LO QUE SE HA VISTO

    Hai pícaros con fortuna
I hombres de bien desgraciados,
Hai pícaros que no roban
I hombres de bien que han robado.

    Dimas fué insigne ladron
En Jerusalen nacido,
Por haberse arrepentido
De Dios alcanzó el perdon,
Este hizo en el Monte Hermon
Torpezas que al leer repugna;
Oividó el pais de su cuna
I con Dios fué al Cielo fijo,
I Poncio Pilatos dijo
Hai picaros con fortuna.

    Con tan dulce entonacion
Dijo el malhechor así,
Señor, acuerda de mí
Cuando estés en tu mansion;
Jesus le dió el galardon
Dicen los Testos Sagrados,
Que han habido perdonados
En visperas de su muerte,
Facinerosos con suerte
I hombres de bien desgraciados.

    Estando ya aflijidísimo
El temerario dió cuenta
El suplicio lo atormenta
Miró a Jesus piadosísimo,
Al Redentor benignísimo,
Sus santos brazos le estrovan
La lei sin piedad renovan
De castigos sin delirio,
Por temor a algun martirio
Hai pícaros que no roban.

    Desde la crucificcion
Del Hijo de Dios bendito,
Sin el más leve delito
Lo acusaron sin razon
Fué puesto en el parangon
Con Barrabás un malvado,
De ese tiempo se han mirado
En la escala del vaiven,
Bandidos hombres de bien
I hombres de bien que han robado.

    Al fin, tambien sentenciaron
A cuales Dímas i Jestas,
Cada uno su cruz a cuestas
Ellos mismos las llevaron
Capitanes que saquearon
Pero estando en el tormento,
Uno pronunciaba atento
I el otro una frase hablando,
Jestas murió blasfemando
I Dímas con gran contento.

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El mudo, el manco, el
ciego i el sordo.

    Un mudo estaba notando,
Un manco estaba escribiendo,
Un ciego estaba leyendo
I un sordo estaba escuchando.

    El mudo llegaba un dia
Donde un enfermo en la cama,
Con un ademan esclama
Que el enfermo se moria;
Le tomó el pulso i decia
I en sus señas preguntando,
A un doliente averiguando
Su erario que era un jumento;
Para hacer el testamento
Un mudo estaba notando.

    Un manco de la derecha
Al mudo lo saludó
Diciéndole aquí estoi yo
Que escribo como una flecha,
Ya mi mano la tengo hecha
I la puntuacion comprendo,
Al que dicte estoi oyendo,
Ya la pluma se me arranca;
Con la misma mano manca
Un manco estaba escribiendo.

    Un ciego de nacimiento,
Que la limosna pedia,
Se agregó a la compañía,,
Para el manco fué un contento;
Tomó el pliego mui atento,
Dijo: este apunte lo entiendo,
Mañana el borrico vendo,
Tengo quien lo compre al tranco;
Los garabatos del manco
Un ciego estaba leyendo.

    Un sordo que nada oia
Llegó i les dijo: aquí hai terno,
Conmigo se hace cuaterno
I el oido lo ponia
Por si alguien le respondia;
Sentado hacia mirando,
I los tres articulando
I al mudo no le entendian;
Ellos allí debatian
I un sordo estaba escuchando.

    Al fin cuando concluyeron
Se lo pasaron al ciego,
Aquel leyó con sosiego
I los dolientes oyeron,
Del burro se repartieron
Los cuatro con gran contento;
Lo vendieron al momento,
Uno tres pesos les dió,
I el sordo les advirtió
Archiven el testamento.

Es propiedad de Nicasio García

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El que quiere, aborrece
i olvida.

    Quiero, aborrezco i olvido,
Olvidar quiero i no puedo,
Quiero i aborrezco mas
Lo mismo que olvidar quiero.

    Quiero i amo con frecuencia,
Aborrezco si es preciso,
I el olvido patentizo
De mi querer en presencia;
No necesito la ausencia
Ni el cariño merecido;
No intento ser preferido
Como el objeto indicó,
En tres sustantivos yo,
Quiero, aborrezco i olvido.

    Olvidar es necesario
Donde no hai correspondencia,
Aunque me sea indolencia
No quiero por el contrario;
Si el amar es voluntario
Puedo, pero no concedo;
Sobresaltado i con miedo
Da golpes mi corazon,
Cuando llega la ocasion
Olvidar quiero i no puedo.

    Quiero ser el mas amante
I aborrezco a la indolente,
Mas pretendo a la elocuente,
Que puede serme constante;
Llegado el feliz instante
Es por su gracia capaz,
I si esto mirando vas
De una bella su talento,
Segun su procedimiento
Quiero i aborrezco mas.

    Creo i confirmo lo mismo
Que la mas rara deidad,
La vez que ama con ruindad
Es al hombre un cataclismo;
Puede arrojarlo a un abismo,
Es lo que yo considero,
Detesto i por nada espero
En mi penúltimo acento,
Lo que habla mi manso aliento
Lo mismo que olvidar quiero.

    Al fin siento un sentimiento,
Temo que no me sucumba;
Jimo si voi a la tumba
I lloro su atrevimiento;
Ya me avisa el pensamiento,
De la que amo todo ignoro,
Si una ninfa es la que adoro
Como mi primer recreo,
Si a mi lado no la veo
Siento, temo, jimo i lloro.

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El prisionero olvidado.

    En la cárcel del olvido
Preso está mi corazon,
Prisionero entre cadenas
Causado por vuestro amor.

    Yo soi aquel criminal
Dueña mia en lo presente,
Ven a ver el espediente
Que me resulta ilegal;
Un comparendo verbal
Es lo que te he prometido,
Si por haberte querido
De tu presencia carezco,
Hoi por tu causa padezco,
En la cárcel del olvido.

    Conozco te has presentado
Por un escrito ante el juez,
Sin distinguir a la vez
Todo el tiempo de mi agrado;
A mí se me ha preguntado
En una declaracion,
Espero resolucion
Con defensa a mi derecho,
Porque vecino a tu pecho
Preso está mi corazon.

    Ya sé que eres mi acreedora
I lo que sufro es por ti,
I si te dueles de mí
Puedes ser mi defensora.
Anda al juzgado señora
Dí que mitiguen mis penas,
Porque la sangre en mis venas
Te llama de donde estoi,
Haced de cuenta que soi
Prisionero entre cadenas.

    Para la última sentencia
Tienes que estar a mi lado,
Como lo hace un abogado
Alegando a la presencia.
De tu misma intelijencia
Saco copia a mi favor,
I si algún procurador
Me pregunta con deseo,
Yo le respondo: fuí reo
Causado por vuestro amor.

    Al fin, si a vuestro consejo
Me dijeran que apelara,
Ese triunfo me anunciara
Que era libre en todo riesgo.
Siendo así jamás me quejo
Porque diré que la suerte
Me libertará, se advierte,
Si procuras ampararme;
Da prisa en notificarme
Si soi de vida o de muerte.

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El vendedor de Valpa-
raiso

    El apio i el perejil,
La lechuga i la achicoria,
El rábano i la zanahoria,
El cedron i el toronjil.

    Les vendo los zapallitos,
Tomates i el frejol verde,
I el ají, bravo que muerde,
I los tallos tiernecitos;
El cilantro en ataditos
I de frutillas un mil;
La buena fruta hasta Abril
Uva blanca i la rosada;
Les vendo en la temporada
El apio i el perejil.

    Los limones por docenas
Suelo vender de contínuo,
I del Norte el buen pepino,
De igual modo berenjenas;
Cuando están las ventas buenas
Tengo como vanagloria
De llevar en la memoria,
Grito peras maduritas,
Vendiendo las alverjitas
La lechuga i la achicoria.

    Les vendo las cebollitas
Para uso de las comidas,
Pues son tan apetecidas
Para las ensaladitas;
Vendo papas nuevecitas;
Es mi venta perentoria,
Por la calle de Victoria
Suelo gritar habas nuevas,
Por pascua vendo las brevas,
El rábano i la zanahoria.

    Vendo el fragante alelí
Verduras i coliflores,
Repollos de los mejores,
Los nabos i el salsifí,
Entonado digo así
Dátiles de Guayaquil;
Tambien vendo del pensil
Macetas tan fraganciosas,
Matizo con malva rosa
El cedron i el toronjil.

    Al fin castañas cocidas
Vendo en el tiempo de invierno,
Compra el anciano, el moderno,
Porque son ya conocidas;
Camotes a mis queridas
Aviso si me llamais,
I si con cuidado estais,
Yo vendo el peumo gordito,
Lloviendo les pego el grito
Caliente va el mote de maiz.

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La desgollacion
De San Juan Bautista.

Por la adúltera Herodias
Cuando Salomé bailó,
La cabeza del Bautista
Un asesino cortó.

    En Maqueronta en Tetrarca
Antipas en un festin,
Cometió el hecho mas ruin
Que se ha visto en un monarca
Hizo veces de plutarca
Burlando las profesías,
Al procursor del Mesías
Sin mas delitos que odiarle,
Mandó la vida quitarle
Por la adúltera Herodias.

    La desenvuelta mujer
Nieta del gran rei Aretas,
Llevaba dos Panderetas
Para su estilo ejercer
Admirando su poder
Al tirano lo besó
I el cobarde no negó
Lo que ofreció con espanto
Fué desgollado aquel santo
Cuando Salomé bailó.

    En un calaboso estaba
I el sayon con furia tanta,
Lo tomó de la garganta
Antes de morir le hablaba,
Diciéndole si anunciaba
Su libertad aquella vista,
Sin esperar mas conquista
El verdugo ejecutó
I a la impúdica entregó
La cabeza del Bautista,

    Seis meses estuvo preso
Sin tomarle residencia,
Esperando la sentencia
De tan injusto proceso,
No contentando con eso
A un heraldo lo mandó,
Aquel, sin piedad tomó
Al jóven ya conocimos
I el soplo con que vivimos
Un asesino cortó.

    Señores, los tres huyeron
I Herodes dejó el reinado.
Porque al esposo burlado
En sueños lo distinguieron,
Por castigo recibieron
En un rio, que al pasar,
Los empezó a degollar
El agua a los criminales,
Nada han dicho los anales
Donde fueron a parar.

Nota: esta décima es contrarrestada en el verso siguiente.

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LA PÉRDIDA
DE LUCIFER

    En un tiempo fuí fusil
Con que apuntaban al blanco,
De jusil pasé a vaqueta
I ahora soi saca trapo.

    Nombre tuvo de Luzbella
En la gloria celestial
Por pensar en un rival
Fué convertido en Centella:
Abriendo la infame huella,
Aquel arcánjel tan vil,
I al verse como reptil
Llora, jime i se maldice,
Entre sus blasfemias dice
En un tiempo fuí fusil.

    Quizo contra el Padre Eterno,
Revelar su ingratitud,
I fué con más prontitud
Arrojado en el infierno,
De aquel cáos es gobierno
Que se figura un barranco
Que arde de continuo franco
Repite en estas querellas,
Dice: fuí armas de aquellas 
Con [que] apuntaban al blanco.

    El arcánjel san Miguel
Su espada desenvainó.
Centenares arrojó
Al abismo oscuro i cruel
Capitan de Dios tan fiel
Que a todos los interpreta;
De la derrota completa
Lucifer dice en mi mal,
Yo mismo me hice fatal
De fusil pasé a vaqueta.

    La gloria llegó a perder
El i los que lo siguieron,
Pronto la trompeta oyeron
De san Vicente Ferrer,
Detén, decia, hai poder
Al infierno cayó el huapo,
Contemplo, dijo no escapo
Esto saqué con ser ruin
Yo fuí como Comblain
I ahora soi saca trapo.

    Al fin, Lucifer quedó
En las cavernas rabiantes,
De años halla los instantes
Eso fué lo que sacó,
Del fuego se apoderó
El que fué cual Querubin,
Espresa un salmo en laiin
Que paga su mal intento,
Con aquel rico avariento
En compaña de Cain

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LOS MÁRTIRES.

    Un sabio contó un millon
Siete veces en el dia
En siete veces no pudo
Contar tas torpesas mias.

    Martirio cruel inhumano
De Arjéo Isidro escribieron
Sobre lo que padecieron
En tiempo de Dioclesiano,
Siridion i Martiniano
I Aquilino en la prision,
Ajeo, Cayo i Zenon
Dando al cielo sus lamentos
De clamores i tormentos
Un sabio contó un millon.

    El emperador Juliano,
A Usuardo i sus compañeros,
Los mandó traer prisioneros
El bárbaro Maxicimiano,
Crispin, Aldrico i Luciano
I Gonzalo en compañía;
Galerio con rebeldía
Mandó al potro lo alzase,
Dijo: que los castigasen
Siete veces en el dia,

    Eulojio, Amado i Fabian,
Nicómedes i Porfirio,
Nobato, Cipriano, Ospirio,
Novaciano i Sebastian
Por Majencio a todos dan
Atroz tormento no dudo.
Nilo como sordo i mudo
Aunque el impío le hablara,
Para que a Dios olvidara
Siete veces en el dia.

    Rufo Eujenio i Herculano
Pablo, Aderito i Terencio,
Cleofas, Máximo i Cresenció
Con Formerio i Bardomiano;
Anatalon Sabiniano
Sócimo, Neon Sacarías,
I el autor de obras impías
Dice que dijo: Neron
No ha podido ni Platon
Contar las torpesas mias.

Señores, san Ajileo,
Caprasio Artenio i Fermin,
Melanio Crispo i Delfin
Verónico i Tolomeo,
Caspistrano i Amadeo
Hablan de Ponpilio Numa;
Al revisar esta suma
De jentiles inventores,
[  ] úmero de errores
[  ] luma.

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LOS SEGUNDOS
EMBAJADORES

    En la segunda enbajada
Siete caballeros fueron
Con Floripes dama hermosa
Los doce se reunieron.

    Junto a la puente Mantible
Ojer el Danois decia,
Que modo se buscaria
Por que el paso era terrible;
Por el agua éra inposible
Hallarle buena pasada.
Con treinta árcos reforsada
Ante Galafre el jigante,
La marcha les fué triunfante
En la segunda enbajada.

    Es mi parecer señores
Roldan les dijo yo quero,
Deseo hablarle al puentero
Desir que de embajadores;
Si ábre nada te demóres
En seguirme i no quicieron;
Naimes i otros le dijeron
No es cordura Don Roldan,
Con el que éra el capitan
Siete caballeros fueron.

    Llamó al jigante i le abló
El Dúque nada se aterra.
Que buscas por esta tierra
El pagano preguntó:
Mensajeros contestó
El delantero que gosa,
Del cuidador tanta prosa
Homenaje le rindieron,
I en pocos dias se vieron
Con Floripes dama hermosa.

    Del tributo les habló
El jigante en sus querellas.
Sien alcones sien doncellas
I sien caballos notó;
Treinta pares alargó
De perros que le admitieron,
Del inposible se rieron
Sin persibir ademanes.
El grupo de capitanes
Los doce se reunieron.

    Al fin un tal Lucafer
Moro de los mas tiranos.
Los pricioneros cristianos
Dijo : que queria ver;
Naimes se dió a conocer
De un golpe lo hizo finar,
Por que abía ido a robar
Marpin que el sinto robó,
Guí Borgoña lo mató
I el sinto cayó a la mar.

                  Nicasio Gaacía

Nota: respetamos que en la época del autor los versos fundados en la Historia de Carlo Magno eran considerados parte del canto a lo divino.

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UN CRISTIANO
I UN MORO

Fué preso el conde Oliveros
Cuando a Fierabras venció.
En poder del Almirante
Floripes los libertó;

    Grande era la valentia
Su zaña i fuerte furor.
I jigantesco grandor
I era rei de Alejandría;
A Carlos Magno decia
Mandame algunos guerreros,
Tres o cuatro caballeros
Los espero en el momento.
Llebando aquel vensimiento
Fué preso el Conde Oliveros.

    Atado de pies i manos
Lo llebaron pricionero.
Maneatado cual cordero
Cautivo de los paganos;
El pensaba en los cristianos
Hablando se confundió,
 Roldan i se flijió
Despierta si estás dormido,
Esto le fué sucedido
Cuando a Fierabras venció.

    O doce pares de Francia
O mi caro amado padre.
Tu corazón se taladre,
Cuando sepas la incostancia;
Mi Emperador ve mi infancia
Apresurate constante,
Advertí que voi distante
I con los ojos tapados,
Me custódian mil soldados
En poder del Almirante.

    Cuatro caballeros mas
Al moro se los llebaron.
I luego le señalaron
Al que venció a Fierabras;
Disiendo el solo es capaz
I a Brulante lo llamó,
A Brutamonte entregó
En desempeño lijero,
Dando muerte al carcelero
Floripes los libertó.

    Alfin llamando a Roldan
Carlos Magno habló: señores,
Iran como embajadores
A presencia de Balan:
Los siete que quedan van
Se dirijio a su sobrino,
Gui de Borgoña convino
Ricarte i aquel Regner,
Armados a su placer
Se pucieron en camino.

                  Nicasio García

Nota: respetamos que en la época del autor los versos fundados en la Historia de Carlo Magno eran considerados parte del canto a lo divino.

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