EVOCACION A LA DOLOROSA

  Cuando así ¡oh Madre! te miro
Con Jesucristo en los brazos,
Parece que en mil pedazos
Se me parte el corazon;
I es tan amargo tu lloro
I dolor de tu agonía,
Que al alma mas dura i fria
Causa el verte compasion.

  Ah! si a mí dado me fuera
Calmar tu duro quebranto!
¡Si yo pudiera tu llanto,
Madre del alma, enjugar!
¿Qué he de hacer, habla ¡oh Ma-
                                        [ría!!
Qué he de hacer para endulzar-
                                          [lo?
Dime: ¿bastará a calmarlo
Por tu dolores llorar?

  Yo derramaría entónces
Por mis ojos toda el alma,
I no encontraria calma,
Hasta morir de afliccion.
La sangre que hai en mis venas
Por los ojos vertería
Hasta dejar Madre mia,
Sin sangre mi corazon.

  Esa punzante corona
I esos clavos que recojes,
Vírjen pura, no te enojes
Yo lo quiero para mí.
Dámelos, no me los niegues,
Mira que me martirizas
Con esas manchas rojizas
Que impresas dejan en Tí.

  ¿No son mios los pecados?
¿No fuí yo con mi delirio,
Quién dió sangriento martirio
I puso a Dios en la cruz?
No fuí yo quién, incensato,
Tejió ese cerco de espinas?
¿De sus pupilas divinas
¡Ay! no apagué yo la luz?

  Pues si yo, ciego, mis manos
Sobre la Víctima puse,
Ne es posible que rehuse
La muerte que ántes le dí.
Venga esa Cruz i enclavado,
Ceñido de esa corona,
Diré a mi Jesus: «Perdona,
Santo Dios, mi frenesí,

  «Yo te dí muerte afrentosa,
I a tu Madre sin ventura
Con mi perfidia i lecura
Llené un dia de afliccion.
Ya el alma llora de pena
I llora hoi arrepentida:
Perdon, Jesus de mi vida,
Madre de mi alma, perdon».

       T. DE LA G.

Es propiedad del autor.—Se prohibe la reimpresion de estas poesías
       Juan B. Peralta
       Galvez 814

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