LA SITUACION DE CHILE
Protestas i resoluciones de
un roto

Hasta cuando diablo aguanto
En esta infame nacion
Todo se vuelve ambicion
Que ya está causando espanto.

  En este Chile de mier…
Todo se vuelve gavelas,
Por los ricos sanguijuelas
Que nos apretan la cuerda.
Si el roto aquí no se encerda
Puedo afirmar entre tanto
Que se pasa de ser santo
Para no alzarse bien pronto,
Pero yo que no soi tonto
Hasta cuándo diablo aguanto.

  Si yo soi un comerciante
Tengo que pagar patente,
Hasta por mirar, realmente,
Delante de un vijilante.
Si soi obrero i tunante
Estoi bajo la esplotacion
De los jueces i del patron
Quienes me huasquean duro
I todo es un robo puro
En esta infame nacion.

  Si me robo un pan; voi preso
I me tratan de ladron,
Si un burgués roba un millón,
Dicen: el señor no es leso,
Yo a puteadas contrapeso
A los ricos con razon
Que hacen, pues, la espoliacion
De nuestro pueblo bendito.
Pues, porque en Chile maldito
Todo se vuelve ambicion.

  En Chile no hai libertad
Ni se respetan las leyes,
I hasta los pacos son reyes
Porque son autoridad
Cualquier patan, en verdad
El es jénio de un encanto
I los pobres entre tanto
Con opresion vamos sufriendo
I ésto tanto está cundiendo,
Que ya va causando espanto.

  Aunque el demonio me lleve
Yo juro, amigos rotitos,
Que de estos pueblos malditos
Me voi a marchar mui breve,
Se que aquel que no se mueve
Se lo lleva la corriente,
Por eso próximamente
Dejaré estas poblaciones
De vampiros i ladrones
Que azotan el continente.

Imprenta Bandera, 919

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HORRENDO CRIMEN
EN CONCEPCION
UN MARIDO QUE MATA A SU MU
JER A HACHAZOS.— HERMOSO
EJEMPLO PARA LAS MADRES
DE FAMILIA.

  La ciudad de Concepcion
Teatro ha sido últimamente
De una escena espantosa
Que ha conmovido a la jente,

  En la calle de Carrera
De la ciudad mencionada
Vivia la desgraciada
Del drama que desespera;
Carmela se vocifera,
Que pasaba en discusion
Con su esposo sin razon
I de cuyo resultado
Un crimen ha presenciado
La ciudad de Concepcion.

  La Cármen Jerez vivia
En diversion permanente
Por lo cual, precisamente
Delgado la reprendia;
Con las hijas que tenia
La Jerez, digo realmente,
Remolia espresamente
Hasta que el hogar dichoso,
De un crímen espantoso
Teatro ha sido últimamente.

  Delgado nada le daba
Para mantener diez hijos
I ella en trabajos prolijos
El sustento se buscaba;
Por esta causa se hallaba
Siempre la infeliz esposa
En tertulia deshonrosa,
Sin hacer mayor conquista
Llegó a ser protagonista
De una escena espantosa.

  El marido, finalmente,
Dicen que la asesinó,
Porque en su casa encontró
Remoliendas diariamente;
Este crímen ciertamente.
Es un ejemplo probado
Para las madres que han dado
A sus hijas libertad,
Por cuya barbaridad
El crimen fué perpetrado.

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ESPANTOSAS ESCENAS
UNA MUJER QUE SE AHORCA EN
EL BARRIO INDEPENDENCIA

  En el barrio mencionado
Acaba de suceder
Un hecho que al parecer
Al vencindario ha alarmado;
El suceso desgraciado
Que les voi a relatar,
Es un caso singular
Que una señora aburrida
Se quita por fin la vida
Ahorcada en el hogar.

  Por un disgusto que tuvo
La Jimenez se impresiona
I sin notarlo Carmona
Ella delirando anduvo
En el secreto mantuvo
Su delirio o impresion.
Soñaba que en la prision
Pronto, pues, iba caer
I esto hizo a la mujer
Tomar cruel resolucion

  En efecto, cierto dia,
Floridor, su caro esposo
Salió diciendo cariñoso
Que bien pronto volveria;
El su palabra cumplia
Pero ya una vez de vuelta
Notó que estaba la puerta
Bien trancada por adentro
I al derribarla, en el centro
Vió a su pobre esposa muerta.

  Un jemido de dolor
Lanzó el infeliz Carmona
Cuando a Rosa o su persona
Vió colgando con horror,
Los vecinos con valor
Van al sitio de la escena
Cuenta una vecina buena
Que de observar al marido,
Llorando tan abatido
Casi se murió de pena.

  De una viga de la pieza
Rosa se hallaba pendiente
I según dice la jente
Que la escena era horrorosa;
Pues, la desgraciada esposa
Estaba desfigurada,
Con su faz desencajada
Que horror causaba, prevengo,
Tal es el dato que tengo
De la infeliz ahorcada.

  Camona es carretelero
Conocido i mui honrado
I en el barrio es estimado
Como un amigo sincero,
Yo tambien enviarle quiero
En este triste momento
Mi espresion de sentimiento
I hago votos finalmente,
Porque el consuelo, realmente,
Venga a calmar su tormento.

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CARTA DEL REO DUBOIS
Al pais en jeneral

  Con el pulso tembloroso
Voi a narrar sin aliento
La amargura i el tormento
Que sufro en el calabozo.

  Siete meses prisionero
Me encuentro pues encerrado
Como un perro encadenado
En donde la muerte espero,
En vano me desespero
En vano yo jimo i lloro
Jamas encuentro reposo
I ya que me hallo cautivo
Al pueblo esta carta escribo
Con el pulso tembloroso.

  Los grillos no me han sacado
Desde que preso caí
Las cadenas sobre mí
Sin piedad se han colocado
Con esposas han estado
Mis manos sin fundamento
Así pues en mi aposento
Me han querido asesinar
Pero yo ántes de espirar
Voi a escribir sin aliento.

  Solo no puedo comer
Tan poco puedo taparme,
Nadie quiere desatarme
I sigo en mi padecer
A un hijo i a mi mujer
Que en el mundo sólo cuento
Dedico por el momento
Está carta noble i bella
Para que vean en ella
La amargura i el tormento.

  A la verdá injustamente
Se me condena a la muerte
Así lo querrá mi suerte
Pero yo muero inocente.
Ningún crimen francamente
He cometido alevoso
No soi yo un facineroso
Digno de llevar cadenas,
Mas ofrezco a Dios las penas
Que sufro en el calabozo.

  Como no soi un burgues
Ni tampoco un usurero
Llegaré al banco lijero
Sin hallar perdon talvez.
No importa, muero a mi vez
Declarando a la nacion
Que injusta fué mi prision
I que injusto muerto he sido
Dejando a un hijo querido
Quien me parte el corazon.

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GRAN CONTRAPUNTO
ENTRE
UN CANTINERO I EL ALCALDE
DE SANTIAGO

  C.—Yo, señor Alcalde vengo
A pedirle por favor
Que derogue pronto señor
Un decreto que aquí tengo.

  A.—Del cierro de su cantina
Habla el decreto mi amigo,
Si sobre eso yo le digo
Que esa clausura es indigna,

  C.—Aplaudo el buen corazón
Que usted tiene caballero
I al pueblo presentar quiero
Su buena disposicion.

  A.—Yo puedo desde tempra
Derogar ese decreto                 (no
Pero usted queda sujeto
A darme algún pasamano.

  C.—Pierda Ud. todo cuidado
Que yo pues de cualquier modo
le unto la mano hasta el codo
Con mi gremio idolatrado.

  A.—Digame ¿cuánta propina
Me dan a su parecer
Si yo le dejo vender
Sin cerrar una cantina?

  C.—Cien mil pesos le prome-
De darle en forma segura          (to
Si Ud, impide la clausura
De que habla el cruel decreto.

  A.—Cien mil pesos franca-
                                               (mente
Creo que es cosa mui poca
Porque casi nada toca
La mayoría existente.

  C.—Señor i con cuanto habria
Para poder conformar
O mejor dicho premiar
A su ilustre mayoría.

  A.—Dieciseis somos realmen
Esto es sin contar a uno             (te,
I con diez mil cada uno
La cosa marcha excelente.

  C.—Doscientos mil pesos juro
Que junto señor Ugarte
I Ud, se arregla su parte
Para que quede seguro.

  A.—Bueno amigo convenido,
Si usted me trae la plata
El decreto aquí se mata
Con la espada del olvido.

  C.—Hoi mismo pues caballero
Que quedamos arreglado
En mi gremio mencionado
Yo le reuno el dinero.

  A.—Aquí me quedo esperan-
Nuestro compromiso ruin         (do
Para que queden por fin
Libremente trabajando.

  C.—Hasta luego caballero
Yo mas tarde volveré
I un carreton le traeré
Cargado con el dinero.

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NACIMIENTO DEL ANTE-
CRISTO
En los suburbios de Roma una anciana de 100 años da a luz un niño barbado, el color de sus barbas son verdes i sus cabe- llos colorados.

  El Ante-Cristo ha nacido
En el Imperio Romano,
Según noticias que tengo
Este hijo es de un anciano.

  El mundo mui alarmado
Se encuentra precisamente
Porque en Roma últimamente
Nació un chiquitin barbado.
El chiquitin mencionado
Es un sabio distinguido
El habla con tanto ruido
Que a una legua se siente
Por lo que dice la jente
El Ante-Cristo ha nacido.

  En sus ojos sin igual
Presenta en forma de cero
Un espantoso letrero
Que dice Juicio Final.
Yo soi un ser celestial
Hijo del Dios Soberano,
Grita aquel niño inhumano
Que llega a causar horror
Diciendo seré el Señor
En el Imperio Romano.

  Sus barbas verdes a los pies
Alcanzan que da recelo
I de su cabeza el pelo
Salen llamas a su vez.
El mundo con interes
Corre a verlo les prevengo
El mismo niño sostengo
Salió hablando sin sentir
I yo cuento sin mentir
Según noticias que tengo.

  Con los dedos escribiendo
En las piedras se le ve
Cuya escritura diré
No se borra, así lo entiendo.
El siempre pasa diciendo
Venga a mí el pueblo cristiano
A confesarse temprano
Que el mundo se va a acabar
I lo que es mas singular
Este hijo es de un anciano.

  Cuando este niño nació
Su madre una tal María
Falleció en el mismo dia
I a los cielos se elevó,
Su hijo al pueblo salió
Diciendo en forma especial,
Escucha pueblo infernal
Ya el fin del mundo ha llegado
I mi padre ha decretado
Venga el juicio universal.

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La muerte de Jesús —Sus
últimas pa[l]abras.

  Jesús, en su gran tormento,
Perdonó, amados lectores,
A sus sacrificadores,
Dice el Nuevo Testamento.

  Despues de ser enclavados,
Dicen algunas versiones,
Que, a vista de las naciones,
Los reos son levantados.
Cristo, entre aquellos malvados
Perdon pide en el momento,
Para aquel pueblo sangriento
Que le tiene moribundo,
I así se apiada del mundo,
Jesús, en su gran tormento.

  Dimas a Jesus pidió
Su proteccion ese dia;
Hoi mismo en mi compañia
Estarás, le contestó.
Esta bondad demostró
Ante los espectadores,
I aun a sus burladores,
Desde que cargó la cruz,
El bondadoso Jesus
Perdonó, amados lectores.

  A Juan tambien adoptó
Por hijo ese mismo dia
De la aflijida Maria,
Que al pié de la cruz lloró;
Pronto Jesus comprendió
Que le quedaban, señores,
A salvar mas pecadores;
Por caridad i compasion
También les dió allí el perdon
A sus sacrificadores.

  Cristo, al verse abandonado
En el tormento monstruoso,
Dios mio! dijo angustioso,
¿Por qué me has desamparado?
Todo ya está consumado,
Volvió a decir sin aliento,
Luego a su padre contento
Su alma le encomendó
I así el Salvador murió,
Dice el Nuevo Testamento.

  Por fin, cuando ya espiró,
La misma historia nos cuenta,
Que una horrorosa tormenta
Sobre aquel pueblo cayó;
El mismo Sol se cubrió
De un color trasparente.
A sustada huyó la jente
Esclamando en alta voz:
Este sin duda es un Dios
El que han muerto injustamente.

JUAN BAUTISTA PERALTA,
Galvez número 826.

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La sentencia de Jesús.

  En una columna atado
Fué puesto el reo inocente;
Maltratado injustamente
Se vió su cuerpo sagrado.

  La muchedumbre furiosa
A gritos pide la cruz
Para darle al buen Jesus
La muerte mas afrentosa.
Poncio, olvidando que su esposa
Una cosa le ha encargado,
Manda que sea azotado
El reo sin condolencia,
Siendo por esta sentencia
En una columna atado.

  Jesús en este tormento
Seis mil seiscientos i tantos
Azotes, dicen los Santos,
Que recibió en un momento;
Su doloroso lamento
Llegó a oidos de la jente;
Esta, sarcásticamente
Se reía con cinismo,
Al ver que en tal salvajismo
Fué puesto el reo inocente.

  Al pueblo el juez preguntó
Si ya estaba satisfecho
Con el gran castigo hecho,
I este le dijo que nó.
La cruz! ¡la cruz!, exclamó
Todo el público indolente,
Muera el blasfemo insolente,
Dicen de un modo infernal
I el reo, en forma bestial,
Maltratado era cruelmente.

  Poncio, oyendo lo que decian
Siente miedo, aunque era fuerte,
Firma la pena de muerte
Tal como se lo pedian;
Cuando ya aquello escribian
El reo fué desatado,
I el pueblo, regocijado,
No se impresiona, por cierto,
Aunque de sangre cubierto
Se vió su cuerpo sagrado.

  Por fin, todo se arregló
Para marchar al Calvario;
Jestas, el mas sanguinario,
Fué el primero que salió;
Dimas luego le siguió,
Mostrando mil sinsabores,
Mas atras marcha ¡oh! lectores!
Cristo, el cordero inocente,
Que va a morir ciertamente
Por salvar los pecadores.

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El camino del Calvario.

  La plaza, que se encontraba
Al frente del juez romano,
El Viérnes, desde temprano,
Llena de jente se hallaba;
La muchedumbre esperaba
Ver salir los sentenciados.
Al verlos que son sacados
Cada uno con su cruz,
Se van en pos de Jesus
Burlándoles ¡los malvados!

  Los tres reos caminaron
En dirección al suplicio;
Todos con gran sacrificio
Tras ellos se encaminaron.
En su marcha presenciaron
La mas dolorosa escena;
Maria, loca de pena,
Sale a encontrar a Jesus,
Quiere quitarle la cruz
Mui triste, la madre buena.

  Cuando a Jesus se acercó
Maria, desconsolada,
Lejos de allí fué arrojada.
Cuando Juan la recibió
La madre se desmayó
Al ver a su hijo inocente
Maltratado por la jente,
Según dice el Testamento,
I el doloroso tormento
Jesus sufre injustamente.

  El Cirineo salió
I éste solo, al buen Jesus,
Le ayuda a cargar la cruz,
I así al Calvario llegó.
Todo allí se preparó
Para los ajusticiados;
Los maderos son plantados
 en un rato mas, diré,
Son, por sentencia del juez,
Los reos crucificados.

  Cuando el martillo sintió
Maria i la Magdalena,
Enloquecidas de pena
La madre en tierra cayó.
Juan de allí las retiró
Como el mas fiel compañero.
Jesús, el manso cordero,
En presencia de la jente,
Ya se encontraba pendiente
En el sangriento madero.

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Jesus en casa de Pilato

  A casa del juez romano
Jesus era presentado,
Bastante fué maltratado
Por aquel pueblo inhumano.

  Efectuada la prision
Donde Anás fué conducido
Por el pueblo enfurecido
Que le juzga sin razon.
Despues de la acusacion
Hecha en casa de ese anciano,
Se le encierra, i, mui temprano,
Ordena, el viejo malvado,
Que el reo sea llevado
A casa del juez romano.

  En casa ya de Pilatos
El pueblo pide la audiencia;
Poncio, por condescendencia,
Atiende al pueblo insensato.
Despues de un gran aparato
Hecho por el majistrado,
Dice que sea llevado
El preso a su tribunal,
I, peor que un criminal,
Jesus le fué presentado.

  Como culpa no le halló,
Al pueblo, le dice el juez,
Que el reo inocente es,
I esto a todos irritó;
A donde Herodes mandó
En seguida el majistrado
Que el preso fuera arrastrado;
Lo que hicieron me imajino,
I durante aquel camino,
Bastante fué maltratado.

  Herodes le interrogó
Cuando estuvo en su presencia;
Jesús en aquella audiencia,
Diré que no respondió.
El Tetrarca le pidió
Un milagro; pero en vano.
El Redentor Soberano
No le atiende, yo diré,
I arrastrado otra vez fué
Por aquel pueblo inhumano.

  Por fin el pueblo i Jesus
De nuevo van a Pilatos,
Allí, el público insensato,
Para aquel pide la cruz.
El juez, sin encontrar luz
De falta en el inocente,
Por tranquilizar la jente
Manda que sea azotado
El reo, aquel juez malvado,
Viendo que era injustamente.

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