La horrible catastrofe
de la Casa Prat
MUERTOS I HERIDOS

  Una catástrofe horrible.
En Santiago sucedió,
I a jente se alarmó
De una manera incre[i]ble.

  Eran las tres treinta i cinco
Cuando se sintió el crujido,
I el edificio he sabido
Fué al suelo de un solo brinco.

  Tres pisos el edificio
Ya presentaba de altura,
Por su mala arquitectura
Fué causa que hizo perjuicios.

  La casa se alzaba al cielo
De una manera imponente,
Cuando de un de repente
Se desplomó i vino al suelo.

  Una multitud de obreros
Trabajaba noche i dia,
Por eso ayer se sentia
Los ayes mas lastimeros.

  Sin que tuvieran motivos
Los castigó el injeniero,
I allí quedaron, refiero
Muchos enterrados vivos.

  Cuando la alarma se dió,
Casi a mi me dió desmayo
I tan veloz como el rayo
La noticia circuló.

  Una multitud de jente
Corrió a salvar a los mortales,
Tueces i municipales
I hasta el señor intendente

  Daba lástima de oir
El triste ¡ai! i el lamento,
I las angustias que cuento
No hai pluma con que escribir.

  Con prontitud los doctores.
Corrieron e i cio,
A emprestar sus servicios
A esos trabajadores.

  La prensa en lo que comenta
Son hechos mui consabidos,
Entre los muertos i heridos
Un gran número se cuenta.

  Hoi, lectores, sin reveces
Les pruebo franco i amable,
Diciendo son responsable
Los injenieros franceses.

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Contestacion
A
JUAN BAUTISTA PERALTA

  Prepara tu diestra lira
Peralta no seas maldito
Yo con ser que sé poquito
Prometo hacértela tira.

  Se atiene el ciego Peralta
De que él no puede ver,
Para ponerse a ofender
A quien en nada le falta.
Su ciencia se halla que salta
Escribiendo la mentira,
Que bien marcha si se inspira,
El poetastro en su demencia,
Si me sigues la pendencia
Prepara tu diestra lira.

  Si vuelve el padron alsado
A tirarme otra patada,
Lo saco de la manada
Para citarlo al juzgado.
A presencia de un jurado,
Talvez se hará un anjelito,
Dice él que me tiene frito
I que ya me va a vencer,
Si no es tanto tu saber
Peralta no seas maldito.

  A la Clarisa Guajardo
También le tiró un modizco,
I si sigue el basilisco
Puede mamarse un petardo.
Mas otra contesta aguardo
Para irmete al pasito,
Versando jamas me ajito,
Si este me sigue la guerra
Tengo que echarlo por tierra
Yo con ser que sé poquito.

  Creyó el ciego en su falsia
Que me iba a quedar callado,
Dijo ya lo eche cortado
Al dios de la poesía.
Con pompa i con ufanía
Versa i con capital jira,
Malamente al pueblo mira,
Pero es por tirar mas prosa,
Tu lira vieja, mohosa
Prometo hacertela tira.

  Al fin, sin el pié de imprenta
Lanza versos a la calle,
Doi al juez este detalle
Para que lo llame a cuenta.
Si retarme mas intenta
Le hago coser el hocico,
El al pobre ni al mas rico
Respeta en sus versaciones,
Para que juntes millones.
Vende tus versos al rico.

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Jenoveva
en el Desierto

  Jenoveva en el desierto
Pasó siete años cabales,
Junto con su hermoso hijo
Sufriendo terribles males.

  Cuando la condesa fué
Desde la prision sacada,
Hácia el campo fué llevada
Como aquí lo esplicaré;
Ella humillada i con fé
Le clamó a Dios, como advierto,
I cuando el niño despierto
Estaba, i se conformaba,
I hasta con él conversaba
Jenoveva en el desierto.

  Los dos hombres se apiadaron
Por los ruegos que les hizo,
I en el momento preciso
La vida le perdonaron;
Ya lo que se retiraron
Buscó ella unos matorrales,
I en esos momentos tales
En donde domir buscó,
I en la cueva que encontró
Pasó siete años cabales.

  Una cierva a la oracion
La encontró con gran cariño,
I alimentó al bello niño
Le dió por gran permision,
Desde esa misma ocasion
Jenoveva la bendijo,
I con un amor prolijo
Dió gracias al celestial,
I cuidó al manso animal
Junto con su hermoso hijo.

  En la cueva se albergó
Despues de que errante anduvo
I el tiempo que en ella estuvo
I a cierva la acompañó;
Los inviernos los pasó
Como entre hielos glaciales,
I los frescos manantiales,
Con su ruido la alegraban,
Ella i el niño pasaban
Sufriendo terribles males.

  Al fin, una vez se aleja
De la cueva i se ausentó,
I a un lobo muerte dió
Para quitarle una oveja;
Ella misma se aconseja
En su entendimiento agudo,
Darle la vida no pudo
A la ovejilla la fiel,
Por ese es que con su piel
Cubrió su cuerpo desnudo.

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Versos bíblicos
a lo divino

  Cuando al Sinaí llegaron
Moisés i su hermano Aaron,
En esa gran estension
Con su pueblo se acamparon.

  El gran pueblo del Señor
De Ejipto hizo la salida
A la tierra prometida,
Caminó con gran primor.
Soportando el gran calor
Mujeres i hombres marcharon,
Con maná se alimentaron,
Que del cielo recibieron.
Solo descanso tuvieron
Cuando al Sinai llegaron.

  Sabiendo el tirano Rei
Que huia el pueblo cautivo,
Por saber por qué motivo
Quiso traerlo a su lei.
Pero la divina grei
Escapó con precision,
Pedian a Dios perdon
Con santo i divino arreglo
Gobernaba aquel gran pueblo
Moisés con su hermano Aaron.

  Una columna de fuego
De noche les a[l]umbraba,
I de dia los guiaba
Una nube con sociego.
A Dios clamaban con ruego
Con mucha veneracion,
I el señor de la mansion,
Por castigarles sus daños,
Los sostuvo cuarenta años
En esa gran estension.

  El mar Rojo lo pasó
Por una gran permision,
I en él el rei Faraon
Entre las aguas quedó.
Ningún tirano salvó
Porque toditos se ahogaron,
Himnos de gloria entonaron
Moisés con sus compañías,
I al otro lado tres dias
Con su pueblo se acamparon.

  Al fin dividió su jente
En doce tribus se sabe,
Pero él le sirvió de llave
Como sabio i elocuente.
Propuso el omnipotente
Protejerlo con amor
Con aquel grande favor
Que le hizo el Dios verdadero;
Gobernó al pueblo guerrero
El hábil lejislador.

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Verso de Amores
puros

  Mariquita dame un beso
Tu mamá me lo mandó.
Mi mamá manda en lo de ella
En lo mio mando yo.

  Desde cuando te miré
Agua se me hace la boca,
Hasta ver lo que me toca
Calladito sufriré;
Mi vida lo pasaré
Suf[r]iendo un enorme peso
Por si consigo con eso
Ablandar tú corazon,
Si sabes lo que es pasion
Mariquita dame un beso.

  Mucho gusto yo tendria
Si a solitas nos amáramos,
I algún dia nos juntaramos
Tu boquita con la mia;
Tu hermosura i bizarría
A mi mente cautivó,
Mi corazon no latio
Por quedar de amor herido,
I el beso que yo te pido
Tu mamá me lo mandó

  Es de balde tu falsía
No me lo puedes negar,
Si yo te llegase amar
Dejaré de ser María;
Esa tu pasion finjida
Contra mi honradez se estrella,
Si porque me has visto bella
Tratas de buscar mi abrigo,
Francamente te lo digo
Mi mamá manda en lo de ella.

  Son dulce como la miel
Las palabras de un soltero,
I despues son lo refiero,
Amargas como la hiel;
Jamas se halla un hombre fiel
En lo que el mundo crió,
Dicen si i dicen nó
Tal como si fuesen niño,
Lo aseguro con cariño
En lo mio mando yo.

  Al fin, Maria, tu honor
Me tiene con la esperanza:
Quien porfía mucho alcanza.
En la carrera de Amor;
Amame por un favor
No me hagas tanto penar,
En continuo batallar
Siempre lo paso con susto,
I voi a morir de gusto
Cuando te llegue abrazar.

Imp. Leon Victor Caldera.—Bandera 919

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Horror[  ]
EN EL LAUREL, ENT[RE] CONCEP-
CION I CORONEL CINCO MUER-
TOS I CUATRO HERIDOS DE LOS
DUEÑOS DE CASA

  Crímen de muchos horrores
Cuento en mi composicion,
El cual causó sensacion
En todos los moradores.

  Lectores, allá en Laurel
Sucedió el drama sangriento
I fué verdad lo que cuento
Mui cerca de Coronel.

  De el hecho tan alevoso
A contar no me resisto,
I a fin de siglo se ha visto
El crímen mas horroroso.

  Fué verdad que cinco muertos
Quedaron i cuatro heridos,
Por manos de los bandidos
En esos campos desiertos.

  Era el juez del distrito
El jefe de la partida,
Persona bien conocida
Por uno i otro delito.

  Juró esa jente temida,
Según hoi lo que declaran,
Porque no los acusaran
Ninguno dejar con vida.

  Dos personas que escaparon
De esta terrible matanza,
Prontamente, i sin tardanza,
A la justicia avisaron.

  La celosa policía.
Lijero al Laurel marchó;
Cuando a la casa llegó
Halló la carnicería.

  Los nombres de los heridos
Cuento yo en el dia de hoi,
Tambien de los muertos doi
Pero no los apellidos.

  Es Ladislao Segundo,
Pabla, Juana i Rosalía,
Anjel, Nicasio, ese dia
Marcharon al otro Mundo.

  Dueño de casa se jura
Fué Ladislao el primero,
Abelardo, no pondero
I una E. en breviatura.

  Al fin, al juez de la causa
Pido a nombre de San Bruno,
Que a todos de uno en uno
Los haga morir a pausa.

Daniel Meneses
Poeta Popular Chileno.—Calle Zañartu, Nº 1070

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Dos reos
SENTENCIADOS A MUERTE POR EL
CONSEJO DE ESTADO, PRÓXI-
MOS DE LA CAPILLA, EL UNO
VALDES I EL OTRO MORENO.

  Dos reos hai sentenciados
A muerte entre la cadena;
No les indultó la pena
El gran Consejo de Estado.

  En Valparaiso, señores,
Está el uno, jime i llora
Solo esperando la hora.
Con sacrificios mayores
Exhala tristes clamores
Entre los mas rematados
Que sufren encadenados
La mas grande tiranía,
A dar la última agonia
Dos reos hai sentenciados.

  El otro con afliccion
Se halla en Rancagua en la mala,
Solo esperando la bala
A nombre de la nacion.
Ténganles, pues, compasion
Hoi nuestras leyes chilena,
No se vea tal escena
Por lo que los jueces fallan
Aunque ellos por hoi se hallan
A muerte entre la cadena.

  Sufriendo están con paciencia
Los reos con sentimiento
Solo esperan el momento
El cúmplase la sentencia.
No han encontrado clemencia
Ni un alivio en su cadena.
Lloran como Magdalena
En la época presente,
Le dirán al Presidente
No les indultó la pena.

  No es propio que en la ocasion
Se fusile al ciudadano,
Porque es un acto inhumano
Que no tiene parangon,
Para la historia un borron
Es según se ha comprobado;
Tendrá que quedar grabado
Esto digo ufano i franco,
Dijo mueran en el banco
El gran Consejo de Estado.

  Al fin, desde hoi quisiera
I pedirlo me es forzoso
Que en el cadalso afrentoso
Ningún compatriota muera;
I si esto así no se hiciera
Alegaré, i con razon,
Pidiendo con atencion
Como punto natural,
Que del Código Penal
Bórrese la ejecucion.

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Los estragos
DE LA PESTE ALFOMBRILLA, EN
LA CLASE PROLETARIA

  La horrible peste alfombrilla
Está matando la jente;
La ciencia de los doctores
Ha sido incompetente.

  Se presentó este flajelo
Dándole muerte a los chicos
A los pobres, no a los ricos
Sin temor i sin recelo
Como castigo del cielo
Ha venido esta polilla.
Es como la cuncunilla
Que se esparce por la faz,
Cada dia cunde mas
La horrible peste alfombrilla.

  La Municipalidad
Ha abierto un nuevo hospital
Donde los que ataca el mal
Ahí van por caridad.
Afuera de la ciudad
Lo hizo hacer el Intendente.
Para el peligro inminente
Todo sabio es infalible,
Porque la epidemia horrible
Está matando la jente.

  Aseo en los conventillos
Se ha ordenado practicar
Por si se puede evitar
La mortandad de chiquillos.
Con esos temas sencillos
No aplacarán los clamores,
Los ayes aterradores
Se oyen como en son de guerra
I echa la peste por tierra
La ciencia de los doctores.

  Quisiera que la Alcaldía,
Para evitar los horrores
En cada barrio, señores,
Abra una dispensaría.
Donde de noche i de dia
Se atienda a todo paciente,
Que ocurra ahí puntualmente
A mejorar su dolencia;
Pero veo que la ciencia
Ha sido incompetente.

  Al fin, pido con rescate
Al Alcalde con motivo,
Que todo facultativo
Haga las visitas grate;
Así pondremos remate
Con esta nueva medida,
En un pelo nuestra vida
Está, i a todo se humilla.
No es la tal peste alfombrilla,
Es otra desconocida.

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Despedida
AL AÑO I AL SIGLO VIEJO I UN
SALUDO AL SIGLO NUEVO

  Adios, pues, siglo fatal,
De ti despedirme quiero,
Déjame otro compañero
Con tal que no salga igual.

  Adios hermosa estacion
Os digo con grato anhelo
Alzando la vista al cielo,
Se alegra mi corazon.
Oh bella vejetacion
De un placer esencial,
Consuelo de todo mal
En esta patria querida.
Te digo en la despedida
Adios, pues, siglo fatal.

  Adios, tiempo tan variable,
Te vas para no volver
Dejándome el padecer
Que en mí permanece estable.
Nunca fuiste favorable
En tus dias lisonjero,
Nuevas glorias mas espero
En mi angustia i mi tormento,
Con cariño i dulce acento
De ti despedirme quiero.

  Siglo nuevo i amoroso,
Te saluda el morador,
Tributándote su amor
Porque te muestres virtuoso.
Sed conmigo cariñoso,
Mira que por tí me muero;
Estoi que me desespero
I con gran razón me quejo.
Ya que te vas, siglo viejo,
Déjame otro compañero.

  Con ansia estaba deseando
Que entrase el nuevo año
I de un modo mui estraño,
Creo que viene llegando.
Hai que irlo saludando,
Hoi en la época actual
Como justo i natural
Pidamos a él alegría
En este dichoso dia,
Con tal que no salga igual.

  Al fin, el siglo se va
Dejándonos la esperanza
Que el que viene es de bonanza
I de mas felicidá.
Toda la calamidá,
Tendrá mui pronto que huir
Si me vuelve a perseguir;
El nuevo, digo, ¡ai! de mí,
Si en el otro no morí
En éste voi yo a morir.

Nota: De acuerdo con este verso, este documento se puede fechar 1899-1900.

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Al separarse
DE ANDACOLLO, UN ADIOS
A LA VIRJEN

  Adios, Virjen, ya me voi
en ti creyendo con fe
Este otro año volveré
A verte en el dia de hoi.

  Si Dios me presta salud,
Voluntad i entendimiento,
Vendré con gusto i contento
A venerar tu virtud.

  Espero en el Poderoso
Que me ha de tener con vida
Para cuando mi partida
La haga, la haré con reposo.

  Desde mi humilde cabaña
Vendré tranquilo i despacio
A visitar tu palacio,
Aunque es en esta montaña.

  Preciosima doncella,
Me despido arrepentido
Con gusto i agradecido
De ver que te hallé tan bella.

  Adios, que me voi de aquí
Junto con otros mortales,
Los doce meses cabales
tendré que pensar en tí.

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