CARTA DE PÉSAME
A LA INCONSOLABLE MADRE DEL AJUSTI-
CIADO REO JOSE A. 2º ACUÑA

    ¡La mas cruelmente abatida
De tas madres eres vos!
Que el cielo enjugue tu llanto,
Tu desdicha tan atroz!

    Señorita: aunque hasta ahora
La honra yo no he tenido
De conocerla, he querido,
No ohstante eso, señora,
Escribirte ésta en la hora
Mas adversa de tu vida.
La idea fué concebida
Para ver si en algo calma
Las amarguras de tu alma
La mas cruelmente abatida!

    I ojalá permita el cielo
Que ella pueda mitigar
Tu mortifero pesar
De tu riguroso duelo,
De tu mortal desconsuelo
Que te persiguen en pos.
¡Llévalo en amor de Dios
Si entre todas las chilenas
La que hoi padece mas penas
De las madres, eres vos!

    ¡Que el dolor desapiadado,
Desde hoi tanto no taladre
El corazón de la madre
De un hijo desventurado!
Que harto ya lo han lacerado
El cruel sufrir i el quebranto;
I si ya has llorado tanto
Por el crimen de Chillan,
Desde hoi mis votos serán
Que el cielo enjugue tu llanto.

    Si tu hijo i tu noble esposo
Ya de este mundo han salido;
Tu lamento dolorido
Que cese un tanto es forzoso.
I al Dios Todopoderoso
Clámale con tierna voz
Que indulte al hijo feroz
Que a su padre le dió muerte;
I cesará, de esta suerte,
Tu desdicha tan atroz.

    I desde ahora a tus hijos
Conságrate, noble viuda;
Que el Señor vendrá en tu ayuda
Si con cuidados prolijos
Les das reglamentos fijos….
Que esos tiernos corazones
No crezcan mui regalones;
Repréndelos a lo lejos.
I al darte aquí estos consejos
Yo te pido mil perdones.

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CARTA DEL REO ACUÑA
AL PUBLICO DE CHILLAN

    Queridos conciudadanos
De este mi pueblo querido:
El mas feroz parricida
Mañana habró sucumbido.

    Chillanejos: ¡por favor
Yo les ruego i les suplico
Que ésta que aquí les dedico,
Lleno de angustia i dolor,
No la lean con rencor
Cuando llegue a vuestras manos,
Ya que esfuerzos sobrehumanos
Hago aquí para esplicar
Lo que voi a publicar,
Queridos conciudadanos.

    Quiero, pues, primeramente
Que todos, en jeneral,
Sepan que este criminal,
Tan aleve delincuente,
No morirá impenitente
Del crimen que ha cometido
Reconozco bien que he sido,
Por mi crimen tan odioso,
¡El jóven mas alevoso
De este mi pueblo querido!

    Por una ruin ceguedad
Que ahora bien la comprendo
Hice el hecho mas horrendo
Que ha visto esta sociedad
Llevé mi ferocidad,
Por el licor sujerida,
Hasta quitarle la vida
Al hombre que me dió el ser;
Crimen que me vino a hacer
El mas feroz parricida!

    I hoi que Dios me está mirando
Él ve el arrepentimiento
Que en el alma esperimento
En este momento i, cuando
Tan solo estoi aguardañdo
El castigo merecido
Que en mi sentencia he oido;
Cuando ya el banco esté alzado
En el que este desgraciado
Mañana habrá sucumbido!

    I al terminar ésta, espero,
Con una intención mui sana,
Que a verme morir mañana
Ocurra aquí el pueblo entero.
Es un bien que considero
Cuya razón capital
Es que en este criminal
Tome ejemplo esa partida
De sociedad corrompida
Que hai en mi tierra natal.

Jo[s]é A. 2º Acuña.

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UNA ENTREVISTA DEL REO ACUÑA
CON SU ATRIBULADA MADRE I DOS HERMANAS SUYAS, EN SU
TRISTE CALABOZO

Doña Clorinda Sepúlveda, v., de Acuña i madre del infeliz reo José A. 2º Acuña, cuanto supo que el Consejo de Estado le habia denegado el indulto a su desgraciado hijo, se resolvió a hacerle, con dos de sus acongojadas hijas, la mortificante última visita de despedida.
I aquí, perdónenme mis lectores, que les narre en verso (porque la manía de hacerlo todo en poesía ha invadido todo mi ser), la conversación en prosa que tuvo lugar entre ellos el 21 del pasado mes, en una triste celda de la penitenciaria de Chillan

    La madre con sus dos hijas
Llegan ante el triste mozo
Que en su estrecho calabozo
Tiene sus pupilas fijas

    En un bello libro santo
Que está levendo contrito…
I al verse ¡las tres un grito
Lanzan! i rompen en llanto!

    Despues de mucho llorar
Dijole a la madre el hijo:
—”Querida madre: de fijo
Me tienen que fusilar!”—

    Ella, con voz lastimera
Le contestó: “¡Ya lo sé!
I yo tambien moriré
Cuando mi hijo amado muera!

    Sé que no he de resistir
De mi suplicio el rigor,
Pues que el dardo del dolor
Mi corazón va a partir!!”

                  El hijo

“¡Madre: No mueras por mí;
Vive a esfuerzos sobrehumanos
Para mis tiernos hermanos
Que necesitan de tí!

    Para ellos madre mia,
Vive para que los guies
Por el bien, i no los cries
En estrema regalía.

    ¡Que ya ves lo que resulta
De criar un hijo mimado!”
I al decir esto, abismado
Se queda i su rostro oculta

    Entre sus manos crispadas;
I presa del mas agudo
Dolor, hablar mas no pudo…
Sus hermanas, desmayadas

    Están cuasi de dolor;
Mas, la madre ya no llora:
¡El dolor que le devora
Llegó a su grado mayor!

    Por convulsiones estrañas
La mártir es agredida
Que de pié, mira aterrida
Al hijo de sus entrañas.

………………………………

    Esta escena por demas
Desgarradora, finó
De este modo: ¡Nadie habló
Ahí una palabra mas!!

    La angustia mas matadora,
El fiero dolor zañudo
Embargarles la voz pudo
Allí por un cuarto de hora!

    Del reo se despidieron
Las dolientes; i, a la vez
Un mudo abrazo las tres
Por último adios le dieron.

    Pero la madre angustiada,
Mártir de su santo amor,
Al dejar a su hijo ¡horror!
Cayó al suelo desmayada!

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EL HORROROSO CRÍMEN
DE PARRICIDIO EN CHILLAN

    Lectores: El gran suceso
Que está a la órden del dia
Hoi en todo Chile entero:
La muerte del parricida
Que en Chillan mató a su padre,
Cuya espantosa noticia
Tanto ha conmovido a Chile
I hasta a la misma Arjentina,
Aunque ya fué publicado
De nuevó va aquí en seguida
Para que tengan a bien
De pasar por él la vista

    En el dia tres del mes
De (Octubre) ¡fecha maldita!
De San Cárlos a Chillan,
En el tren de medio dia
Llegó un jóven chillanejo,
I se dirije en seguida
A casa de don Ernesto
Paulsen; i ahí unas copitas
Bebió de cerveza o ponche,
De oporto, jerez o chicha.

    Ya estando un tanto alumbrado
Nuevamente se encamina
Para una casa de ajencia
I allí un reloj deposita,
Con cuya plata un revólver
Compra; lo carga i de prisa
Se va a su casa, i allí
A una de sus hermanitas
Le manda llame a su padre
I le anuncie su visita
I don José Antonio Acuña
La desventurada víctima
Cómo iria a imajinarse
Por un momento las miras
O intenciones de su hijo
Que a su casa le traian!

    Cuando el anciano señor
Supo por su amada hijita
Que el hijo ingrato llegaba
Al seno de la familia,
Henchido el pecho de gozo
A verlo se precipita.

    Al ver el hijo a su padre
Lo amonesta que le siga
Para la calle, “porque
Hablarle a solas queria
Para pedirle perdon
Por la conducta atrevida
Que tuvo de presentarse
En su contra, a la justicia
Porque dejarlo casarse
Con una excetente niña
Mui honrada  i mui honesta
Su cruel  padre no queria.”

    Ya en la calle ¡oh, Dios bendito!
Aquel mozo ébrio de ira
¡Con tres tiros del revólver
Al que es su padre asesina!
Los dos primeros balazos
Le abren dos grandes heridas:
El primero al corazon
I el segundo en la barriga
Por cuyas heridas cae
Muerto al instante en la misma
Vereda, cerca a su casa,
Ante la alarma inaudita
De los que han visto caer
A la desgraciada victima
………………………………
El hijo-hechor cuando vió
Muerto al autor de sus dias
Por sus propias manos, corre,
Corre veloz calle arriba
Gritando con voz vibrante:

—”¡Al hechor! ¡Al homicida
Que ha muerto a mi padre!” Pero
Cuando seis cuadras había
Corrido ya, es detenido
Por el capitan de linea
Señor don Joaquin Contreras,
I al cuartel de policía
Lleva al hijo sanguinario
Que a su anciano padre ultima!
                  ———
    Del cuartel al reo llevan
A donde cometió el hecho,
Pero de la calle ya
Habian llevado al muerto
Para su casa; i allí
Tambien conducen al reo.
El juez del crímen tambien
Con otros varios sujetos
Llegan ahí a presenciar
El alevoso suceso,
I entre estos sujetos iba
El cumplido caballero
Señor Aníbal Zañartu
El jefe del ministerio,
El que, con mucha emoción
Le pregunta al jóven reo:
—¿Conoces este cadáver?…
I Acuña contestó: —”Pero
¡Cómo no he de conocer
A mi padre, que lo ha muerto
Ese asesino que yo
Denantes iba siguiendo!”—
El juez i el señor ministro
Una mirada se dieron
De asombro, al ver el cinismo
Con que les contesta el preso.
El señor ministro vuelve
A interrogarlo de nuevo
Con estas sérias palabras:
—¿No te arrepientes de haberlo
Muerto por tus propias manos?
¿Miras con calma o desprecio
Este horrible asesinato
Que a la luz del dia has hecho?
Si diez testigos han visto
Que a balazos habeis muerto
A tu pobre padre que,
Desvalido e indefenso,
Ha caido ante el furor
De tus instintos violentos.
¿De qué te sirve negar
Tu crimen, jóven perverso?
—¿No se te acongoja el alma,
Jóven corazón de hierro,
Ver al que te ha dado el ser,
En charcos de sangre envuelto?
¿Qué ceguedad, qué desvio,
Qué rencor tan estupendo,
Qué delirio, qué ambición;
Qué maléficos ensueños
Te han impulsado, infeliz
A cometer tan tremendo
Crímen en tu propio padre
Que aunque estás viendo su cuerpo
Destrozado por tu mano
Dices que tu no lo has muerto?”
    Ante frases tan concisas
Del jefe del ministerio,
Ya José Antonio Segundo
No pudo negar el hecho,
I lo confesó con frases
De disculpas i pretestos
Para atenuar en un algo
El alevoso suceso.

    Espuso que “su papá
Fué el que acometió primero
Con un mui agudo estoque
Del baston; i, que esto viendo
El, para no ser herido
Por su padre, buscó presto
Con que defenderse, i pudo,

Obligado, en tal estremo,
Con su revólver dar muerte
Sin premeditado intento
Al autor de su existencia
Que ha muerto en tan triste duelo.”
I diciendo esto el hechor
Rompió en llanto lastimero
Al ver a su infeliz madre
Que la vienen conduciendo
Cuasi desmayada a donde
Su marido yace yerto…
    I no seré yo quien pueda,
Lectores, dar un bosquejo
Siquiera aproximativo
Aquí, del cruel sentimiento
Que se dibuja en el rostro
De aquella esposa del muerto
I madre del victimario.
¿Habrá sentir mas intenso,
Pena mas mortificante,
Dolor mas agudo i récio
I angustia mas matadora
Que, cual afilado acero
Traspasan el corazón
En el trance mas supremo
De la esposa i madre, que
A un tiempo llora dos duelos?

    Por eso he dicho que yo
No daré aquí ni un reflejo
Del terrible i cruel dolor
Que hiere el corazón tierno
De la atribulada esposa
Que llora al esposo, muerto
Por el hijo que ella misma
Nueve meses crío en su seno!

    ¡Esposa desventurada!
Madre infeliz, compadezco
Yo como el que mas tu pena,
Tu suplicio tan horrendo!
Que Dios con su gran poder
Mitigue tu desconsuelo,
I a tu caro i noble esposo
Lo tenga en su santo reino
Son los votos del humilde
Autor de estos tristes versos
Que da a la publicidad
Para ejemplo i escarmiento.

    Lectores: El gran suceso
Que está a la órden del dia
Hoi en todo Chile entero:
La muerte del parricida
Que en Chillan mató a su padre,
Cuya espantosa noticia
Tanto ha conmovido a Chile
I hasta a la misma Arjentina,
Aunque ya fué publicado
De nuevó va aquí en seguida
Para que tengan a bien
De pasar por él la vista

    En el dia tres del mes
De (Octubre) ¡fecha maldita!
De San Cárlos a Chillan,
En el tren de medio dia
Llegó un jóven chillanejo,
I se dirije en seguida
A casa de don Ernesto
Paulsen; i ahí unas copitas
Bebió de cerveza o ponche,
De oporto, jerez o chicha.

    Ya estando un tanto alumbrado
Nuevamente se encamina
Para una casa de ajencia
I allí un reloj deposita,
Con cuya plata un revólver
Compra; lo carga i de prisa
Se va a su casa, i allí
A una de sus hermanitas
Le manda llame a su padre
I le anuncie su visita
I don José Antonio Acuña
La desventurada víctima
Cómo iria a imajinarse
Por un momento las miras
O intenciones de su hijo
Que a su casa le traian!

    Cuando el anciano señor
Supo por su amada hijita
Que el hijo ingrato llegaba
Al seno de la familia,
Henchido el pecho de gozo
A verlo se precipita.

    Al ver el hijo a su padre
Lo amonesta que le siga
Para la calle, “porque
Hablarle a solas queria
Para pedirle perdon
Por la conducta atrevida
Que tuvo de presentarse
En su contra, a la justicia
Porque dejarlo casarse
Con una excetente niña
Mui honrada  i mui honesta
Su cruel  padre no queria.”

    Ya en la calle ¡oh, Dios bendito!
Aquel mozo ébrio de ira
¡Con tres tiros del revólver
Al que es su padre asesina!
Los dos primeros balazos
Le abren dos grandes heridas:
El primero al corazon
I el segundo en la barriga
Por cuyas heridas cae
Muerto al instante en la misma
Vereda, cerca a su casa,
Ante la alarma inaudita
De los que han visto caer
A la desgraciada victima
………………………………
El hijo-hechor cuando vió
Muerto al autor de sus dias
Por sus propias manos, corre,
Corre veloz calle arriba
Gritando con voz vibrante:

—”¡Al hechor! ¡Al homicida
Que ha muerto a mi padre!” Pero
Cuando seis cuadras había
Corrido ya, es detenido
Por el capitan de linea
Señor don Joaquin Contreras,
I al cuartel de policía
Lleva al hijo sanguinario
Que a su anciano padre ultima!
                  ———
    Del cuartel al reo llevan
A donde cometió el hecho,
Pero de la calle ya
Habian llevado al muerto
Para su casa; i allí
Tambien conducen al reo.
El juez del crímen tambien
Con otros varios sujetos
Llegan ahí a presenciar
El alevoso suceso,
I entre estos sujetos iba
El cumplido caballero
Señor Aníbal Zañartu
El jefe del ministerio,
El que, con mucha emoción
Le pregunta al jóven reo:
—¿Conoces este cadáver?…
I Acuña contestó: —”Pero
¡Cómo no he de conocer
A mi padre, que lo ha muerto
Ese asesino que yo
Denantes iba siguiendo!”—
El juez i el señor ministro
Una mirada se dieron
De asombro, al ver el cinismo
Con que les contesta el preso.
El señor ministro vuelve
A interrogarlo de nuevo
Con estas sérias palabras:
—¿No te arrepientes de haberlo
Muerto por tus propias manos?
¿Miras con calma o desprecio
Este horrible asesinato
Que a la luz del dia has hecho?
Si diez testigos han visto
Que a balazos habeis muerto
A tu pobre padre que,
Desvalido e indefenso,
Ha caido ante el furor
De tus instintos violentos.
¿De qué te sirve negar
Tu crimen, jóven perverso?
—¿No se te acongoja el alma,
Jóven corazón de hierro,
Ver al que te ha dado el ser,
En charcos de sangre envuelto?
¿Qué ceguedad, qué desvio,
Qué rencor tan estupendo,
Qué delirio, qué ambición;
Qué maléficos ensueños
Te han impulsado, infeliz
A cometer tan tremendo
Crímen en tu propio padre
Que aunque estás viendo su cuerpo
Destrozado por tu mano
Dices que tu no lo has muerto?”
    Ante frases tan concisas
Del jefe del ministerio,
Ya José Antonio Segundo
No pudo negar el hecho,
I lo confesó con frases
De disculpas i pretestos
Para atenuar en un algo
El alevoso suceso.

    Espuso que “su papá
Fué el que acometió primero
Con un mui agudo estoque
Del baston; i, que esto viendo
El, para no ser herido
Por su padre, buscó presto
Con que defenderse, i pudo,

Obligado, en tal estremo,
Con su revólver dar muerte
Sin premeditado intento
Al autor de su existencia
Que ha muerto en tan triste duelo.”
I diciendo esto el hechor
Rompió en llanto lastimero
Al ver a su infeliz madre
Que la vienen conduciendo
Cuasi desmayada a donde
Su marido yace yerto…
    I no seré yo quien pueda,
Lectores, dar un bosquejo
Siquiera aproximativo
Aquí, del cruel sentimiento
Que se dibuja en el rostro
De aquella esposa del muerto
I madre del victimario.
¿Habrá sentir mas intenso,
Pena mas mortificante,
Dolor mas agudo i récio
I angustia mas matadora
Que, cual afilado acero
Traspasan el corazón
En el trance mas supremo
De la esposa i madre, que
A un tiempo llora dos duelos?

    Por eso he dicho que yo
No daré aquí ni un reflejo
Del terrible i cruel dolor
Que hiere el corazón tierno
De la atribulada esposa
Que llora al esposo, muerto
Por el hijo que ella misma
Nueve meses crío en su seno!

    ¡Esposa desventurada!
Madre infeliz, compadezco
Yo como el que mas tu pena,
Tu suplicio tan horrendo!
Que Dios con su gran poder
Mitigue tu desconsuelo,
I a tu caro i noble esposo
Lo tenga en su santo reino
Son los votos del humilde
Autor de estos tristes versos
Que da a la publicidad
Para ejemplo i escarmiento.

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La Mujer del Mar o Sirena.

    ¡Amadisimos lectores
De esta mi querida Patria,
Que siempre han tenido a bien,
Cuando os brindo mis versainas,
De leerlas i esclamar
Con benévola confianza:
Este escritor es el único
Que en Chile no escribe farsas;
Si en decir la verdad pura
No hai quien te pegue palmada!»
¡Ciertito, nobles lectores!
Permitiria me ahorcaran
O quemarme en las hogueras
De Loyola i Torquemada,
Antes que mentir un punto
En mis verdades tan altas.
    Dicho esto, sigo adelante,
Para en mui breves palabras
Narrarles aquí un suceso
De aquellos que no se narran
Tan así no más…… ¿qué digo?
Un suceso que se palpa
Primera vez en el mundo,
Pues nunca otro de su laya
Se habia visto hasta ahora
Ni en crónicas anticuadas.
    Voi al hecho. En este puerto,
Ciudad de renombre i fama
En todo i por todo, i que,
En novedades i alarmas
De gran bulto, es la que siempre
Más las impulsa i propaga;
En este puerto, repito,
En la semana pasada
Comenzó a correr la bola
De que una noche, a la playa,
Vieron salir (hácia el Sur
De la caleta de Abarca)
¡Una preciosa mujer
De entre las bravias aguas
Del mar; i que en una peña
Estuvo un rato sentada……!
    Yo, al oir por vez primera
Esta nueva tan estraña,
Esclamé: «iSi esto no es cierto.
……La mentira es mui grandaza!»
Pero la bola cundia
Con desproporciones bárbaras
Que, hasta los diarios, tambien
La propagan entusiastas,
Por lo que este grave asunto
Ya no me pareció chanza;
I, picado, en grado estremo
De curiosidad, me asalta
El deseo irresistible
De ir yo tambien en demanda
De la tal mujer marina.
I antenoche, sola mi alma,
Llegué al misterioso sitio
    Me oculté tras de una peña,
I con la vista imantada
Hácia el mar, quedé en acecho
I…… aguardé dos horas largas…
Cuando ya el helado cierzo
Me iba conjelando el alma,
Por lo que iba a retirarme,
Creo ver salir del agua
¡Oh, conmoción inaudita!
Algo como forma humana.
Quiero huir, pero no puedo,
Ante esa forma que avanza
Hácia mí, i en un segundo
Sobre la peña se instala……
    Después del aturdimiento
Que esa aparición me causa,
Púseme a mirarla atento,
Pero no he visto una cara
De mujer, mas linda i bella:
Mas, tal belleza contrasta
Con la mitad de su cuerpo
Que de pescado es formada!
    Saciado ya de observar
Aquella mujer tan rara,
Con valor me decidí
A interrogar a tal dama;
I le dije:—«Señorita,
¿Puedo, sin incomodarla,
I sin ser un importuno
Dirijirle la palabra?»—
                                   ————
    Con tal interrogación
Yo esperaba una sorpresa,
Pero no fué así; la dama
O la preciosa Sirena,
Con voz pausada i tranquila,
Al instante me contesta:
—«¡Nó; por nada, buen chileno,
Que me incomodes te creas,
I hablarme de lo que gustes
Puedes con toda franqueza!»
—«¡Gracias! En primer lugar
Deseara que me dijera
De qué mares viene usted
A estas playas chilenas»
—«Vengo del oceáno Indico
A dar del mundo una vuelta.
Arribé a Valparaiso
Porque tenia entereza
De ver el gran monumento
I la estátua jigantesca
Del coloso de los mares,
De Prat, el jénio de la guerra»
—«iSeñora! usted tiene afecto
Por la marina chilena!»
—«Sí, por cierto, si ella es
La mas valiente que reina.
I no solo a la Marina
La estimo i amo de veras,
Que tambien aprecio mucho
A toda tu amada tierra,
Porque es tierra de valientes,
De hombres de nobles ideas,
De hombres hijos del trabajo
Mas rudo que darse pueda.»
—«Señorita, todo eso
Lo sabe usté a ciencia cierta!
¿Cómo lo sabe? ¡Me ofusco!…»
—«Tienes razón; pero observa:
No te es dado a tí, chileno,
Poder penetrar mi ciencia;
Bástete saber que soi,
Nó por mis formas esternas,
Un ajente poderoso
De la gran Naturaleza.»—
    Diciendo esto, hizo una pausa
La misteriosa Sirena,
En la cual la pregunté
Con timidez i reserva:
—«Siendo así, ¿tendria usted,
Señora, la complacencia
De decirme si vendrán
Para esta mi amada tierra
Dias de prosperidad
Como en anteriores épocas?
Porque usted vé que al presente
Su situación no es mui buena»
—«Sí, chileno, mui felices
Dias vendran para esta
Tu patría, que hoi está urjida
Por mil plagas i gabelas.
Peró esos prósperos dias
No vendrán miéntras no tenga
Esta nación tan viril
Una reforma completa
En las leyes pilatunas
Que la hostilizan i vejan,
I que la gran mayoría
De los chilenos comprendan,
Para su gloria i su dicha,
De que «la unión es la fuerza»,
Puesto que, sin ella, no hai
República verdadera.»
—«I para que esa reforma
I esa unión tan lisonjeras
S Sean una realidad
¿Falta mucho?»
    —«Ya están cerca»
—«Señorita, ¿qué decis?»
—«Me admiro que te sorprendas
Por lo que oyes ¿qué no has visto
Ya en la capital i en ésta
I en muchas otras ciudades,
A sociedades obreras
Reunirse entusiasmadas
En grandiosas asambleas
I formar el gran partido
De la Democracia neta?
Ese partido jigante
Va a ponerle la paleta
En su lugar a la espúría
Aristocracia chilena
De diezinueve familias
Que impera i reina en tu tierra;
I esa cruel aristocracia,
Que tánto al pueblo desprecia,
I que es de ese mismo pueblo
La mas tirana usurera,
Tendrá que cederle el puesto,
«Por ta razón o a la fuerza,
A la Democracia viva
Que ya sus huestes apresta.»—
    Estas últimas palabras
La demócrata Sirena
Las pronunció con tal brio,
Que parecia que ella,
Más que nadie, interesada
Estaba en esta matería.
Después de un corto silencio
Prosiguió: —«En las venideras
Elecciones vas a ver
Cuántos miembros representan
Al Partido Democrático1
En las Cámaras chilenas.»—
Aquí la curiosidad
Me rebosó; i con voz tierna
La interrogué:—« I ¿serán quiénes
Los elejidos en esas
Votaciones?» I repuso,
Con voz dulce i placentera:
—«Poupin i Serei serán
Senadores… ¿te contentas?
Diputados: Malaquías,
Contardo, Pio Cabrera,
Silva, Gutierrez, Saldaña
Por Santiago, i otros treinta
Democráticos vendrán
Desde Iquique i Punta Arenas;
I de la Valparaiso
La lista triunfante es esta:
Don Juan Agustin Cornejo,
Mimado en la clase obrera,
Don Francisco Galleguillos,
Tribuno de la alta escuela
Republicana a lo yankee,
Cuyos principios e ideas
Sostiene a brazo partido
En la tribuna i la prensa;
Briones hijo, i Cantillano
Tambien obtendrán inmensa
Mayoría de sufrajios
En las receptoras mesas.—»
                                   ———
    Diciendo esto, hizo una pausa
Aquella mujer marina;
Yo tambien guardé silencio
Un momento; i en seguida
La interrogué nuevamente
Diciéndole con voz timida:
—«I el futuro Presidente
¿Quién irá a ser, señorita?»
I al punto me contestó;
—«¡Vaya, chilenol ¿No atinas
A sospechar quién será
El que se siente en la silla
Que va a dejar Balmaceda?
Tienes mui poca malicia!»
—«¿Augusto Matte? ¿Don Cucho
¿Altami……?»«
    —«¡Ya no adivinas!
Oye: el primer majistrado
Que esta gran nación elija
En el próximo quinquenio,
Ya a ser el Padre Padilla2……
¿Qué te ha dado algún ataque?
Tu cara se pone livida!»—
Díjome aquella mujer
Fijando en mí sus pupilas.
I en verdad que en ese instante,
Por la gran nueva que oia,
Del mismo gusto, la sangre
Casi se me paraliza!
I, loco perdido, grito:
«¡Que viva Allende! ¡Que viva!
¡Viva don Juan Rafael,
El valiente periodista
I futuro presidente
De la dulce patria mia!»–
La encantadora Sirena
Mirábame complacida,
Que al fin me dijo: —«¿Te agrada
El Presidente Padilla?»
–«¡Hasta la pared de enfrente!
Le contesté ébrio de dicha;
 ¿Cómo no me ha de agradar
Ese titan polemista,
Que con su chispeante critica
Al magnate mas finchado
Lo vuelve patas arriba;
Ese adalid de la prensa
Liberal, que no se humilla
Ante el mismísimo Diablo,
Si a que le zurre le incita;
Que es el azote mas firme
De topos de sacristía,
De pechoños i de beatas,
I de toda esa polilla
Fanática e ignorante
Que abunda en la tierra mia?……
……La Sirena, al oir esto,
No pudo sufrir la risa,
I me dijo entusiasmada:
–«Chileno, me maravilla
De ver que con tánto ardor
I entusiasmo simpatizas
Con ese gran ciudadano
Que idolatras con justicia.»
–«Es verdad, señora; pero
Entre toda mi alegría
Porque va a ser Presidente,
Algo hai que me mortifica.
Ya siendo Padilla el jefe
Del Estado, el periodista
Dejará la pluma; ¿quién
Va a sacarles la ca…nina
A huascazos a los pillos
I bribones que con cinica
Desvergüenza, por doquiera
Ostentan sus picardías?»—
A este temor tan fundado
La mujer del mar replica:
—«Hijo mio, eres mui cándido,
O mas bien, corto de vista:
¿No alcanzas a vislumbrar
Que ese valiente que hoi pincha,
Sin amilanarse un punto,
A toda fiera dañina,
Siendo el primer mandatario,
Es mui lójico que siga
Desde ese elevado puesto
Dándoles huasca tupida
I con mucho mejor éxito
A esa caterva maldita
De infames facinerosos
Que solo ante él tiritan?
Voi a darte aquí en resúmen
Las reformas infinitas
Que va a decretar ese hombre
Desde la elevada cima
Del poder: —Que vuelva el oro
I vuelva la plata fina
A circular sin demora,
Sin trabas ni ruines miras;
I que en una grande hoguera
Se eche toda la inmundicia
De esos mugrientos billetes
Que la usura mas dañina
Llama moneda corriente,
I se reduzca a cenizas;
Que los derechos de aduana
Sobre aquellas mercancías
Que el pobre consume, i que
Contribución tan inicua
Tan sólo pesa sobre él,
En el acto se supriman;
Que en la Guardia Nacional
Cese la infame rutina
Del coloniaje, i que en ella,
Sin distinción de familias,
Formen todos los chilenos,
I a engrosar pasen las filas;
Que en las calificaciones,
Que son puras tripulinas
Donde se vé al carneraje
Calificarse por lista,
Concluya ya esa chacota
Digna solo de la China;
I que el dia de elecciones
Ya no sean las pandillas
Chocloneras de garrote,
De puñal i bala fria,
De sable, de huasca i lazo,
Las que cubran de ignomina
La sagrada democracia
En ese grandioso dia.
Esto i muchisimo más
Hará en bien de tu querida
Patria ese gran presidente
Que tánto afecto te inspira.
Ahora, en cuanto a este puerto
Que en particular estima,
I en mui alto grado, escucha
Lo que hará por él Padilla;
En primer lugar, los focos
De corrupción e inmundicias
De la calle de Maipú,
Que ya su hedor atosiga,
I los de la Calle Nueva,
I los focos que en tantísimas
Otras calles, funcionando
Están a la luz del dia,
Serán tapiados con cal,
Con ripio i greda maciza;
Que así el pestilente olor
De aquellas cloacas podridas
No afectará la salud
De la jente sana i limpía…
…Esto es bien hecho… I a tí,
Cuando por ahí transitas,
¿No te da vergúenza el ver
A tus paisanas queridas
Hacer las veces de perras
En leva?
    —«Yo, señorita,
Nunca paso por ahí…—
—«No me vengas con mentiras!»
A una de esas casitas
Con un amigo, a tomarnos
Un solo vaso de chicha.»
—«I tuviste que salir
Poco ménos que de prisa
Al ver el cuadro asqueroso
Que se presentó a tu vista!
«Otro inmenso bien. Los líquidos
Que se espenden noche i dia
En esta hermosa ciudad,
Contienen tánta malicia
Hecha en su composición,
I Que algunos hasta estricnina
Les encajan, porque así
El licor mas luego  pilla;
I como esto es pernicioso
Por demás para la vida
Del que bebe, sin chillar
Con repelentes bebidas,
El activo Presidente,
Que es crisol de la justicia,
Está en estremo irritado
Por estas mezclas dañinas
Que los avarientos hacen,
Llevados por la codicia,
Con los liquidos tan nobles
Que dan las chilenas viñas;
I para cortar de un golpe
Daños que tánto le irritan
Comisionará diez quimicos
De esos que no por propinas
Dejen de aplicar la lei
A toda ruin sabandija
Que por ganar diez por uno
Empanzan a las bebidas.»
                                   ———
    Yo escuchaba a la Sirena
Con oido tan atento,
Que ni siquiera una sílaba
Perdia de los severos
Pronósticos que me hacía,
Los cuales para este puerto
En época no lejana
Vendrian a ser un hecho.
—«Tambien, ese Presidente,
Continuó, en bien del pueblo
Decretará de que el pan,
Que hoi venden los panaderos
A centavo, i que es tan grande
Como el tamaño de un huevo
De diuca, lo agranden más
I lo den de a diez por medio;
A los que espenden la carne
En las recevas i puestes,
I que a un ojo de la cara
La libra la están vendiendo,
A que no sean tan bárbaros
Los obligará un decreto;
I a los que, por su desgracia
Vendan fruta verde al pueblo,
En castigo de tal culpa,
Tendrán destierro perpétuo;
Los lecheros que a la leche
La mezclen con agua, esos
A la cárcel redonditos
Irán por un año i medio;
Los que jiran en ajencias
De prendas, i que ¡usurerosl
De interés cobren al mes
Más de tres cobres en peso,
Tendrán prisión especial:
De la cabeza en un cepo
Serán puestos por dos dias
I sin probar alimentos;
Que en toditos los trabajos
Que existan en este puerto,
Sea cual sea el trabajo,
I sea quien sea el dueño,
A todos los operarios
Les den aumento de sueldo;
Que el Comercio, sin tapujos,
Sin muecas ni lloriqueos,
Mejore un tanto la suerte
De los curtidos lancheros,
Que trabajan como machos,
Sea en verano o invierno,
Poniéndole el hombro al bulto,
Con el agua a medio cuerpo.
Pero, ¿para qué seguir
Enumerando, chileno,
Díjome aquella mujer,
Los infinitos decretos
Que va a decretar Padilla
En bien de este noble puerto?
I como ya son las doce,
Dentro de un momento tengo
Que emprender mi viaje al sur
Para doblar el Estrecho
I hallarme mañana en Francia,
En el puerto de Burdeos.»
A cuyas palabras, yo
Quedé estático un momento;
Mas, la mujer misteriosa,
Con un tono dulce i tierno,
Me dijo: —«No te anonades,
Amigo, i ten el consuelo
Que será feliz tu patria
Dentro de mui poco tiempo»,
I apretándome una mano
Me dijo: «¡Adiós, buen chileno!»

1 El Partido Democrático fue fundado en 1887 y uno de sus fundadores fue Juan Rafael Allende
2 Padre Padilla, publicación de sátira política, su editor y redactor fue Juan R. Allende

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A ELVIRA GRANIFF
V. DE JOHNSON.

    E. Graniff la hermosa viuda
De Johnson el esforzado
Nos ha dado a luz un hijo
Que ha su padre a reemplazado.

    Cuando a Johnson lo llevarónes
Su esposa estaba presente
I todos los concurrenteses
De su valor se admiraron
Dos palabras escucharon
De su voz clara i aguda
«Te vas le dijo; sin duda
Sin despedirte de mí»
Se portó como una urí
E. Graniff la hermosa viuda.

    El funesto contratiempo
De la muerte del marido
Es causa que halla nacido
El infante antes de tiempo
Pero aunque nació a destiempo
Es robusto i bien formado
Con solícito cuidado
Justo es que lo conservemos.
Ya que un vástago tenemos
De Johnson el esforzado.

    Señalarle una pension
Seria accion mui loable
I hacerle mas soportable
A Elvira su situacion
Para que su corazon
No sienta tanto de fijo
Yo a Dios mis preces dirijo
Porque conserve esta madre
Ya que en lugar de su padre
Nos ha dado a luz un hijo.

    El niño según se vé
Educándolo fielmente
Será virtuoso i valiente
Como su padre lo fué
Esta es la razón porqué
Debemos con mucho agrado
Con esmero i desenfado
Con afecto i con cariño
Conservar siempre ese niño
Que a su padre a reemplazado.

    Por fin seria un portento
I es justo que yo delire
Porque a Johnson i a Ramirez
Se les haga un monumento.
Para encomio i escarmiento
De los que allí han peligrado;
Cato ya se ha mejorado
Aunque no en su domicilio
Gracias al activo ausilio
De Izquierdo Mildton i Prado.

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HONOR I GLORIA
A LOS BOMBEROS.

    Salve institución querida
De nuestro nobles bombeross
Contra el elemento fiero
Ponen en riesgo su vida.

    Aun cuando se hallen en cama
Oyendo la voz de ¡fuego!
Se visten i corren luego
A donde el deber los llama.
La devoradora llama
Por nada los intimida
Uno al otro se convida
Para apagar lo incendiado
I el pueblo dice admirado
Salve intitucion querida.

    Deja su querido abrigo
I lo mas caro que tiene
Por ir a salvar los bienes
Talvez de un propio enemigo.
Llevando solo consigo
Los instintos mas sinceros
Trabajan dias enteros
I sin remuneracion
Que bello és el corazon
De nuestros nobles bomberos.

    La esposa el hijo querido
La madre el deudo el pariente
Todo le es indiferente
Oyendo del fuego el ruido.
De filantropia henchido
Lleva un corazon de acero
Ni el viento ni el aguacero
Le infunden ningún pavor
I batalla con valor
Contra el elemento flero.

    Sin el menor interes
Infatigable trabaja
Sin mas premio ni ventaja
Que una memorable prez
En el bombero a la vez
Se halla el alma condolida
I un corazón que no olvida
De hacer siempre buenas obras
I en medio de las zozobras
Ponen en riesgo su vida.

    Por fin diré a la lijera
Que al mundo admira i encanta
Una institución tan santa
Digna de que nunca muera
Trepan por las escaleras
A la mas alta eminencia
Desafiando la inminencia
Que contra ellos conspire
Así Johnson i Ramires
Acabaron su existencia.

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BELLEZA ARTIFICIAL
(ESTROFAS SUELTAS)

    En un grande hombre me fundo
Al mover mi torpe labio
Para decir como el sabio
«Todo es farsa en este mundo»

    Pollos tiernos que envidiais
De las niñas, la elegancia
Porque a mui larga distancia
Con dulzura las mirais.
Sin duda te imajinais,
Que su arrogante beldad
Es la hermosa realidad.
Fijate en la compostura
I verás que su hermosura
Es todo una falsedad.

    La dama mas imponente
Que al jóven incauto hechiza
Porque al darle una sonrisa,
Deja ver sus albos dientes
I su alabastrina frente,
La ornan rubicundos rizos.
Tu al mirar tantos hechizos
La envidia tu pecho inflama
Sin pensar que en esa dama
Pelo i dientes son postizo.

    Queda tu mente estasiada
I tu corazón palpita
Si veis una señorita,
Perfectamente arreglada
Tan blanca i tan sonrosada
Como un bello serafin
Sin considerar al fin
Entre tu orgulloso afan;
Que lo blanco es soliman
I lo rosado es carmin.

    La jóven mas flaca i larga
Como alambre delgadita
Sale a la calle gordita,
Luciendo abultada nalga.
Esto la mente te embarga
I te llena de ilusion
Porque no sabes que son,
Sus pantorrillas de afrecho
De puro algodon los pechos,
I de alambre el polizón.

    Por último, en la alacena
Que les hace el potolin
Pueden llevar un rosin
I de asnos una docena
No hai figura mas obcena
Que al mirarlas incomoda
Si esta repugnante moda
Las beatas la han aceptado
El Diablo les ha tentado
Por llevárselas a todas.

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ASESINATO
DE LUIS EL «CACHERITO».

    Murió Luis el «cacherito»
«El chumaco» to mató
Dos puñatadas mortales
Sin saber porqué, le dió.

    Por la calle de Picarte
Marchaban en buena union
Julio Alvarez «El Chonchon»
I «Juan Diablo» del mismo arte.
Vienen de la opuesta parte
Varios con un organito
No sé porqué resquisito
Tomás Saez se abalanza
I por su brutal pujanza
Murió Luis el «Cacherito».

    Antes que esto sucediera
Julio Alvarez con Ortiz
Sin motivo ni desliz
Trabaron pendencia fiera.
Sin que en nada se metiera
El «Cachero» la pagó,
Sin duda se le llegó
El término al infeliz
Porque al desgraciado Luis
El «Chumaco» lo mató.

    Pocos momentos despues
Se dijo, i se hizo saber
De que a una misma mujer
La disputaban los tres.
Por esta causa talvez
Con sus instintos brutales
Con sus manos criminales
I un corazón de Chacal
Alvarez dió a su rival
Dos puñaladas mortales.

    Jaullac astuto i valiente
Cuando de esto se indagó
Se propuso; i consiguió
Tomar preso al delincuente.
La misma noche realmente
Al cuartel lo remitió
Rodriguez lo interrogó
I el reo le ha confesado
Que la muerte al desdichado
Sin saber porqué, le dió.

    Por fin, al siguiente dia
La aptosia se practicó
I a la Morgue se mandó
Por si álguien lo conocia.
Tiene la fisonomia
De un jóven bien parecido
Pero aunque ha permanecido
A la vista de la jente,
No hai hermano ni pariente
Que lo haya reconocido.

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A LA P…OETIZA O POETA
ROSITA ARANEDA

    Tiempo há que andan paseando
unos cuantos disparates,
que un pendenciero vomita
desde la casa de Orates,

    Joven, graciosa i bonita
yo conozco una poeta,
que anda como un cometa
vendiendo su musa escrita,
la pobre mujer se ajita
mientras su hijo va gritando
i a todo el mundo atajando
porque le compren un verso;
así detras del almuerzo
tiempo há que andan paseando.

    Si el público se detiene
a leer por curiosidad,
al ver la barbaridad,
con que en el papel se viene,
al punto los recomviene
i les dá para tomates,
riendose de los vates
que andan a la luz del dia,
porque es la tal poesia
unos cuantos disparates.

    Cuando vuelve a la oracion
vendiendo solo una chaucha,
hambrienta como una laucha,
mira en toda direccion
para dar un mordiscon
I al no hallar en quien, se irrita:
por eso en sus versos grita
desañiando a todo el mundo,
es el reto mas inmundo
que un pendenciero vomita.

    Pero es inútil su yerro
pues de acuerdo estan los poetas,
conociendole sus tretas,
dejarla morder el fierro:
no hacer caso del cencerro
con que los llama a combates
sin que falten los quilates
para dar un tapa-boca
a la musa, hambrienta i loca
desde la Casa de Orates.

    Yo no soi el Tamayino
soi otro poeta distinto,
pero por mi propio instinto
contra la bajeza opino:
por último con gran tino
voi a hablar esta centencia:
¡aquel1 que por su impotencia
lo arrastran en carretilla,
es una gran maravilla
que ande buscando pendencia.

1 Referencia a Daniel Meneses que era cojo.

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