El candidato presidencial.

           Ya fué el señor Balmaceda
       Proclamado presidente;
       Que sea fiel e induljente
       Toda la nacion desea.

    La convención nacional
Ordenó con preferencia,
Que herede de su excelencia
La silla presidencial;
Nadie será su rival
En caso que bien proceda,
La menor duda no queda
Que elejido i proclamado
Para primer majistrado,
Ya fué el señor Balmaceda.

    Cuando de su elevacion
Le llegó el feliz aviso,
Algunas promesas hizo
De que su administracion
Seria de paz i union
Respecto a todo creyente.
I amando al Omnipotente
Dios de infinito poder,
Que por él llegaba a ser
Proclamado presidente.

    También tiene prometido
No atacar la relijion,
I rendir adoracion
A un Dios que tan bueno ha sido
I que a Chile ha protejido
En grado tan eminente;
Cumpliendo esto exactamente
No tendrá ningun contrario;
Con el pueblo es necesario
Que sea fiel e induljente.

    La lei de municipales
Dice que reformará,
Gasto inútil no se hará
Con las arcas nacionales;
Ante los convencionales
Propuso esta noble idea,
Es justo que se le crea
Desde que a esto se somete,
Que cumpla lo que promete
Toda la nación desea.

    Al fin, dice un escritor
I esto no puede dudarse,
Que al hombre podrá engañarse
Ménos al divino Autor;
Tú que has leído, señor,
Las antiguas profecías,
Promesas i garantías
De tan primordial derecho,
Tal como las habeis hecho
Deseamos verlas cumplidas.

       Bernardino Guajardo.

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D. Benjamin Vicuña Mackenna

           La patria, cual Magdalena,
           Pierde un hijo, i por él llora
           Fué como nadie lo ignora,
           El ciudadano Mackenna.

    Una larga enfermedad
Puso a su existencia fin,
Pasando don Benjamin
Del mundo a la eternidad;
Todos en esta ciudad
Sienten con profunda pena,
Un hombre de alma tan buena
I con el pobre tan fiel.
Justo es que llore por él
La patría, cual Magdalena.

    En masa la capital
I hombres de elevados puestos,
Fueron a esperar sus restos
Aquí en la estacion central;
Qué dolor tan sin igual
Para su amada señora,
La parca devoradora
Cortó el hilo de su vida,
I nuestra patria querida
Pierde un hijo, i por él llora.

    Si el poderoso opulento
Lo ha llorado i lo ha sentido,
¿Qué será aquel desvalido
A quien le daba sustento?
Ya se acabó aquel talento
I su pluma encantadora,
Todo el clero desde ahora
Ruegue por él al Señor:
El mas insigne escritor
Fué como nadie lo ignora.

    En la Merced se le hicieron
Las honras i funerales,
Senadores, jenerales
A la misa concurrieron;
Lindos discursos se oyeron
Sobre aquella triste escena,
Toda la nación chilena
Vestirá de negro luto,
En homenaje o tributo
Del ciudadano Mackenna.

    Al fin quedó sepultado
Su cadáver en la ermita,
Que consagrada i bendita
Fué por un noble prelado;
Al rededor del finado
Iba un hijito moderno,
 Aquel muchachito tierno
Con su corazon herido.
Llevaba al padre querido
A dormir el sueño eterno.
       Bernardino Guajardo.

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Carta de Copequen.

           Josefina llegó a ser
           Esposa de un jóven digno,
           Mas ahora es Josefino
           Qué cambio ha podido haber.

    Lea esta carta don Beño
I despues de que la lea,
Puede tomar una idea
I trabajar con empeño:
Aqui le mando el diseño
De esta célebre mujer.
También le hago comprender
Que hoi de ser hombre se precia,
I casada por la iglesia
Josefina llegó a ser.

    La muchacha era un demonio
I se casó con intento,
De anular el casamiento
I fué nulo el matrimonio;
No crea que es testimonio
Lo que hablo, don Bernardino,
Juro por el Dios divino
Como cristiano de fé,
Asegurando que fué
Esposa de un jóven digno.

    El dia que tomó estado
Iba como hermosa dama,
Pero hoi dia tiene fama
De hombre, i mal intencionado,
I está para ser casado
Mire usted qué desatino,
Sobre asunto tan indigno
Bien informado lo dejo,
I como mudó de sexo,
Mas ahora es Josefino.

    Le digo la verdad pura
Que esta vibora o serpiente
Lleva de continuamente
Su cuchillo a la cintura;
Es de mui buena figura
I de estraño proceder,
Todo le doi a saber
I por mi carta dirá,
De pocos años acá
Qué cambio ha podido haber.

    Por último con una hija
De la que fué su madrina,
Hoi casarse determina
Esta astuta sabandija
No tiene quien la dirija
En un asunto tan grave.
La menor duda no cabe
Por opinion de hombres libres;
Que es mujer de dos calibres
Es todo lo que se sabe.
       Uno de Copequen.

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La rica mina de lo Vargas

           Mucho se habla de esa mina
           Que a lo Vargas pertenece,
           Ser ponderada merece
           Porque es pura plata fina.

    El primer descubridor
No ha podido hacer fortuna,
Ni enriquecerse con una
Riqueza tan superior;
Puede ser que algún señor
Lo haga salir de su ruina,
En Chañarcillo i Freirina
Entre los ricos mineros
I honorables caballeros
Mucho se habla de esa mina.

    Un estranjero operario
Según dicen aleman,
Trabajó con grande afan
I asi se hizo millonario:
El obrero buen salario
Gana i de nada carece.
Sale cuando se le ofrece
I viene a la capital.
Elojiando el mineral
Que a lo Vargas pertenece.

    La veta asi como vá
Dicen los trabajadores
I algunos observadores
Que nunca se broceará,
Produciendo seguirá
Si algún presajio no hubiese
Como en cerros acontece
La vez que ménos se piensa,
Mas esta riqueza inmensa
Ser ponderada merece,

    Todo aquello está poblado
I hai bastante poblacion,
No le falta ocupacion
Al trabajador honrado;
Si yo estoi mal informado
O lo que digo es pamplina,
Pregunten en la oficina
I tendrán noticia cierta,
Que esa mina descubierta
Es de pura plata fina.

    Al fin, quién imajinara
O pensaria ni en sueño.
Que en un cerro tan pequeño
Tal riqueza se ocultara:
Creo que la cosa es clara
I que otros pongan trabajo,
Como quien dice a destajo,
Hasta dar con una guía,
I el ménos pensado dia
Echarán el cerro abajo.
       BERNARDINO GUAJARDO.

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Mas detalles

           Despues del drama sangriento
           Pidió el hechor desgraciado,
           Una copa de champaña
           I dijo ya estoi vengado.

    Esta noticia primero
Publicó el Ferrocarril;
Sea o nó verosimil
A mi no me importa un cero,
Si a la Epoca me rofiero
De allí salió un suplemento,
Poniendo en conocimiento
El oríjen de esta escena,
Que ha causado tanta pena
Despues del drama sangriento.

    Se dice que el asesino
Llevaba unos dos puñales,
Con estas armas fatales
Dió la muerte a su sobrino;
Es decir tal desatino
Ha sido premeditado,
I habiéndolo ejecutado
Que líquido se le diera
Pidió el hechor desgraciado.

    He visto en algunos diarios
Publicar este hecho horrendo,
I siendo así no comprendo
Por qué tantos comentarios:
Se hacen de los victimarios
I no será cosa estraña.
Al ver el rencor i saña
Con que aquel hombre cobarde,
Pidió como haciendo alarde
Una copa de champaña.

    Veinticinco puñaladas
El Ferrocarril decía,
Que le pegó a sangre fria
I Fueron examinadas:
La Epoca en tales jornadas
A treinta i una ha llegado,
El muerto estaba bañado
En su sangre, iel hechor,
Tomó un trago de licor
I dijo ya estoi vengado.

    Al fin, dicen que en la Palma
Otro estaba impacientado.
Con la mas tranqnila calma:
Tal suceso Dios de la alma
I en el hotel mas central.
Todos en la capital
Piden como aqui lo espreso,
Que de la justicia el peso
Caiga sebre el criminal.
       BERNARDINO GUAJARDO.

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El crìmen De Meo

           Un vengativo italiano
           Peor que una fiera tal vez,
           Mató en el Hotel Ingles.
           A un sobrino o primo hermano.

    Fué al hotel i preguntó
Donde está tal caballero,
I un mozo pronto i lijero
El número le indicó;
Cuando a la pieza entró
Tomó su daga en la mano,
I principió el cruel tirano
A inferirle tanta herida,
I asi acabó aquella vida
Un vengativo italiano.

    Cada golpe que le daba
Iba con su reprension,
I lleno de indignacion
Las puñaladas contaba;
Uno que esto presenciaba
Según ha dicho despues,
Cubierto de palidez
Temia el mismo destino,
Porque estaba el asesino
Peor que una fiera tal vez.

    La daga se le quebró
Estando vivo el contrario,
Luego el hombre sanguinario
Otra mas firme sacó:

Con ella lo concluyó
Como ya sabido es,
El criminal ante el juez
Fué llevado prontamente
Un pariente a otro pariente
Mató en el Hotel ingles.

    El cajero del hotel
Supo esto, i se fué a la pieza,
I vió al hechor con fiereza
Todavia sobre aquel;
Exánime ya por él
Pero el verdugo inhumano,
Cual Neron e Dioclesiano
Se complació al verlo inerte,
A un sobrino o primo hermano.

    Al fin, Estéban De Meo,
Asesinó a don Emilio,
Este murió sin auxilio
I el matador está reo:
Tal hecho por lo que veo
Ha sido cobardemente,
Detalle mas evidente
La prensa seguirá dando,
I yo quedaré deseando
Piedad para el delincuente.
       BERNARDINO GUAJARDO.
Impreso por P. Ramirez..—Echáurren, 6.

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EL MINERO

           Hombres de artes i de oficios,
       No hai quien le iguale al minero;
       Es a todos superior,
       I es el primer tesorero.

    En la solitaria sierra
Oculto se halla el tesoro:
La plata, el cobre i el oro,
Que enriquecen a la tierra.
El minero, a viva guerra
I a costa de sacrificios,
Descubre con artificios
Lo que tan oculto está.
Diganme si no es verdá,
Hombres de artes i de oficios.
    A muchos un temporal
Suele pillar en la mina;
Siempre sucede tal ruina
En un rico mineral,
I en donde tánto mortal
Muere por ganar dinero;
Trabaja de Enero a Enero
sArriesgando su pellejo.
I solo por este riejo
 iguale al minero.
    Con su barreta apurado
Trabaja con fantasía,
I pasa dia por dia
En la tierra sepultado.
Lo que en un año ha ganado
A costa de su sudor,
Con la vanidad mayor
Viene en una hora a perder.
Porque para remoler
Es a todos superior.
    En la serrania pasan
Sin temer al leon terrible;
Para ellos no hai imposible,
Pues los riscos despedazan;
Las nevadas los atrasan
Cuando el invierno es severo.
El apir, el pirquinero;
Jamas hace su fortuna;
Pero sin duda ninguna
Es el primer tesorero.

    Al fin, estos operarios.
Que de año en año trabajan,
En la temporada bajan
A recibir sus salarios:
Hacen a otros millonarios.
I ellos, los descubridores.
Después de tántos rigores.
Por no aprovechar el bien,
Continuamente se ven
En los apuros mayores.
       Bernardino Guajardo.
Impreso por P. Ramirez.— Echáurren, 6.

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ROGATIVAS

           San Isidro, labrador
       Mándanos un aguacero.
       El santo dirá: — No quiero;
       Está irritado el Señor.

    El pueblo i sus relijiones
Se encuentran en rogativas,
Clamando por aguas vivas
Con sus ju[s]tas direcciones.
En estas aclamaciones,
Todos con sumo fervor
Rueguen al Supremo Autor
Que nos libre de una plaga,
I que este milagro lo haga
San Isidro, labrador.
    Si sigue la sequedad
I un aguacero no cae,
Será epidemia que trae
Espantosa mortandad.
Después, la necesidad
Azotará al reino entero;
La peste viene primero,
I para no sufrir tánto,
Tú, gloriosisimo santo,
Mándanos un aguacero.
    Los incrédulos no creen
En los rezos ni oraciones.
¿Por qué, infelices masones,
No piden a Dios tambien,
Para que nos haga el bien
I nó el castigo severo?
Vos, labrador medianero,
Clámale a su majestad;
I por tánta iniquidad
El santo dirá:— No quiero.
    A la patrona jurada
Del ejército chileno
Pidamos que a este terreno
Mande la lluvia deseada.
Madre la mas adorada
Del divino Redentor,
No hai reservado favor
Que con su hijo no consiga,
I es de temer que nos diga:
Está irritado el Señor.
    Al fin, todo fiel cristiano,
Postrado ante el crucifijo,
Ruegue a Maria i a su hijo
Nos bendiga por su mano.
Piedad, padre soberano
De suprema potestad!
Perdon de nuestra maldad
Humildemente pedimos;
I si esto no conseguimos,
Que se haga su voluntad
       BERNARDINO GUAJARDO.

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La fabula de Juana María Santander.

           Fábula mui bien compuesta
       Es la de Juana María;
       Ningún escritor podria
       Hacerla tal como el poeta.

    Primero nombra el lugar
I la familia de aquel
Que mui cerca de lllapel
Vino a servir de ejemplar.
Hizo a muchos bartular
La noticia tan funesta;
El entendido protesta,
I dice que este suceso
Es para engañar a un leso
Fábula mui bien compuesta.
    Nombra la muchacha bella
I el galan que la sedujo
Valiéndose del influjo
De los mismos padres de ella;
I despues sigue la huella
De la atroz carnicería
Que hizo en aquel mismo día,
Sin tenerles caridad.
Historia de falsedad
Es la de Juana María.
    Dos niñitos, mujer i hombre,
Furiosa los asesina
Para completar la ruina
I que solo quede el nombre.
Quién habrá que no se asombre
Al ver tánta villanía?
El autor, en poesía,
Asegura i áun apuesta
Que urdir mentira como esta
Ningún escritor podría.
    Al despertar a su amante,
Lleva una daga en la mano,
I le dice: «Aquí, tirano,
Morirás en el instante.
Con este acero cortante
La muerte se te decreta.»
I como es nulidad neta,
Bien se ve a la simple vista
Que no podrá un novelista
Hacerla tal como el poeta.
    Al fin, cuando concluyó
De matar tanto inocente,
Subió la cruel indolente
En un árbol, i se ahorcó.
Jamas hemos visto, nó,
Hechos tan estraordinarios.
A los que hacen comentarios
Advierto con claridad
Que como esto no es verdad
No lo publican los diarios.

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Estatua de Arturo Prat.

           Hé aquí al gran personaje
       De nuestra patria querida,
       Que rindió su cara vida
       A impulso de su coraje.

    Aquí está representado
El marino mas valiente.
Que puso su pecho al frente
Cumpliendo un deber sagrado.
Todo el patriótico estado
Venga a rendirle homenaje,
Al que se fué al abordaje
De un monitor poderoso,
I a una voz digan con gozo:
Hé aqui al gran personaje.

    Iustrada juventud
Al pié de este monumento.
Rindámosle acatamiento
De amor i de gratitud.
Honrando la rectitud
De aquella alma esclarecida.
Que para no ser rendida.
Se hubo de sacrificar
En las aras del altar
De nuestra patria querida.

    Invito a los intendentes
De provincias i ciudades.
Las municipalidades
I hombres los mas influyentes,
Oradores elocuentes.
A todos se les convida.
Ved la estatua va concluida
Con tan acertado tino:
Este es el bravo marino
Que rindió su cara vida.

    Los bomberos por igual
Batan aqui su estandarte
Desde que han tenido parte
En un triunfo nacional.
I si a este acto festival
No vienen, será un ultraje.
De alto i de bajo linaje,
Uno por uno desfile,
Saludando al que honró a Chile
A impulso de su coraje.

    Al fin, para mayor gloria.
Que ocupe es interesante
Una pájina brillante
En nuestra preciosa historia.
Será una eterna memoria
Para la nacion chilena.
Yo por disipar la pena.
Ver dos monumentos quiero:
Arturo Prat, el primero.
I despues el de Mackenna
       BERNARDINO GUAJARDO.

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