Un adios eterno
AL JENERAL BAQUEDANO

  Adios, al grande soldado,
Que a Chile dió gloria tanta
No hallo voz en mi garganta
Para elojiar al finado.

  A nombre de la Marina
I del Ejército actual,
Le brindo este adios eterno
Al ilustre jeneral.

  La patria, cual Magdalena,
Perdió a un hijo i por él llora;
Sin consolarse hasta ahora
Pasará siempre con pena.

  El estandarte sagrado,
Con tal que nadie se asombre,
Por la muerte del gran hombre
Gran tiempo estará enlutado.

  La bandera tricolor
De nuestra patria querida,
Pasará toda la vida
Haciendo un duelo mayor.

  Los rejimientos de lineas
Con un valor de espartano
Tendrán que sentir la pérdida
Del heróico Baquedano.

  Toditas las sociedades
En este trance tan fuerte,
Del valeroso guerrero
Tambien sintieron la muerte.

  El hombre mas valeroso,
Digo escribiendo i pensando,
Que hoi se encuentra descansando
En la tumba del reposo.

  Recuerdo de aquel gran dia
Cuando entró a las Delicias,
Fué colmado de caricias
Por su heróica valentía.

  Todita la concurrencia,
Digo, hoi sin ser mequetrefe,
Decia a una voz entónces:
¡Viva, viva nuestro jefe!

  Contento, alegre i ufano
Ayer se hallaba en la vida,
I hoi la eterna partida
Hizo el señor Baquedano.

  En el dia de su entierro
Lindos discursos se oyeron;
Los diarios los publicaron
Por lo bonitos que fueron.

  De pena i de sentimiento
Hasta las piedras lloraron,
I los diarios de tristeza
Sus columnas enlutaron.

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Escursion
DE UN CANTOR DE GUITARRON

  Pulso el sonoro instrumento
Cuando me pongo a cantar;
Hago las cuerdas temblar
Como si corriese viento.

  Salgo al campo en el verano;
Con el jugo de la parra
Me alegro con la guitarra;
Cuando la tomo en la mano
Me encuentro alegre i ufano;
Al llegar a un casamiento
Me tomo el mejor asiento
I a vista de los paseantes,
Con cánticos arrogantes
Pulso el sonoro instrumento.

  Si salgo a pasear con niñas,
Mas cuando voi encopado,
Toco un paso redoblado
Andando por las campiñas;
Pero si me buscan riñas,
Mas bien dejo de tocar;
Despues principio a trinar
Con armoniosos conciertos;
Hago revivir los muertos
Cuando me pongo a cantar.

  Si llego a alguna funcion,
O si me encuentro en carreras
Yo me atraco a las fonderas
Bridándoles mi cancion;
Luego con mi entonacion
Entro por acompañar,
Tan solo por celebrar
Yo con mis maestros dedos;
Haciendo los posturedos
Hago las cuerdas temblar.

  Cuando llego a alguna trilla
Con mi guitarron, señores,
Se me apilan los cantores
A versar en redondilla;
I con mi frase sencilla,
Fiando en mi buen talento,
Pongo luego un fundamento
Sobre historias sagradas
Desparramo mis tonadas
Como si corriese viento.

  Por último llegué a un santo
En vispera de San Pablo
Haciéndome mozo diablo
I espoleando con mi canto.
Un roto por mi ataranto,
Luego me puso un fundado:
Tan alto i tan elevado
El perverso siguió hablando,
I yo quedé pestañando
Sin saber lo que ha cantado.

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Versos bíblicos
LA PACIENCIA DEL SANTO JOB

  En tierras de Heus vivió
El hombre de mas paciencia;
Porque tuvo resistencia
La salvación alcanzó.

  Job se llamaba este santo,
Según pública version;
Causaba, pues, compasion
La pena de su quebranto.
Siendo su padecer tanto,
El Señor lo consoló;
Fama i renombre tomó;
En los pueblos del oriente
I el humano mas paciente
En tierra de Heus vivió.

  Quiso Dios probar en él,
Por si el precepto quebranta;
Como su gracia era tanta
Fué un devoto amante i fiel.
Viendo su tormento cruel
Imploró a la Providencia
Siempre con benevolencia.
Digo con santo deseo:
Perteneció al pueblo hebreo
El hombre de mas paciencia.

  Una horrible enfermedad
Dios le mandó desde el cielo,
Que él soportó con anhelo
Sin encontrar caridad;
Sus parientes, en verdad,
Huyeron de su presencia,
Dejándolo a la clemencia,
Ausente de los mortales;
Sufrió toditos sus males
Porque tuvo resistencia.

  El Eterno, para ver
Si el siervo era buen cristiano,
Con su sacrosanta mano
Le dió a Satanas poder.
En su angustia i padecer
Jamas, nunca blasfemó;
Con todo se conformó
Sin demostrar un disgusto;
I como él era tan justo
La salvación alcanzó.

  Al fin, cuatro mensajeros
Llegaron donde él estaba,
I cada cual le anunciaba
Sus castigos verdaderos.
Con sentidos placenteros
Alegre los escuchó:
Si la culpa tengo yo
De que sufra estas bajezas,
Dios me ha dado las riquezas
I él mismo me las quitó.

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Prometimientos de amores

  El agua veras quemarse,
Un cerro has de ver correr,
Has des de ver secarse el mar,
Que dejarte de querer.

  Cielo, mi vida es estar
Mirándote permanente,
I cuando te hallas ausente
Triste me pongo a llorar;
La jente dirá al pensar:
¿Qué saca con lamentarse?
Nada gana con quejarse
Siendo de que no es querido;
I ántes que te eche en olvido
El agua veras quemarse,

  Desde que te conocí
Principió mi sufrimiento;
Por si encontraba contento
Mis amores puse en tí.
Si no me quieres a mí
Tendré de que fenecer;
¡Qué ingratitud de mujer,
Que no atiende mi lamento!
Por frente de tu aposento
Un cerro has de ver correr.

  Te juro i te contrajuro
Con un Señor en las manos,
Que entre los seres cristianos
Solo mi amor es el puro;
I tu corazon tan duro
Que no lo puedo ablandar,
Pero yo lo he de hacer dar
Un sí i que nunca avance;
Antes que mi amor se canse
Has de ver secarse el mar.

  Si te vienen a decir
Que yo por otra me muero,
No creas, si a tí te quiero
I es la verdad sin mentir.
Amándote he de morir
I tus ojos lo han de ver;
Atras no me harán volver
Siendo que a tu lado estoi;
Dejaré de ser quien soi
Que dejarte de querer

  Al fin, bella preciosura,
Mas no puedo asegurarte;
Ya el corazon se me parte
De congoja, i de ternura.
Hagamos una escritura
Si te asiste desconfianza;
Te he dado ya la probanza
De mis amores, te digo,
Por eso vente conmigo
Sin recelo i sin venganza.

Imprenta, MONEDA,

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Gran crímen en Valparaiso
EL HERMANO QUE LE DIÓ MUERTE
AL OTRO HERMANO A PUÑALADAS

  Un hermano a otro hermano
Allá en Valparaiso,
Le dió muerte de improviso,
Imitando a un pagano;
Este crímen inhumano
Mi pluma aquí lo relata;
La suerte está tan ingrata
Les pruebo aquí con sorpresa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  En el Restaurant Iquique
Fué el crímen mencionado,
El cual lo doi publicado
Aunque el hechor se pique.
Lo tengo que echar al dique
Para ver si gano plata;
La hoja vendo barata
Porque harto me interesa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Le pegó el mui atrevido
La puñalada, sé yo,
I con la cual lo mandó
A la mansion del olvido;
Quedó en el suelo tendido
El finadito, de guata,
I aun no menió ni pata
Mucho ménos la cabeza;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Se apellidaban Valencia;
¿No es verdad, caro lector
Que el menor mató al mayor
Con ira i con gran violencia?
I por su enorme imprudencia
Una cadena se le ata,
A los piés; si se desata
Llevará otra mas gruesa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Por fin, yo digo, es decir,
Al juez i al señor fiscal,
Que aquel que mata a puñal,
A bala debe morir;
Ya no se puede vivir
Por tanto bandolerismo;
En el borde del abismo
Estamos en la ocasion;
¡Muera la coalicion!
el ¡Viva liberalismo!

DANIEL MENESES
POETA NORTINO, Morandé, 8-A

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Sigue el diálogo
ENTRE EL ROTITO DEL NORTE I EL DEL
SUR SOBRE UNA CRÍTICA QUE VAN A
HACER EN VALPARAISO.

  El del sur.—Amigo nortino, le tengo
una nuevecita que contarle: que he
conversado con el tal Daniel Meneses,
i me ha contado que le pasó en Valpa-
raiso, en casa de un señor catedrático,
que dice que es profesor de métrica i
mui entendido en asuntos de métrica i
en la versificacion.

  El del norte.—Amigo, con atencion
i cuidado voi a oirle su conversacion,
porque me creo que interesa, i qué fué
lo que le pasó con dicho señor al poeta,
que así lo llamaremos nosotros, que
sabemos apreciar los trabajos que se
hacen en Chile por hijos del pais.

  El del sur.—Aquí entro a contarle.
El tal catedrático lo hizo llamar con
uno de los vendedores de versos del tal
Meneses, diciéndole al muchacho: que
venga tu patron i me traiga una colec-
ción de todos los versos que tenga. Yo
se los compro todos. Fué el poeta, lle-
vando 140 versos distintos, cuando lle-
gó donde el catedrático, que así le dijo
que se llamaba. Principió a darle lec-
turaa los versos i a criticárselos, i el co-
chero esperando al poeta, Donde encon-
traba un verso en prosa, ¿i éstos son
suyos hechos por usted? el poeta con-
testaba: Sí, yo los hago.

  El del norte.—Es decir que dicho
señor catedrático hizo llamar al poeta
para embromarlo i hacerlo perder el
tiempo i preguntarle cosas que él no
sabia, porque despues de hora i media
de conversación, le iba a tomar siete
versos, i el poeta le cobró 20 centavos
por cada uno. El le ofreció 10 centa-
vos. Le dijo el señor catedrático que
los versos eran para otro señor que
también se negó para darle su nombre.
Lo que le dijo que eran para hacer
una critica i censurar la poesía chilena.

  El del sur.—Amigo, el futre ese
no ha de ser mui jente i caballero,
puesto que se puso a reparar o mas
bien dicho a criticar lo que él no sabe
talvez componer; es que será partidario
de algún español, porque a los españoles
les han dado por la vanidad que ellos
no mas son poetas; ellos escriben cual-
quier cosa i llaman versos, pero no son
versos los que venden, son entonacio-
nes porque no se arreglan a ninguna
medida de métrica, Por eso, si llegan
hacer la critica, van a criticar ni lo
que ellos mismos comprenden; el ser
profesor de métrica i gran catedrático
no es ser poeta i saber hacer versos,
porque los poeta no se hacen, los poe-
tas nacen con la inspiracion.
       (Continuará)

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[Las gran]des
CARRERA[S EN] VIÑA DEL MAR

  A ver las grandes carrreras
A la Viña del Mar fuí
Correr las bestias yo vi
Como una nube lijera.

  En este año, señores,
Van a perder, no lo ignoro,
La plata, el cobre i el oro,
Siendo tambien corredores.
Cayeron los ganadores,
Dicen las jentes de afueras;
Muchas damas sin polleras
Han quedado i sin rebozo,
I yo marché por curioso
A ver las grandes carreras.

  Las que hoi van a ganar
Es la Fátinia i la Olivia;
Aunque hai tanta jente tibia,
No hai con quién apostar.
Quien se quiera desquitar
Preséntese donde mí,
Que de Santiago partí
Gustoso i con alegrías,
I a vender mis poesías
A la Viña del Mar fuí.

  Cuando ya llegué a la cancha
Con un atado de impresos,
Dije: a todos estos lesos
Les van a pasar la plancha.
En una hojita ancha:
Al público los vendí.
Mucha plata recojí
Hasta para mi pasaje;
E imitando a un celaje
Correr las bestias yo ví.

  Me paré i quedé pensando
Cuando a la cancha llegué.
Con ser de que no aposté,
Cien pesos salí ganando.
Cierto es lo que estoi contando,
A la verdad quién creyera;
Para sacarme de cera,
Me quiso un pillo robar,
I las bestias vi pasar
Como una nube lijera.

  Les diré que el tal Medina
Ha tenido malos fines:
Las del pechoño Martínez
Pasaron para la tina.
Terrible ha sido la ruina
En el grupo josefino,
Porque sin plata i sin tino
Fuéronse, como verán
I aun me creo que están
Maldiciendo al Unitrino.

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Versos [ ] amor

  Si supiera que eres rosa
Te mandara hacer un huerto;
Como rosa te cuidara
Aunque fuera en un desierto.

  Me dió permiso Cupido
Para que viniese amarte,
I hoi que principio a adorarte
Me siento de amor herido.
Jamas te echaré en olvido,
Te prometo, candorosa,
I siento no sé qué cosa
Al mirarte, prenda mia.
Te cuidara noche i dia
Si supiera que eres rosa.

  Por tu talle i elegancia
Te amo yo desde niño,
I en pago de mi cariño
Empréstame tu fragancia.
Yo desde mi tierna infancia
Contigo sueño despierto;
Ya me parece que es cierto
Que me dais la dicha i calma.
Si fueras rosa de mi alma,
Te mandara hacer un huerto,

  Eres rosa virjinal,
Encantadora doncella;
Como tí otra mas bella
No hai en lo vejetal,
Ni aun en todo el rosa!
Otra con tí se compara;
I si nadie te tomara
En la mano un momento,
Yo gustoso i mui contento
Como rosa te cuidara.

  Con tus vistosos colores
Alegras al afiijido,
I en todo tiempo habeis sido
Reina de todas las flores.
El que toma tus olores
Procura hacerte un injerto,
No temo yo de ser muerto
A fin de hacerte lucir,
I contigo ir a vivir
Aunque fuera en un desierto.

  Al fin, rosa, digo yo
Deja todos los placeres,
Ya que parece que eres.
La rosa de Jericó.
No puedes decirme nó
Que es la verdad i la razon;
Esas tus espinas son
Para mí un desprovecho,
Porque si te atraco al pecho
Me clavas el corazon.

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[Mi valor para] versar 
CON CUALQUIERA E[N] CONTRAPUNTO

  Respetando al Padre Eterno,
A nadie tengo temor,
Ni aunque traigan por cantor
Al demonio del infierno.

  Si me buscan la pendencia
Los poetastros del dia,
Me brota la poesía
I se me aumenta la ciencia;
Al que me hable impertinencia
Le pongo en la boca un perno.
Ahora que hice cuaterno
Voy a darles delantera,
I salga al frente quien quiera,
Respetando al Padre Eterno.

  Al ilustre periodista
Bien firme le iré zurrando;
Hasta dejarlo tecleando
Le voy a seguir la pista.
Cuando con furia me embista
El grande criticador,
Haré de fuerzas valor
Para darle la salida.
Miéntras me encuentre con vida
A nadie tengo temor.

  Ya le han dado por la vana
A don Juan, de que es satírico;
I si yo le verso l´prico
No me aguanta una semana.
Si encuentran mala mi plana,
No la puedo hacer mejor.
Mirando en el deshonor
No me le doi por vencido
Al mas agudo i leido
Ni aunque traigan por cantor.

  Si le canto á lo divino,
A fé de Daniel Meneses
Que en cuatro o cinco veces
Lo hago perder el tino.
Lector, no soi Bernardino;
Yo soi escritor moderno;
En verano y en invierno
Doi a ver sin ataranto,
Que me traigan, que le canto
Al demonio del infierno.

  El que se halle mas seguro
Tan solo escribe al capricho;
Versifica, como he dicho,
Muchas veces con apuro.
Quien quiera escalar el muro
Donde guardo mis cantares,
Tendrá que llorar á mares
Al verse que está encerrado.
Ya mi saber les hedado
Como en cien mil ejemplares.

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[Mi saludo al poeta Pequen]
QUE SALIÓ DESAFIANDO EN [VER]SO
I NO HA SEGUIDO

  De la cordillera vengo
A caballo en una gata
A seguirle competencia
Al redactor de la Beata.

  Me vine yo desde Iquique
Versándoles con halago,
I no he hallado en Santiago
Ninguno que me heche a pique.
El que mis faltas critique
Al pasito lo entretengo;
Con ningún poetastro arengo,
Nadie lo dirá que nó;
I a hacerles ver quien soi yo
De la cordillera vengo.

  Nueve años hace que estoi
Imprimiendo mis cantares,
Los cuales cruzan los mares,
Porque progresando voi.
Solamente desde hoi
Pienso ir juntando plata;
Si me es la suerte ingrata
Me encomendaré a San Pablo;
Capaz que atropelle al diablo
A caballo en una gata.

  No sabe el señor Allende
Con quién se ha puesto a cantar;
Susto tendrá que pasar
Conmigo, por si me ofende.
Mi talento no se entiende
Para hablarles de la ciencia
De sobra tengo esperiencia
Pues no soi ningún marrano,
I aquí me presento ufano
A seguirle competencia.

  Antes que entre a la hondura
Les aviso en mi versito:
Apuesten al Pequencito,
Que la llevan bien segura.
Sin que se eleve a la altura
Parece de que me mata.
Ya que hablando se desata,
Le tengo que hacer la guerra
Hasta que eche por tierra
Al redactor de la Beata.

  Por lo agudo i lo leido
Dicen de que es mui capaz,
Como nacen los demas
Yo digo de que ha nacido;
Es que no habrán conocido
A otro mas sabio que él
Pero en vez de almibar, hiel
Le tengo que hacer tomar
Si me vuelve a contestar
El crítico Rafael.

Imprenta, MONEDA,

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