Los señores abasteros
Siempre siguen afirmando
Lo que estaba decretando
Victor Echáurren Valero.
Nuestro Matadero está
Hostil a Santiago entero
Que a los puestos, me refiero
Les dán la carne pesá.
A cuarenta el quilo está,
I oprimen al pueblo entero,
¿I qué dirán los caseros,
Que no pueden reclamar?
Dejen, pues, de hostilizar
Los señores abasteros.
Sabemos que ántes no habia
Alcalde que decretase
I que lo que él ordenase
Durase toda la vida.
Aunque fué dictaduría—
I esto lo están presenciando—
I ven que están acortando
En los puestos el mercado,
Que esto está bien ordenado
Siempre siguen afirmando.
Desde el primero de Enero
De este año, noventa i uno,
No rije decreto alguno
I rije en el Matadero.
Aquel Echáurren Valero,
Más bien estaba abusando,
O, mejor dicho, dictando
Leyes en su beneficio;
Pero es en nuestro perjuicio
Lo que estaba decretando.
Los pobres dueños de puesto
No pueden soltar la mano
Por culpa de aquel tirano
Que les dejó ese decreto.
Por causa de todo esto
Se fué a un escondedero,
I talvez al Matadero,
Donde estará decretando,
I allí se estará ocultando
Victor Echáurren Valero.
Al fin, el señor Alcalde
Debe de hacer la justicia
De quitar esa avaricia
Sin formar ningun alarde.
Que sea temprano o tarde,
Se vé que están reclamando
Los pobres, que están pagando
Por un decreto indebido
De Echáurren, que está escondido,
I a la autoridad burlando.