mas triste i penosa
Que el mismo lector se fija.
Las faltas no las corrija
Del autor de poca fama,
Como obligacion se inflama
Dice al señor Intendente
Que dicha sangre inocente
A la justicia reclama.

        Nicasio García.

Nota: reconstruida desde la lira 451.

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EL JUICIO FINAL

    Fuego, tierra, mar i viento.
Rayo, rejión, i nublado
Sol, i Luna, son mandados
Astros, cielos i elementos.

    Se verán quince señales
San Jerónimo lo escribe
Del modo como recibe
El castigo en los mortales,
Los que han léido los anales,
Nos declaran el tormento.
Con un luto el firmamento
Las selvas arden sus hojas,
Entre funestas congojas,
Fuego, tierra, mar i viento.

    También han de ver el mar,
Que sin golpear a las peñas,
Temblarán las verdes breñas.
I la brisa ha de calmar.
Los planetas sin jirar
Por el eje acostumbrado:
Todo ser, que ha sido creado,
Verá el último consumo
El aire cubierto de humo,
Rayo, rejión, i nublado.

    Se ha de ver en el jentío,
Conflictos, lamentaciones
I en sus cabañas, los leones,
Rujir su áspero bramido;
Un lastimero sonido
Con sus ecos destemplados;
Todos los que hai sepultados,
Desde Abel hasta el presente
Que se nieguen al viviente
Sol. i Luna son mandados.

    Un Ante-Cristo han de ver,
Que hará que se pare el Sol,
I el mas brillante arrebol
Hará su brillo perder,
Para que le puedan creer
Dará nuevos mandamientos.
Los muros, de sus cimientos.
Presto los derribará.
Quedando en oscuridá
Astros, cielos, i elementos.

    Al fin, se levantarán
Todos de su sepultura.
I en un valle de amargura
Alli se presentarán
A la diestra pasarán.
Los devotos de María,
En tan amarga partida,
Dos ejércitos formamos,
Donde por cierto esperamos
Del tiempo el último dia.

        NICASIO GARCÍA.

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Ejecucion del reo Manuel Soto.

    Grande fué la concurrencia
El diario pudo advertir.
Esto fué ántes de morir,
Le leyeron la sentencia.

    Habiendo la hora sonado
Lo sacan de la capilla,
Manuel Soto ahí se humilla
Porque iba a ser fusilado;
Los sacerdotes al lado
De mayor intelijencia,
Le decian con frecuencia
Sus secretes poderosos,
I el número de curiosos
Grande era la concurrencia.

    Marchaba con paso lento
Al son de pesados grillos,
Con unos gruesos anillos
Que le quitaban su aliento;
En Dios su pronunciamiento
Se le oia repetir,
Que pudiese recibir
Su alma como arrepentido,
Todo esto escrito ha salido
El diario pudo advertir.

    Un precioso Crucifijo
Traía en su diestra mano,
Pidiéndole aquel cristiano
En aquel momento fijo;
Se oyó tambien que le dijo
Suplico que me has de oir,
Señor, ya voi a partir,
Soi tu hijo: i Vos sois mi Padre
Invocó a la Virjen Madre
Esto fué ántes de morir.

    A todos pidió perdon
I en el banco se sentaba;
El verdugo lo amarraba
Para aquella ejecucion,
Qué diria el corazon
Concluida toda clemencia;
Sin esperar mas audiencia
Sobre todo enternecido,
Antes de lo referido
Le leyeron la sentencia.

    Al fin lo que le vendaron
La vista estando el piquete,
I el oficial el florete
Por tal señal descargaron,
Al corazón penetraron
Las balas sin la piedá,
Para ser completa ya
Con tristeza la eficacia,
I con el golpe de gracia
Fué el alma a la eternidad.

Imp. de P. Ramirez E[chaurren]

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MANUEL SOTO
i Felicia Hinostrosa.

    El criminal Manuel Soto
Con la Felicia Inostrosa,
A Montel asesinaron
Con muerte tan alevosa.

    Siendo capturado preso
Su semblante fué confuso,
I el juez del crimen propuso
Elevarle un cruel proceso.
El delito era en exceso
Que ni el hombre mas remoto
Habria dado su voto
Olvidando la clemencia;
Oyó su recta sentencia
El criminal Manuel Soto.

    En cuya declaracion
Que hacia su confidenta
Espuso toda la afrenta
De su amante la intencion.
El hombre de corazon
De fiera no era otra cosa,
Hizo la escena horrorosa
De verdugo duro i cruel.
Ultimó a Claudio Montel
Con la Felicia Inostrosa.

    Despues que lo degolló
El cadáver arrastraba;
I al canal lo asesinaba
Pronto al agua lo arrojó.
La caja la trajinó
I llevaron lo que hallaron,
Se ignora lo que pensaron
Ellos labrándose el mal
En el momeuto fatal
A Montel lo asesinaron.

    En los diversos careos
Que los hicieron presentes,
A los tales delincuentes
Confesos ya dichos reos.
En qué paran los deseos
O envidia con el que goza,
Esa mano facultosa
Sin mirar respeto bumano,
Quitó la vida a un cristiano
Con muerte tan alevosa.

    Al fin es la conclusión
Por el Consejo de Estado,
Soto muere fusilado.
Ella en perpetua prision.
Presenciar la ejecucion
Tiene como presidaria:
Esto lo hará involuntaria
Como ejemplo acontecido.
Despues de un año cumplido
En su celda solitaría.

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EL ASESINATO
de la Cañadilla.

    Francisco Javier Salinas
Dice que agravio cobró,
Asesinando a su esposa
Su ruina no mas labró.

    Su primer declaración
Espuso que un tal Menares
Añadia sus pensares
I heria su corazon.
Escrita su relaracion
Se hizo autor de tantas ruinas,
De las casas mas vecinas
Habla el vulgo i lo repuna.
Que hizo dos muertes en una
Francisco Javier Salinas.

    De infanticidio notado
Está ahora en lo presente,
Ya confesó el delincuente
I Nicanor ha negado.
Dice el mas acriminado
Que él varias cartas halló,
Con la firma del que huyó,
Nadie lo habla a punto fijo
Ultimando a madre e hijo
Dice que agravio cobró.

    Si Salinas su intencion
Tenia, como acontece.
Cómo no esperó naciese
La mujeril o varon.
Tan ingrata presuncion
Que dió con muerte alevosa
No meditó en otra cosa
Puesto que autor se declara;
La lei tampoco lo ampara
Asesinando a su esposa

    Una hacha fué el instrumento
Con la cual le dió de hachazos,
El cráneo le hizo pedazos
En aquel fatal momento.
Después de cumplir su intento
Al policial lo llamó,
Diciéndole: he dado yo
La muerte a quien me ofendió,
I el guardian le respondió:
Su ruina no mas labró.

    Al fin cierto apesarado
Salinas debe encontrarse,
I Menares al carearse
Temblará como azogado.
En caso de ser culpado
Esto les voi a advertir
Que siempre he oido decir
I en mis sentidos penetro,
Porque con el mismo metro
Que mides te han de medir.

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EL SOLDADO EN LA MISA

    Un soldado meditaba
En la varaja francesa.
Toda la Pación de Cristo
Con la mayor reverencia.

    Dijo en el as considero
Siendo uno es un solo Dios.
I despues pasando al dos
Son dos libros que ya infiero;
De los testamentos quero
I en el tres consideraba
Las tres personas que amaba
I una sola Omnipotemcia,
En la misa tal frecuencia
Un soldado meditaba.

    El cuatro lo hizo pensar
En los cuatro Evanjelistas.
Que revisaron las listas
Del [m]isterio singular:
Juan i Lucas al firmar
Marcos a Mateo espresa,
En el cinco con sertesa
Las cinco virjenes bellas,
Significó que eran hellas
En la varaja francesa

    El seis que el mundo formó
El Asedor en seis dias,
Con sus sabias profesías;
I el siete que descansó:
En el ocho bien notó
Ocho personas que han visto,
Librar del dilubio listo
Segun el testo Sagrado,
Significó estando hincado
Toda la Pasion de Cristo

    Llegando al nueve acordó
De aquellos nueve leprosos
Que Jesus dejó gososos
I fué milagro que obró;
En el diez tambien pensó
Di[e]z mandamientos de ciencia,
Los que estan a la presencia
De nuestra lei verdadera
A si [o]yo la misa entera
Con la mayor reverencia.

    Al fin dijo en conclucion
Sacó la dama i declara
Diciendo es la reina Sára
Que vis[i]tó a Salomón:
Prestó su declaracion
Al director de la guerra,
Analizando esto encierra
I mirando al rei habló,
Por eso consideró
En el rei de cielo i tierra.

        Nicasio García

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