Aspecto del reo

  En la mañana de hoi
Manuel Pozo fué baleado.
Oh! que horror no causaria
Verlo en el banco sentado.

  El mártes por la mañana
Lo pusieron en capilla;
Pozo triste se arrodilla
Para orar de buena gana.
De esta ejecucion tirana
Los detalles a darles voi
Porque yo dispuesto estoi
Relatar tan triste suerte
Del reo que recibió muerte
En la mañana de hoi.

  Dijo Pozo en la prision
Que esto habia cometido
Por encontrarse aburrido
En la mayor confucion
I mató sin compasion
Un guardian el desgraciado.
Se encuentra ya sentenciado
A la pena capital.
Por este hecho criminal
Manuel Pozo fué baleado.

  Un gran silencio reinaba
Al salir del aposento
I en profundo abatimiento
El dicho reo se hallaba
La hora faltal llegaba
Del reo que aparecia
I al banco se dirijia
En situación tan amarga
I al sentirse la descarga
Oh! que horror no causaria

  Lo auxiliaba un padrecito
En sus últimos momentos
I luego los sacramentos
Recibia el pobrecito.
Sin remedio su delito
En el suplicio ha pagado:
Este fin desesperado
Conmovió hoi, mis señores.
Ha sido triste lectores
Verlo en el banco sentado.

  Luego un piquete llegó
De soldados i formaron
I la vista lo vendaron
Al desdichado, ¡por Dios!
La descarga tan atroz
Se sentió conmovedora.
Mucha jente entonces llora
Al verlo sin movimiento
i este gran fusilamiento
Sirva de escarmiento ahora.

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La ejecucion

  Este pobre desgraciado
Con triste fusilamiento
Sus delitos va pagó,
Sirva pues de un escarmiento.

  De su celda salió el reo
Siendo ya las siete i media
I su vida de trajedia
A concluir sin rodeo,
Teniéndole, según creo,
El banquillo preparado.
Por dos padres auxiliado
En la capilla se hallaba;
Su triste fin esperaba
Este pobre desgraciado.

  Penoso al banco se sienta
I le vendan ya la vista;
Piquetes de tropas listas
En el patio se aposenta.
Mas la pena pues lo aumenta
En tan criticos momentos
Por hallarse sin aliento
La cruel descarga esperando;
Pagó su crímen nefando
Con triste fusilamiento.

  Cesó todito bullicio
A las ocho, buen lector.
I el reo ya, ¡qué terror!
Se encontrata en el suplicio.
La descarga de improviso
Con gran terror se sintió
I la jente se quedó
En el mas profundo duelo;
I este pobre sin consuelo
Sus delitos ya pagó.

  Qué triste es ver lector mio
Un reo ya fusilado
En un banco ensangrentado
En presencia de un jentio;
Manuel Pozo su desvio
Pagó en tan atroz momento.
Despues del fusilamiento
Salió la jente llorosa.
Esta muerte desastrosa
Sirva pues de un escarmiento.

  Al fin, diré con pesar
Que un jentío numeroso
Se encontraba mui ancioso
Deseando ver fusilar.
Oh! que triste es contemplar
La terrible ejecucion.
El reo con aflixion
Tal castigo recibió.
Un carro al rato llegó
I lo llevó para el panteon.

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El reo en la capilla

  En la capilla estoi puesto
Para ser ajusticiado;
Porque soi un gran malvado
Al suplicio iré mui presto.

  Sin haber apelacion,
Ya me van a fusilar:
No puedo tranquilo estar
Me atormenta una aflixion.
La terrible ejeucion
Es el castigo funesto.
Ahora me hallo molesto
Al ponerme a contemplar,
Pues delante de un altar
En la capilla estoi puesto

  A prision perpétua estaba
Yo aquí en la penitenciaria
I con furia estraordinaria
Un guardian me maltrataba;
A huascazos me llevaba
Por reclamo inesperado
Entónces yo mui enojado
Con la lima le dí muerte.
I por eso estoi, se advierte,
Para ser ajusticiado.

  Tan feroz golpe le dí
Al ya nombrado guardian
Que cayó sin ademan
Casi delante de mí.
Seguí pegándole allí
Hasta dejarlo ultimado.
Presto entonces fuí encerrado
I me pusieron los grillos
Con dos pesados anillos
Porque soi un gran malvado.

  Al poco tiempo después
A muerte me sentenciaron
I el indulto me negaron
Con la mayor tirantez.
Mi mala estrella talvez
Ha sido, según protesto.
He cometido todo esto
Por encontrarme aburrido
I por delito tan temido
Iré al suplicio mui presto.

  Al fin, espero la hora
De la triste ejecucion
Para pedir el perdon
Al público i sin demora;
La tristeza me devora
En este terrible instante.
Dos padres aquí constantes
Me auxiliaban dolorosos
En mi triste calabozo
Con plegaria suplicante.

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EL GRAN CRIMEN DEL
reo Pozo

  Lectores el reo Pozo,
El que hizo fechoría,
Sin temor al otro dia
Un guardian mató furioso.

  Este famoso bandido
De la plaza de San Diego,
De cólera estando ciego
Otra muerte ha cometido:
Intenciones ha tenido
De fugarse presuroso
Con otros del calabozo
Trataron de sublevarse.
Ha dejado que acordarse
Lectores, el reo Pozo.

  De la gran penitenciaria
Salió la voz de tal crimen
Entre los reos que jimen
Con alarma estraordinaria
La medida necesaria
Se tomó como podia.
Mui seguro se tenia
Al autor tan incensato,
I su apodo es el de Pato
El que hizo fechoría.

  Pozo fué el que tomó
En un descuido al guardian
Quitandole el yatagan
I con él lo degolló.
Sin movimiento quedó
En la mas cruel agonía.
Oh! que horror no causaria
Ese crimen inaudito
Cometiendo el gran delito
Sin temor al otro dia.

  Un soldado tomó al reo
I de las manos lo ató
I despues le remachó
Los grillos según me creo.
La sentencia con deseo
Hoi se espera sin reposo.
Con el banquillo afrentoso
Su crímen ha de pagar:
Queriéndose sublevar
Un guardian mató furioso.

  Al fin, ya no habrá clemencia
Con este vil desgraciado.
Presto el Consejo de Estado
Le ha de imponer de sentencia.
Ya cometió la violencia
A[  ] de estar perpétuo.
Ha sido su hecho indirecto
I con muchísima crueldad
Dejo fama en la ciudad
Este Pato sin respeto.

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ALEVOSO
asesinato en Quillota

  En Quillota un criminal
a su mujer ultimó.
el cráneo se lo partió
con un trozo de nogal

  Al fundo de lo «Hualtada»
llegó dicho matrimonio.
reñian como un demonio
el esposo i la finada.
El juéves de madrugada
de un feroz golpe mortal
le dió la muerte fatal
a la esposa el asesino
donde a desgraciarse vino
en Quillota un criminal.

  El marido es Pedro Mena,
i ella Juana Escobar.
buscaron presto un lugar
mientra estaban en la buena,
despues que dieron la cena
este suceso ocurrió,
el dueño de casa sintió
un mui estraño alarido
i fué que el buen marido
a su mujer ultimó.

  Yo no sé porqué razon
estos pobrecitos seres
los maridos a las mujeres
le dan muerte, ¡qué aflixion!
Me horroriza el corazon
narrar este crimen yo.
tan horrendo aconteció
en el pueblo ya nombrado
que a la mujer un malvado
el cráneo se lo partió.

  Despues que hizo la muerte
el asesino furioso
arrancó mui presuroso
i se ocultó por gran suerte.
Lector, podrás convencerte,
que lo ha hecho intencional.
haciéndose un criminal
sin temerle a la justicia
mató a su mujer propicia
con un trozo de nogal.

  Al fin, a última hora,
dicen que no lo han pillado
pero que nunca han cesado
de buscarlo sin demora,
Si el perdon ya hoi implora
mui angustioso, a mi ver,
ne no lo podrá obtener
porque se hizo asesino,
ya seria su destino
de morir o padecer.

Imp. de «La Justicia, Nataniel 98-A

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LA MUJER
que se casó con seis maridos

  Jamas ninguna ha podido
esta misma gracia hacer
como esta astuta mujer
casarse con seis maridos.

  Aficionada a la voda
era pues esta madama
i ha tenido mucha fama
en elegancia i en moda;
apreciada fué entre toda,
por eso suerte ha tenido.
Al poco tiempo un querido
la pidió para casarse,
quien del jóven apropiarse
jamás ninguna ha podido.

  Se casó i al otro dia
las echó de madrugada
con su ropa bien atada
toda llena de alegría.
No contenta todavía,
hizo empeño de volver
a casarse de por ver
para robarle al marido,
i otra mujer no ha podido
esta misma gracia hacer.

  Con esta ya van dos vece
que esta niña se casaba
i al marido abandonaba
i se quedaba en sus trece.
Como a tanto se atreviese,
no huvo tiempo que perder;
con un rotito, a mi ver,
se fué a casar a Mendoza.
No hai mujer mas veleidosa
como esta astuta mujer.

  Con esta, lector, van tres
hazañas mui victoriosas.
Nadie sabia estas cosas,
no conocian talvez,
hizo amistad otra vez
con un mozo bien vestido,
a casarse los dos han ido
i dos meses con él vivió,
por el estilo procedió
casarse con seis maridos.

  Al fin, lo que sucedió
mis lectores, la pillaron
i la pena le aplicaron
cuando ya se sentenció.
Ella misma confesó
toda diablura que hizo,
pero nunca decir quiso
como ella se llamaba,
presto fué incomunicada
a la prision de improviso.

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SENTIMIENTOS DE AMOR

            Acuérdate sinverguenza
lo que tú me has prometido;
con alhagos lisonjeros
engañarme habeis querido.

            Yo nunca me inmajinaba
que tal pago recibiera
de un amor tan devera
como tú lo declaraba;
mi suerte i dicha esperaba
como mi corazon pienza,
si por burla o por ofenza
de mi tú te retiras
de toditas tus mentiras
acuérdate sinverguenza.

            Con mucha calma decias
bien mio yo te adoro;
a cada momento lloro
por tí pues estrella mia,
mui pálido te ponías
penoso i entristecido
ahora en completo olvido
me dejas fasineroso,
olvidando veleidoso
lo que tú me has prometido.

            Yo jamás quiciera verte
aquí pues te lo prevengo,
el odio que ya te tengo
me llega a dejar inerte,
solamente en la muerte
mi bien i mi dicha espero,
es la suerte que prospero
ingrato infiel i traidor,
que me has prometido amor
con alhagos lisonjeros.

            Pues no tengo corazon
para poder esplicarte.
i al mismo tiempo echarte
una fuerte maldicion
ha sido mi perdicion
el haberte consentido,
i por lesa he sufrido
aunque tan cruel me pesa,
con cariños i promesa
engañarme habeis querido.

            Al fin verte yo quiciera
en patibulo afrentoso
por picaro i veleidoso
sufiendo de mil manera,
en una horca te biera
yo decirlo soi capàz,
el gran castigo tendrás
por traidor i embustero
porque si mueren yo espero
te ha de llevar Satanás.

                        ADOLFO REYES

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ALEVOSO CRIMEN
EN QUILICURA

            Con tristeza i amargura
sumerjido en gran pesar
lectores voi ha contar,
el crimen de Quilicura.

            Una mujer encontraron
con dos heridas mortales,
las huellas i las señales,
los asesino estamparon;
i varios se apresuraron
dar aviso a la prefectura,
sacaron entre vasura
el cadáver prontamente
que presenciabia la jente
con tristeza i amargura.

            Joaquina Astudillo es
el nombre de la mujer
i la muerte vendra a ser,
por la venganza talvez;
los criminales despues
el delito han de pagar;
que triste es considerar,
el hecho tan inhumano,
i estara el bandido ufano
sumerjido en gran pesar.

            A la morgue lo trajeron
a que allí lo conocieran,
i para que todos vieran
el crimen que cometieron:
un dia ahí lo tubieron,
i nadie fué a reclamar
da tristeza oir hablar
sobre el suceso por Dios,
otro crimen mas atros
lectores voi a contar.

            Miran con indiferencia
hoi los reos la condena,
sufriran la ultima pena
si cometen su violencia;
está estricta la sentencia
aunque sea por locura,
causa la poca cordura
se cometen desacatos;
hicieron los insensatos
el crimen de Quilicura.

            Si pillan a los bandidos
yo les puedo asegurar,
que los han de fucilar
en el banquillo temido,
el castigo meresido
al asesino impondran,
i los diarios narraran
los crimenes mas feroses
como los hechos atroces
que ejecutándose van.

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Ejecucion de los reos Belmar i Salas.

Todo corazon conmueve
El triste fusilamiento;
Reinó gran abatimiento
En ese momento breve.

  Un piquete de soldados
Como a las ocho llegó,
I el jentío se situó
A uno i otro costado.
El banco fué acomodado
Un poco antes de las nueve,
Que ahí presenciarse debe
La terrible ejecucion;
El suplicio por razon
Todo corazon conmueve.

  Los reos Belmar i Salas,
Aquel sitio al presenciar,
Se pusieron a llorar
Al saber que habia bala.
En el mundo no se iguala
Otro de mayor tormento,
En completo movimiento
Estuvo todo el jentio,
Presenciando conmovido
El triste fusilamiento.

  Los dos reos se encontraban
Sentados en el banquillo;
Por el peso de los grillos
En gran tormento se hallaban.
Los concurrentes miraban
Aquel sitio de tormento,
I en aquel triste momento
Se apenaban las señoras;
Cuando ya llegó la hora,
Reinó gran abatimiento.

  Salas a última hora
Mostraba conformidad
I al poco rato en verdad
Los vendaron sin demora.
Varias veces las señoras
Tuvieron desmayos leves;
Nadie a hablar allí se atreve,
I al mando de un oficial
Descargó el golpe fatal
En ese momento breve.

  Por los aires resonaron
Los truenos de los fusiles,
I los asesinos viles
Su crímen allí purgaron.
Las jentes se dispersaron
Despues de la ejecucion;
I ni en toda la nacion
Habráse visto otra igual;
Para escarmiento fatal
No obtuvieron el perdon.

       ADOLFO REYES.

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LA CONDUCTORA
QUE TUVO CUATRO MELLIZOS

  Una guapa conductora
Que se llamaba Jesus,
Cuatro chiquillos dió a luz
En menos de un cuarto de hora.

  Con mucho asombro de Iquique
Vino la dicha noticia.
I yo estoi con la malicia
De que esto sea un palique:
Será preciso que indique
Donde fué el suceso ahora,
Les diré sin mas demora
Que en dicho pueblo ocurrió,
Esto a mi me lo contó
Una guapa conductora.

  En el mes de marzo entro
A los carros, esta flaca,
I engordando como vaca
Pronto despues se salió;
Cuando la enferma cayó
La atendia un avestruz,
De un tal apellido Ruz
Pero ella al poco murió
I el tal novio declaró
Que se llamaba Jesus.

  Tan rara fecundidad
Ha causado censacion
por esto admiracion
Hubo en toda la ciudad.
Un poco tiempo en verdad
Alcanzó a cargar la cruz
I un tal Raimundo Eguiluz
Fué el primero que esto vió
Que tal niña pues contó
Cuatro chiquillos dió a luz.

  Un premio por tal rareza
Merecia del gobieno,
Como un recuerdo eterno
Por esa gran estrañeza;
No he podido con fijeza
Saber de esta señora,
Por la muerte destructora
Los chiquitines cayeron
I que todos sucumbieron
En menos de un cuarto de hora.

  Hoi lector no faltará
Quien me diga que es mentira
I que se arregla mi lira
De embuste i de falsedá,
Pero les advierto ya
Que si esto pues no creen,
Por el mar i por el tren
Pueden ir como a pasear,
Para poderse indagar
Si lo que cuento está bien.

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