SALTEOS I ASESINATOS

       En toda la poblacion
       Cometen los veleidosos,
       Crímenes tan horrorosos
       Que ya no hai comparacion.

    Se ha visto que en pleno dia
Muchos que en esto se emplean,
Van a una casa, saltean
I matan a sangre fria,
Con la mayor cobardía,
Al que está en su habitacion.
La mas severa prision
Ménos miedo les infunde.
[Po]r eso es que este mal cunde
En toda la poblacion.

    En casa de un señor Ossa
Mataron al mayordomo,
Ya se sabe quién i cómo
Se hizo esa muerte alevosa;
Esta ciudad populosa
Está infestada de ociosos,
Infames facinerosos
Que por hacerse malditos,
Ruines i atroces delitos
Cometen los veleidosos.

    Otros tambien han salteado
Temprano en la calle pública,
Pobre de nuestra república
A qué tiempo hemos llegado!
Matan ún comisionado
I quedan mui orgullosos,
Aquellos mas andrasojosos
Para tener que beber,
Su delirio es cometer
Crímenes tan horrorosos.

    No creen en un Dies eterno
Que al bueno sabe premiar,
I a los malos castigar
Con las penas del infierno;
Desde que nuestro gobierno
Ataca la relijion,
Los hombres sin instruccion
Hacen miles desacatos,
I tantos asesinatos
Que ya no hai comparacion.

    Al fin, ya todos sabrán
Que en el Sur unos soldados,
A traicion esos malvados
Mataron su capitan;
Los diarios noticias dan
De lo que hace el vandalaje,
O mejor dicho el pillaje
Rateros que andan de vagos,
De incendios, robos i estragos
Es causa el libertinaje.

       Bernardino Guajardo.

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El juramento falso.

           Qué pena es la que merece
       Todo el que jura i perjura,
       Digame la verdad pura
       El que mas letrado fuese.

    Antes era castigado
El hombre que perjuraba
Entónces se respetaba
A Jesús crucificado,
Aquel mas civilizado
Mas imbécil me parece
Según por lo que acontece
En el ilustre congreso,
I el que no cumple con eso,
Qué pena es la que merece?

    Uno jura protejer
La santa iglesia romana
I éste es el que mas se afana
En hacerla padecer;
I que en vez de merecer
Una pena la mas dura,
Mas en denigrar se apura
la relijion verdadera.
Qué castigo es el que espera
Todo el que jura i perjura?

    Otro juró en su bautismo
Morir por la fe de Cristo
I este pasa por lo visto
A odiar al catolicismo
Creo que en el salvajismo
No se verá tal locura,
Al hombre de mas cordura
Esta cue[s]tion le pregunto.
Para convencerme al punto
Digame la verdad pura.

    El que en su juicio ha prestado
El juramento de estilo
Jamas estará tranquilo
Si falta a lo que ha pactado,
I otro que haya apostatado
I contra Dios se enfurece
Este infeliz se embrutece
I asi quiero que mediga
Si se premia o se castiga
El que mas letrado fuese.

    Por último el juramento
Hoi en dia es como nada.
Porque a la lglesía sagrada
Se le quita el sacramento:
I cuántos hombres de intento
Se sabe que han perjurado
La lei de Dios han negado:
Desventurados de aquellos
Que dicen que para ellos
No hai mas Dios que el Dios e[s]tado.
       BERNARDINO GUAJARDO.

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Inundacion del lnfierno.

       Albricias que no hai infierno,
       El infierno se ha inundado,
       Los diablos se han vuelto peces
       I taguas los condenados.

    Un rio se fué al abismo
De las cuevas infernales,
I no dejó ni señales
Con el fuerte cataclismo:
Este aviso el diablo mismo
Manda a un liberál gobierno,
Ya no habrá castigo eterno,
Dice el infernal dragon,
I por él pide un mason
Albricias que no hai infierno.

    Jamas habia llovido
En esa concavidad,
I es una felicidad
El que esto haya sucedido;
Dios asi lo ha permitido
I lo tendria pensado.
Para que el sitio infestado
En un mar se trasformase,
I sin que nadie librase
El infierno fué inundado.

    Aquellas tremendas fraguas
De llamas abrasadoras,
Cambiáronse en breves horas
En un mar de inmundas aguas;
Donde solo se ven taguas
Tan grandes como las reses.
Es decir que en pocos meses
Despues del terrible estrago
En aquel profundo lago
Los diablos se han vuelto peces.

    El principe Lucifer
Quedó sentado en su trono.
Solo i en tal abandono
Que es de contar i no creer;
Sin hallar qué cosa hacer
Pues todos sus gobernados.
Al mirarlos disfrazados
I hechos esos pobrecitos
Peces, los que eran [  ]ditos,
I taguas los condenados.

    Al fin, grande es la victoría
En caso que así suceda.
Ya para el hombre no queda
Mas que purgatorio i gloria;
I si esta es cosa ilusoria
O cuento de diversion.
Cumplamos la obligacion
Que la iglesíia nos ordena.
Bien puede toda alma buena
Temer la condenacion.

       BERNARDINO GUAJARDO.

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El Harinero.

       De trigo i de maiz bien hecha,
       Decia un pobre harinero,
       Luego le dijo el pitero:
       Yo te paso por sospecha.

    Señor paco, hágame yer
La falta que cometido;
Marcha no mas atrevido
Allá lo irás a saber:
Acuérdate de que ayer
En la callecita estrecha,
Corrias como una flecha
Con otro zorrito mas.
I gritando por disfraz;
De trigo i de maiz bien hecha.

    Como eres astuto caco
Miéntras gritabas la harina.
Tu amigo entró a una esquina
I te pasó un calamaco;
Luego lo echastes al saco,
I a tu pobre compañero
Lo mandó pre[s]o el tendero
I falta llevarte a vos
No me lleve hombre por Dios,
Decia un pobre harinero

    Si acaso me dais dos pesos
Al cuartel no te remito:
Hombre, aguárdame un poquito,
Mira que alli van dos lesos,
I talvez a costa de esos
Pueda enterarte el dinero:
Yo también fui algo ratero,
I así de nada me admiro,
Anda i tirales el tiro
Luego le dijo el pitero.

El harinero llegó
Donde los huasos estaban,
I como alegres cantaban
A uno se le atracó
Del bolsillo le sacó
Un yesquero i una mecha.
De la cartera derecha
También le sacó un billete,
Toma, dijo al alcahuete.
Yo te paso por sospecha.

    Por último, el policial.
Gracias al amigo dió.
I el harinero salió
En busca de material:
Conócelo un oficial
I le dice: ven conmigo.
Cuando esto vió el paco amigo
Fué i le dijo al ayudante:
Señor, este es comerciante
I vende harina de trigo.
       BERNARDINO GUAJADO.

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LOS ABUSOS
de la Empresa.

    El chico que ántes lograba
Cada niña conductora.
La empresa lo logra ahora
Eso no mas le faltaba;
Si necesitada estaba
Que salga de su desdicha.
Supuesto que se encapricha
Para que le paguen tres
Centavos, cuando talvez
No queda ninguna ficha.

    Con este abuso millones
De chiquitos juntará
I tambien recibirirá
Millares de maldiciones
I está en riesgo que los peones
Unidos con los rateros,
Asalten a los cocheros
Si van ebrios o cucarros.
I le den piedra a los carros
Sin respetar pasajeros

    Mire la empresa lo que hace
I si está bastánte rica
Por qué al pobre perjudica
I nó a la primera clase;
Si a dos centavos el pase
Fuese i mas carros pusiera,
Mucho mas gano tuviera
I a nadie haria perjuicio;
Aun seria un beneficio
Que el pueblo le agradeciera.

    El chico o medio centavo
Tema la empresa ambiciosa,
Que polilla i no otra cosa
Se le vuelva al fin i al cabo:
Su poca vergüenza alabo
I ménos delicadeza,
Ya que a chicos se interesa.
Con el fin de aventurar;
Es preciso publicar
Los abusos de la empresa.

    Ultimamente resulta
Que en este resumidero.
Las niñas su sueldo entero
Lo pierden de multa en multa;
I por qué razón se oculta
Este abuso estraordinario.
Muchas veces en el diario
Se dice lo que hoi delato,
I el que está pagando el pato
Es el pobre vecindario.
       Bernardino Guajardo.
Impreso por P. Ramirez.— Echáurren. 6

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Las Cosas de Lima.

       Cáceres, jefe valiente.
       En Jauja fué derrotado,
       Ahora despues se ha tomado
       A Lima mui fácilmente.

    Si habia sido vencido
El jeneral montonero,
¿Cómo pudo tan lijero
Sobre Lima haber venido?
De reserva habrá tenido
Sin duda la mejor jente,
Para batirse de frente
En la misma capital,
Es un bravo jeneral
Cáceres, jefe valiente.

    Infiero que su derrota
No habria sido completa.
Según lo que se interpreta
Fundándose en esa nota;
Derramar la última gota
Tenia pronosticado.
I creyéndolo arruinado
En Lima decia el diario:
Este temible contrario
En Jauja fué derrotado.

    Iglesias renuncia el mando
Por las noticias que dan;
Los pueblos elejiran
Al que siga gobernando;
Por uno i por otro bando
La sangre se ha derramado,
I el caudillo avasallado
Mas fuerte que Belcebú,
La capital del Perú
Ahora despues se ha tomado.

    Yo no hallo cómo esto sea,
Estoi medio confundido,
Que ningún muerto o herido
Quedase en esta pelea:
Pueden darme alguna idea
O detalle suficiente,
Si es asi efectivamente
A costa de su coraje.
Entró con su vasallaje
A Lima mui fácilmente.

    Al fin, es la conclusion
De esa guerra clandestina,
Que ha sido tremenda ruina
Para esa infeliz nacion:
Por medio de votacion
Búsquese un hombre eminente
Que gobierne honradamente;
Ya anda no se qué rumor,
Que Piérola el dictador
Tal vez sea presidente.

       BERNARDINO GUAJARDO.

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Súplicas de Santa Rosa a la Vírjen
del Cármen

Santa Rosa.—Virjen del Cármen, piedad,
    Para mis pobres mulatos.
[L]a Vírjen.—Rosa, a tus hijos ingratos
    Castigaré con crueldad.

Santa Rosa.—Madre de misericordia,
    Que los perdones te pido!
[L]a Vírjen.—Nó, Rosa , ellos han querido
    Romper la paz i concordia,
    Con la guerra i su discordia.
    Mira qué temeridad;
    Causa de tanta maldad
    Solos se hacen infelices,
    I en vano, Rosa, me dices;
    «Vírjen del Cármen, piedad»

Santa Rosa.—Vos, como Reina divina,
    Perdona a un pueblo culpable.
La Vírjen.—Rosa, perdonar no es dable
    Al que desea su ruina.
    Toda tu nacion indina
    Cometo mil desacatos
    I atroces asesinatos.
Santa Rosa.—Sí, Virjen, yo no lo ignoro,
    Por eso favor imploro
    Para mis pobres multatos.

Santa Rosa.—Vírjen, debes apiadarte
    De aquellos que mas te ofenden.
La Vírjen.—Sí; nó de los que pretenden
    Burlarse de mi estandarte.
    Tú sabes que en toda parte
    Mis chilenos son sensatos
    Tus cholos con arrebatos
    Perecen llenos de encono,
    Por eso es que no perdone,
    Rosa, a tus hijos ingratos.

Santa Rosa.—¡Emperatris benignisima,
    No me niegues el perdon,
    Tú que tienes todo don
    De la Trinidad beatisima!
La Vírjen.—Sí, Rosa, soi piadosísima
    I tengo tal potestad,
    Que la augusta Majestad
    Me venera i reverencia,
    I al que niegue mi excelencia
    Castigaré con crueldad,

Santa Rosa.—Por último, una batalla
    Dejad que ganen siquiera.
La Vírjen.—Nó, Rosa, justo es que muera
    Esa rebelde canalla.
    En mis chilenos no hai falla,
    Tienen fé, valor, coraje
    Tus cholos con el ultraje
    Turban del mundo la paz.
    Al fin, Rosa, no hables mas
    I anda con Dios i buen viaje.

       Bernardino Guajardo.

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Interesante lotería entre Prado,
Daza i el bravo jeneral Escala

       Prado un número apuntó,
    Daza ni virgo tenia;
    Cantó Escala lotería
    I a los dos los arruinó.

    Salió la primera bola
De la gloriosa «Esmeralda»
I fué a caer en la falda
De la «Independencia» chola;
Mas la «Covadonga» sola
Con ventaja le ganó,
Luego que el «Huáscar» logró
Pegar el espolonazo,
Donde acaba el espinazo
Prado un número apuntó.

    En Pisagua i en Dolores,,
Juntos los febles i zambos,
No pudieron hacer ámbos
I se cuentan vencedores.
Sus batallones mejores
Huyeron de cobardía:
Esto le pasó a Buendía;
Miéntras que nuestro gobierno
Les hizo terno i cuaterno,
Daza ni virgo tenía.

    Aquí perdieron millones
De soles en este juego,
Ni se safarán tan luego
Los cobardes maricones.
Se fueron a Camarones
Unos de caballería,
Por que allí les parecía
Tener ventajoso asilo,
I en Moquegua i puerto de Ilo
Cantó Escala lotería.

    Despues de perder Calama
El indio cuico i mulato,
Esperaba slgun barato
En San Pedro de Atacama.
De chilca una rica cama
Fué lo que se les brindó;
Así el juego terminó.
Chile, lleno de proezas,
Es dueño de sus riquezas
I a los dos los arruinó.

    Al fin, Piérola i Montero
Preparan otra partida,
La cual será protejida
Por el famoso Campero.
I a Carrasco el montonero,
Si merecen darle caza,
No le hagan una amenaza
Queremos ver a ese tuno,
Pasearlo como a San Bruno
En un burro por la plaza.

       Bernardino Guajardo.

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Combate naval en Arica

       En Arica se han batido
    El «Huáscar», la «Magallanes»:
    Esos cholos araganes
    Victoriosos han salido.

    Ocho o diez son en verdad
Los chilenos allí muertos,
en los zambos boqui-abiertos
Doble fué la mortandad.
A la mayor brevedad
Se hacia un fuego nutrido;
Montero tan aflijido,
Como el perro que no ladra,
Dos naves de nuestra escuadra
En Arica se han batido.

    Alli murió el comandante
Thomson, en esta pelea,
I otro señor Goicolea,
El jóven mas aspirante.
Los cholos en ese instante
Volaban como faifanes,
Soldados i capitanes
Abandonaban su puesto,
I les dió un golpe funesto
El «Huáscar», la «Magallanes».

    Terrible fué el cañoneo
En los buques i los fuertes,
I en tierra, Señor, las muertes
Innumerables las creo.
Luego en otro bombardeo,
A no haber tales desmanes,
Veremos a estos caimanes
¡Cómo se van a librar!
A nueve la han de pagar
Esos cholos araganes.

    Remitió el parte oficial
El Ministro de la Guerra;
Luego avanzará por tierra
Nuestro bravo jeneral.
Allí quedará el tendal
De tanto infame atrevido,
I tendrán su merecido
Efn igual correspondencia,
Los que por una imprudencia
Victoriosos han salido,

    Al fin, al dia siguiente,
Con las balas del «Angamos»,
La pérdida restauramos
I algo mas que suficiente,
Aquella perversa jente
Recibió un castigo cruel;
Para tí, traidor infiel,
No habrá consideracion,
I haremos a tu nacion
Una guerra sin cuartel.

       Bernardino Guajardo.

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Los cholos i los cuicos
cobrándose sentimientos

El cuico.—Cholos cobardes, ¿por qué
    Nos califican traidores?
El cholo.—Sí, cuicos; porque en Dolores
    Usaron de mala fé.
    El enemigo no fué
    Para nosotros capaz;
    Jente teniamos mas,
    Armamento i municion,
    Pero ustedes a traicion
    Nos pegaban por detras.

El ciuico.—Cholo, siendo vuestro aliado
    Traicionarlos no podiamos.
El cholo.—Sí, cuico, así lo creiamos;
    Pero fué un hecho probado
    Que despues de haber triunfado,
    Ya dignos de una guirnalda,
    Los rotos desde la falda
    De un cerro nos acababan,
    I ustedes mas nos fregaban
    Pegándonos por la espalda.

El cuico.—Hombre, dime ¿por qué mientes?
    ¿Qué es lo que se te figura?
El cholo.—Nó, amigo, i si mas me apura
    Le volteo hasta los dientes.
    Nosotros somos valientes,
    De un corazon varonil,
    I por esa accion tan vil
    Todos daremos probanza
    Que los mismos de la alianza
    Nos han sacado el añil.

El cuico.—Cholo, me has amenazado,
    Pero no lo harás dos veces.
El cholo.—Sí, cuico, tú lo mereces
    Por haberme provocado.
    Los diarios han publicado
    La traicion que nos han hecho
    Luego estoi en mi derecho
    I puedo en este momento
    Decirte mi sentimiento,
    Cara a cara, pecho a pecho.

El cuico.—Al fin, amigo i hermano,
    Dejemos esta cuestion
El cholo.—Sí, por ver la situacion
    En que está el reino peruano
    El enemigo tirano
    Va tomando mas terreno;
    Piérola no está sereno,
    I concluyendo este baile,
    Como Pedro dejó al fraile
    Nos tiene el roto chileno

       Bernardino Guajardo,

Imp. de «Los Tiempos»—Bandera, 24

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