Testamento del poeta popular
Bernardino Guajardo

       No hallo por dónde empezar
       Para hacer mi testamento;
       Talvez este documento
       Lo han de querer anular.

    Principiaré sin quebranto,
I para que mejor cuadre,
En el nombre de Dios Padre,
Hijo i Espiritu Santo.
Es mi voluntá, i por tanto,
Primero he de suplicar
Que pronto me hagan llamar
Un escribano, un notario.
Para hacer el inventario,
No hallo por dónde empezar.

    Item, la mejor herencia
Que a los católicos dejo,
Es que sigan mi consejo,
Firmes en vuestra creencia,
Defendiendo la existencia
De Dios en todo argumento,
Hasta vencer al violento
Error del hereje inmundo.
Hé aqui en lo que me fundo
Para hacer mi testamento.

    Item mas, ningún testigo
Quiero que se halle presente,
A no ser un fiel creyente,
Leal i verdadero amigo.
Basta con lo que yo digo
En pleno conocimiento
El dinero con que cuento
No lo dejo al albacea.
Creyendo que inútil sea
Talvez este documento.

    De versos algunos miles
Al gobierno recomiendo,
Porque no sigan rijiendo
Las nuevas leyes civiles;
I a los tránsfugas o viles
Les voi a recomendar
Que lean un ejemplar
Del periódico Chileno,
I éstos lo que haya de bueno
Lo han de querer anular.

    Al fin, queridos lectores,
Por lo que les dejo dicho,
No se entreguen al capricho
De falsedades i errores,
Con que muchos impostores
Arruinan a la nacion.
Todos en igual union
Tienen el justo deber
De amparar i defender
Nuestra santa relijion.

       BERNARDINO GUAJARDO.

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EL PORDIOSERO

       Me ha contado un pordiosero
       Que haciendo a los hombres lesos,
       Junta cincuenta o mas pesos
       I remuele un mes entero.

    El está ya veterano
I tiene una mano chueca,
I en pedir limosna peca
Porque es hombre bueno i sano;
Solo con mostrar la mano
A una dama o caballero,
Le dan algo de dinero
I se va lo mas contento.
Esto que yo a todos cuento
Me ha contado un pordiosero.

    Engaña cual Belcebú
Al futre, al fraile i al mocho,
Diciendo que el treinta i ocho
Fué con Búlnes al Perú;
A mi ya me ha dicho:tú
Mui bienda sacas con esos
Libros que llevais impresos;
Para todo eres capaz,
I yo no me ocupo mas
Que haciendo a los hombres lesos.

    Con una ropa andrajosa
A pedir limosna sale,
Astucia que harto le vale
En su obra maravillosa;
Como hai tanta alma piadosa
Que en semejantes sucesos,
Socorren huerfanos, presos
I mujeres desvalidas,
Así este en mui pocos dias
Junta cincuenta o mas pesos.

    Si quieren los policiales
Pasarlo a la policia,
Los lleva a un chicheria
I gasta sus ocho reales,
Obligando a que los tales
Dejen libre a su aparcero,
Se va el buen amigo, pero
Ya con el hilo picado,
La sigue el desventurado
I remuele un mes entero.

    Al fin, mucho lo aconsejo
Que junte plata i trabaje,
I me responde el salvaje
Si muero, a quién se la dejo?
Tengo mas suerte así viejo
Que cuando era niño tierno,
Gastaré mas que el gobierno
I tomaré sin medida,
Porque sé que en la otra vida
Es un peladero eterno.

       Bernardino Guajardo.

Impreso por P. Ramirez.— Echáurren, 4.

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EL ODIO DE LOS CUYANOS

       Los cuyanos renegados
       Que en Lonquimai se batieron,
       De siete muertes que hicieron
       Dos dejaron degollados.

    Cuando los chilenos fueron
Con parlamento de paz,
Aquellos brutos de mas
A bala los recibieron;
Gracias a que merecieron
Estar bien parapetados,
En una zanja enterrados
Como el ruin cholo cobarde.
Allá lo verán mas tarde
Los cuyanos renegados.

    En todos sus documentos
Dicen, como ya sabeis,
Que vencieron diez i seis
A un número de doscientos;
Estos fantásticos cuentos
Como partes remitieron
I en Buenos Aires dijeron:
Júntense algunos millones
Para premiar a esos leones
Que en Lonquimai se batieron.

    Su gloria es el degollar,
Para honra de su nacion,
I de civilizacion
Tambien se atreven a hablar;
Caro les ha de costar
El crímen que cometieron.
Qué fundamento tuvieron
Para una accion tan violenta?
Algún dia darán cuenta
De siete muertes que hicieron.

    Los cheyes en esa guerra
Mui bien que la van sacando,
Asesinando i robando
A los indios de la tierra;
Así llenan la de perra
Con vacas i con ganados
De nuestres bravos soldados
Los gauchos facinerosos.
Para irse mas orgullosos
Dos dejaron degollados.

    Por último, el jeneral
Villegas, como valiente,
Debia severamente
Castigar al oficial
Que por rencor o rival
Hizo tales desatinos.
Otra traicion, asesinos,
No vuelvan a cometer
I les vaya a suceder
Lo que a esos cholos indínos.

       Bernardino Guajardo.

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LOS MAESTROS EMBUSTEROS

       Atiendan, señores maestros,
       Los que tuvieren oficio,
       Porque a robar no mas tiran
       I del alma no hacen juicio.

    Uno de cien carpinteros
Es en su trato formal.
El sastre es otro que tal
Igual a los zapateros.
Pasemos a los herreros
I a los albañiles diestros;
No trabajando por metros
Se ayudan en lo que pueden.
Para ver cómo proceden,
Atiendan, señores maestros.

    Ganan los talabarteros
La plata con dibujar
La obra que van a entregar,
Lo mismo los tapiceros.
No hai en la clase de obreros
Quien no mienta con perjuicio;
Les parece beneficio
Engañar con nulidad;
Diganme si no es verdad
Los que tuvieren oficio.

    Tambien de los dependientes
I los mercachifles hablo,
Que pueden al mismo diablo
Sacarle muelas i dientes.
Conocen los inocentes
Si desde léjos los miran.
Otros que en licores jiran
Mas es agua que licor,
I para ellos no hai pudor
Porque a robar no mas tiran.

    La cigarrería al flaco
Lo engorda i viste de capa,
Con el vástigo de papa
Hace cundir el tabaco.
El cargador en su saco
Tiene todo su artificio,
El sirviente en su servicio
No cumple la obligacion:
Todos bailan a este són
I del alma no hacen juicio.

    Al fin, es justo que pida
Perdon de tanta insolencia,
Al ver que la intelijencia
Es de todos permitida.
Mui bien que pasan la vida
Receptores i abogados,
Haciendo a unos desgraciados
I quitándoles lo propio.
Si ven este telescopio
Quedarán desengañados.

       Bernardino Guajardo.

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LA NIÑA MILAGROSA
DE CORONEL

       En Coronel es verdad
       Que hai una niña dichosa:
       Como santa milagrosa
       Cura toda enfermedad.

    Ya se habia publicado
En los diarios su virtud,
I hoi con mas exactitud
Esto se ha verificado;
Según por lo que ha pasado
En esa localidad,
Viéndola en tal soledad
Unos a saltearla fueron,
Pero no lo consiguieron
En Coronel, es verdad.

    La niña a la madre dijo:
Haga una buena comida,
Porque una grande partida
De hombres espero de fijo.
Llegaron, como predijo,
I la madre cariñosa
Puso en su mesa ostentos[a]
A cada uno su cubierto,
I estos dirán: es mui cierto
Que hai una niña dichosa.

    Despues de haber almorzado,
Pidieron que se les diera
Toda la plata que hubiera
O le habian regalado;
Ya los habia pegado
Una mano misteriosa;
Cada uno en su silla hermosa.
Temblaba de confusion,
I le pedian perdon,
Como santa milagrosa

    Arrepentidos estaban
Los infames delincuentes,
Al verse todos pendientes
En las sillas que ocupaban;
A la niña suplicaban
Perdonase tal maldad,
Les perdonó por piedad
I la dejaron en calma,
I ahora del cuerpo i el alma
Cura toda enfermedad.

    Al fin, con esto, señores,
La madre no temerá,
Mui tranquila vivirá
I libre de malhechores;
Desde que esos salteadores
Que la habian asaltado
Se fueron en un estado
Gravemente arrepentidos,
Contando a otros forajidos
Lo que han visto i observado.

       Bernardino Guajardo

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EL BANDIDO MENDOZA

        Diez i siete muertes ya
        Lleva el bandido Mendoza.
        I cuenta diez i seis años…
        Jesus! qué terrible cosa!

    Su gusto es quitar la vida
Al moderno i al anciano,
Este verdugo, inhumano
Es de alma mui corrompida;
Tras de él, una gran partida
Siguiendo sus huellas va,
Si escapa, continuará
Burlando al juez su derecho.
En el Sur dicen que ha hecho
Diez i siete muertes ya.

    Comete mil desatinos
Con la mayor sangre fria,
I aunque joven todavía,
Es capitan de asesinos;
I salteador de caminos
Que al que merece destroza,
Miéntras de libertad goza
Vivirá como insensato.
Ya ven, cuánto asesinato
Lleva el bandido Mendoza.

    A uno que lo conocia,
Por tal que no lo vendiera,
Aquella furiosa fiera
Lo mandó a la tumba fria;
Si cae a la policía
Se evitarán graves daños,,
Para él no habrán desengaños
Porque vive sin temor,
Ya es famoso salteador
I cuenta diez i seis años.

    Muchas veces se ha librado
Que lo tomen prisionero,
El criminal bandolero
Anda lo mas bien armado;
Tiene a un jefe amenazado
Con una muerte horrorosa,
Amenaza tan odiosa
Solo a él lo satisface,
Si con la justicia esto hace,
Jesus! que terrible cosa!

    Por último, ese malvado
Que matando jente pasa,
Puede caer a la nasa
l dia ménos pensado,
Entónces el desgraciado
Talvez tenga reflexion,
Será sin demoracion
Por su desgraciada suerte,
O bien condenado a muerte
O a una perpetua prision.

        Bernardino Guajardo.

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COMPLETA DERROTA
DE CÁCERES.

    Cáceres el montonero
Se batió i fué derrotado,
Va el jeneral afamado
Corriendo mas que lijero.

    El coronel Gorostiaga
Supo que en Huamachuco,
Se hallaba el temible cuco
Que de su nación fué plaga;
Allí recibió la paga
De su servicio altanero,
Huyendo va el bandolero
En vergonzosa derrota,,
Ya no dirá soi patriota
Caceres el montonero.

    Sostuvieron los peruanos,
Dos dias de cañoneo,
I en el largo tiroteo
Creyeron salir ufanos,
Causa de esos hombres vanos,
El Perú se ve arruinado,
I el que era mas obstinado
I no admitia la paz,
Con otros caudillos mas
Se batió i fué derrotado.

    En el combate sangriento
Dejó el traidor como digo,
En poder del enemigo
Casi todo su armamento;
Batirse no era su intento,
Por estar tan resaviado,
I como se vió apurado
Tuvo que librar batalla,
I en fuga con su canalla
Va el jeneral afamado.

    Supo que la division
Iba en un pequeño grupo,
I dijo aquí me los chupo
Como los de Concepcion;
Que grande equivocacion
Sufrió el insigne guerrero,
A mas de romperle el cuero
I perder tanto caudillo,
El irá como potrillo
Corriendo mas que lijero.

    Al fin es verosimil,
Que en la reñida pelea
De esa cobarde ralea
Murieron cerca de mil;
A cañon, sable i fusil
Fueron muertos i vencidos.
De nuestros seres queridos,
Han sido como sabeis,
Victimas, cincuenta i sei[s]
I ochenta i tres los herid[os.]

        Bernardino Gua[jardo]

[I]mprenta de la Librería Americana A

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EL MUNDO AL REVES.

    El sobrino manda al tio
El hijo le pega al padre,
La hija reprende a la madre
I la mujer al marido.

    En ocasiones el yerno
Si con el suegro se enoja,
A lo profundo lo arroja
I lo hace ver el infierno;
El muchacho mas moderno
Llama a un hombre en desafío,
I el valiente de mas brio
Al cobarde se ha humillado,
Como está el mundo trocado
El sobrino manda al tio.

    Reta el ahijado al padrino
I lo pone como el suelo
De sus nietos el abuelo
Ya no es de respeto digno,
Otro mayor desatino
Es cargar con el compadre,
No hai una virtud que cuadre
Al torpe desarreglado
I como es mal doctrinado
El hijo le pega al padre.

    El soldado al celador
Lo gobierna i lo dirije,
I muchas veces corrije
El alferez al mayor;
La dama de mas honor
Menosprecia a la comadre,
Aunque el alma le taladre
El justo remordimiento,
Con mayor atrevimiento
La hija reprende a la madre.

    A la iglesia venerada
De Cristo nuestro Señor,
El fanatismo, el error
La tiene como bloqueada;
Nuestra relijion amada
Mil contrarios ha tenido,
El libertinaje ha sido
Autor de que en esta gresca,
El hijo al padre aborresca
I la mujer al marido.

    Caballeros, a la vez,
Es mui probable i notorio,
Que todo en el territorio
Ya como digo, al reves;
No quiera Dios que despues
Siga en Chile tanta ruina,
Como hasta aquí se orijina
En algunas poblaciones,
El tiempo i sus estaciones
Todo a mal paso camina.

        Bernardino Guajardo.

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LA FALSA RELIJION
DE LOS CATÓLICOS

    Es falsa la relijion,
Son falsos los mandamientos,
Vivamos todos contentos,
Que ya no hai condenacion.

    Desde que Martin Lutero
Renegó la fé de Cristo,
Horribles plagas se han visto
Que arruinan al mundo entero:
Cuanto ignorante altanero
Creen en su superticion,
Aman la disolucion
Qué los conduce al abismo,
I dicen: del cristianismo
Es falsa la relijión.

    Enrique VIIl escribió
Al santo Papa Leon Décimo
¡Sobre el Eresiarca pésimo!
Que la silla despreció;
El tambien se pervirtió
Por sus torpes pensamientos,
Oh! disolutos intentos,
I el que era de la Iglesia, hijo
Hecho protestante dijo:
Son falsos los mandamientos.

    Otro que tal fué Calvino
Reformista renegado,
¡Cuántos por él han negado
A Dios su culto divino!
Hé aquí de donde vino
Tanta miseria i tormentos
¡Ai! de los grandes talentos
Que dicen en ese idioma
Adorando al Dios Mahoma,
Vivamos todos contentos.

    Los dichos reformadores
Quieren con su torpe idea
Que todo cristiano crea
Sus imbéciles errores;
Alerta santos doctores,
De la civilizacion.
Cristiana por conviccion,
Tus verdades ejercer,
Para no pasar a creer
Que ya no hai condenacion.

    Al fin, madre piadosísima,
Suprema Vírjen María,
Sed de nuestras almas guía,
Por la Trinidad beatísima;
Dadnos tu cruz sacratísima,
Rei de la gloria triunfante,
Esta reliquia es bastante
Para podernos librar,
I con tu gracia triunfar
De toda creencia errante.

        Bernardino Guajardo.

Nota esta décima se completó al comparar los dos ejemplares de la Colección Lira Popular de la Universidad de Chile

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PERSECUCION CONTRA LA
IGLESIA.

    Chilenos abrid los ojos
Mirad lo que está pasando
Desde un polo, al otro polo,
La Iglesia de Dios llorando.

    En Italia el Padre Santo
Sumido en el cautiverio,
Como en tiempo de Tiberio,
Derramando amargo llanto.
En Alemania otro tanto,
Mayores son los despojos
Que a la Iglesia hacen los rojos
Y a sus hijos o pastores;
I en vista de estos horrores,
Chilenos abrid los ojos.

    En la desgraciada Prusia
Al obispo se destierra,
I al clero se hace la guerra
Con endemoniada astucia,
I lo mismo hizo la Rusia
A la Polonia matando,
La perversidad triufando
Hace jemir a los buenos,
No durmais tanto chilenos
Mirad lo que está pasando.

    En casi toda la Europa
I hasta, en la América misma
Ven a la impiedad abisma,
Como asoladora tropa;
Embriaguez lleva en su copa
Por arma el fúnebre dolo
Su fin es concluir solo
La católica enseñanza:
I párate que esto abanza
Desde un polo, al otro polo.

    Si ya vemos lo que pasa
En las naciones vecinas,
Para evitar tales ruinas
Cuidemos de nuestra casa,
Mirad que esa inmunda raza
De la cual os vengo hablando.
En Chile se va aumentando,
Por eso no dormitemos,
Que al despertar hallaremos
La Iglesia de Dios llorando.

    Mis compatriotas queridos,
Cogollito de verbena,
Si quereis calmar mi pena,
Mis ayes i mis jemidos,
Vivamos todos unidos
La lei de Dios observando;
I nuestros hijos mirando
Este ejemplo de constancia,
Sabran tener arrogancia
Para continuar luchando.

        Bernardino Guajardo,

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