Plegaria del reo.

  No consientas padre amado
Que mi alma sea perdida
Por quien rendistes la vida
I tu sangre has derramado.

  En capilla cuatro dias
Antes de morir lo fuí
I mi pobre alma infeliz
Solo pensaba en María
I en Dios mi segura guía
Que perdona los pecados
Del hijo mas descarriado
Ha tenido compasion
I el morir sin tu perdon
No consientas padre amado.

  Desmayado, sin consuelo,
Salia el desventurado
Con su cuerpo desplomado
Dando con él en el suelo
Clavando su vista al cielo
I arrodillado decia
Ah! pobre desgracia mia
Si eres reo del infierno
No consintais Padre Eterno
Que mi alma sae perdida.

  Les temblaba el corazon
A todos los concurrentes
Solo al ver al delincuente
Acercarse a su mansion
Lloraba de compasion
La jente que concurría
I el reo se enternecia
Temblando i llorando dijo
Perdona, Señor, a tu hijo
Por quien rendistes la vida.

  Antes llegar al banquillo
Con gran tristeza se hincó
I el crucifijo besó
Como el finado Triviños
Al resonar de los grillos
Varios fueron desmayados
Nadie se halló contristado
De todos los concurrentes
Para ejemplar de la jente
Ya tu sangre has derramado.

  Al fin la jente salia
Con su corazon penoso
Varios llorando a sollozos
Con la cara enternecida
Pero tuvo el homicida
Auxilio de un relijioso
Lo bendecia él virtuoso
El alma de tal manera
Para que derecho fuera
A manos del poderoso.

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Ejecucion de Belarmino Ponce

     Una vida que quité
  Me condujo al precipicio
  Me llevaron al suplicio
  I con mi vida pagué.

  Por causa de una querida
Que fué mi idolatrá antes
Por darle muerte al instante
Hasta quitarle la vida
Por eso fui homicida
I me hice reo a la vez
Me sucedió en el café
De los Andes. En seguida
A pagar voi con la vida
Una vida que quité.

  Luego que fui aprisionado
Me hice enfermo sin igual
Fuí llevado al hospital
I allí estuve hospedado
Por no ser ejecutado
Solo encontré ese resquicio
Con el notario Bitrisio
Que mi cuerpo examinó
I como nada encontró
Me condujo al prepicio.

  A la cácel fui llevado
I luego que ahí llegué
a un tal Enrique encontré
Que allí estaba aprisionado
Yo con él aposentado
Lo conquisté de improviso
I él de buenas ganas quiso
El buen plan que le formé
Porque los grillos limé
Me llevaron al suplicio.

  Con mas grillos i cadenas
Por castigo me pusieron
I en ese dia me hicieron
Notificar mi condena
I a sufrir con dura pena
En tal momento me hallé
Compasion ni una encontré
Yo por mi horrenda malicia
I por la dura justicia
Con mi vida pagaré.

  Hoi dia sucumbiré
Con la muerte en un instante
I a todos los tripulantes
El perdon les pediré;
De escarmiento serviré
De vuestros pueblos vecinos
Recordarán de contínuo
Todos los que han presenciado
La muerte del desgraciado
De yo Ponce Belarmino.

       JUAN DE DIOS PERALTA.

       Impreso por P. Ramirez.—Echáurren, 6.

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Preguntas.

  El soltero nunca espere
Matrimonio contraer,
Si respecto a su mujer
No ha de cumplir sus deberes.
Tienes todos los poderes
Para ser matrimoniado,
I tú mismo la has buscado
Conforme a tus intereses:
¿Por qué entónces la aborrces?
Pregunto al hombre casado.

  Acuérdate, Salvador,
Del crímen que cometiste,
I ahora de negro viste
La gran fama de tu honor
Quizá sin ningún temor.
A esa hora te cegaste,
O de Dios no te acordaste
Si acaso estabas curado.
Hombre de sentido aguado,
¿Por qué a tu mujer mataste?

  Que Dios te libre, Farías,
Si te llegan a pillar,
De que no te hagan pagar
Con esa tu amable vida!
Pues te hicistes homicida
Cuando menos lo pensaste.
¿Por qué no reflexionaste,
Si alguna rabia teías,
Para no quitar la vida
A quien tanto acariciaste?

  Recordarás, hombre indigno,
Que a tu mujer ultimaste,
I su cabeza cortaste
Con espíritu maligno.
Hicistes el desatino
Mas grande de este poblado,
I quizá no has recordado
A tu esposa tan querida,
A quien tanto apetecias
Antes de haberte casado.

  Al fin, al pueblo alarmaste
Con ese crimen horrendo,
I eres reo del infierno
Porque a tu mujer mataste.
Al demonio te entregaste
Con todo tu corazon,
I de Dios no habrás perdon
Al tiempo de fenecer,
Por matar a tu mujer
Con tu mano de dragon.

Nota: para esta décima se usó una tipografía mayor lo cual dejó fuera la cuarteta inicial. Creemos que es una décima glosada y esta es la cuarteta que no enuncia:

Pregunto al hombre casado.
¿Por qué a tu mujer mataste?
A quien tanto acariciaste
Antes de haberte casado.

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Salvador Farías.

     Un hombre, sobre curado,
  A su mujer ultimó;
  El pescuzo le cortó
  Este malintencionado.

  Entre Franklin i Placer
Una pieza éste arrendaba;
Y curado este hombre, daba
En celar a su mujer.
Tenía el veneno cruel
Como un demonio encerrado
En su pecho, i ensañado
Cometió el crimen fatal,
Para hacerse criminal
Este hombre sobre curado.

  Uno que vivia al lado
Sintió un grito lastimero,
Z fué Valentin Quintero,
Que de la occisa es ahijado.
Este se encontró aterrado
Cuando a la pieza entró;
Luego a la calle salió
Diciendo que su padrino,
Para hacerse un asesino,
A su mujer ultimó.

  A dar fé de lo ocurrido
Llega el capitan Rodriguez,
Y ordena que pronto pillen
Al malvado forajido.
Por crímen tan atrevido,
Este asesino feroz
No tendrá perdon de Dios
Y lo habrá de padecer.
Por celos a su mujer
El pescuezo le cortó.

  Este corazon de fiera,
Con el mas pérfido intento,
Cometió el crimen sangriento
De tan horrible manera.
El capturalo se espera.
Mui luego al desbaratado,
Y despues de aprisionado
Que el crimen pague es deber,
Por matar a su mujer
Este malintencionado.

  Al fin, Salvador Farías,
Si lo llegan a pillar.
Su delito ha de purgar
De tan atroz tiranía.
Oh! qué pena sentiria
El hermano o el compadre,
El cuñado o la comadre,
Que al fin parientes tendrá,
Y mucho mas sentirá
Su anciana i querida madre!

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Ejecucion del reo Lobos.

     Ya con la vida pagó
  El que dió muerte alevosa
  A la señora Larrosa
  I varias cosas le hurtó.

  De la capilla salia,
Y a cada paso que daba,
El crucifijo besaba
Con mirada enternecida.
Con una pena crecida
Y rezando en alta voz,
En el banco se sentó
A sufrir la última pena:
Se cumplió en él la condena,
Y con la vida pagó.

  Se desmayaba la jente
Al resonar de los grillos;
Lloraban viejos i niños
Al ver a aquel delincuente.
Gacha hácia el suelo la frente
Con mirada vergonzosa.
Toda la jente penosa
Quedó cuando resonó
La descarga que ultimó
Al que dió muerte alevosa.

  Tambien presenció la jente,
Cuando en alta voz rezaba,
Que sus ojos inundaba
De lágrimas un torrente.
De dolor prueba evidente
Por su accion tan desastrosa.
Y con mano temblorosa
El crucifijo abrazó
El que la vida quitó
A la señora Larrosa.

  Se hincó mui de buena gana
Y esperó la absolucion
Y la santa bendicion
De la relijion cristiana.
Ese dia en la mañana
En oracion lo pasó,
Confesándose con Dios
De su culpa cometida.
Ese infeliz homicida
Que varias cosas hurtó.

  Al fin, Dios ha recibido
La alma de ese pecador,
Depurada en el dolor
Por el castigo sufrido.
Criminal arrepentido,
Ha alcanzado su perdon.
Como en igual situacion
Alcanzólo en el Calvario
Otro infeliz perdulario
Que se llamó el buen ladron.

       JUAN DE DIOS PERALTA.

       Impreso por P. Ramirez.—Echáurren, 6.

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La negativa del reo.

     Nada le sirvió el negar
  El crímen que cometió,
  Porque siempre lo pagó
  Con la pena capital.

  Dos hombres i dos mujeres
Entraron en el partido,
Y el que en él ha sucumbido
Pedro Lobos se refiere.
La justicia en sus deberes
Lo ha sabido castigar;
Y aunque quisiera escapar
Al castigo merecido,
A este feroz forajido
Nada le sirvió el negar.

  Cuando reos los tomaron,
El juez los interpeló,
Y todos a una voz
El atentado negaron.
Pero luego confesaron
Y la sentencia se dió;
Por ella se condenó
A la pena capital,
Y Lobos vino a pagar
El crimen que cometió.

  Los otros tres por razon
Se libraron de la muerte,
Pero los lleva su suerte
A una perpetua prision.
En esa horrenda mansion
Lobos la vida entregó;
A pesar de que negó
Delante de la justicia.
No le sirvió su malicia,
Porque siempre lo pagó.

  Cuando condenado fué
Se postró a Dios humillado.
Dejar de ser fusilado
Ese favor no encontré.
Asi ahora pagaré
Mi delito sin igual;
Como un feroz criminal
Voi a servir de escarmiento;
Y daré mi úlimo aliento
Con la pena capital.

  Al fin, el sabado fuí
En la capilla hospedado;
Y antes de ser fusilado,
Tres dias allí sufri.
Como intranquilo dormí,
Soñé una vez de improviso
Que me llamaba el Altisimo,
Y mis culpas perdonaba,
Y que despues me llevaba
A gozar del Paraíso.

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Versos à lo divino.

     El heróico Matatías.
  Aquel valiente varon;
  Defendió la relijion
  Con cinco hijos que tenia.

  Un dia se dedicó
Ir a ver el falso templo.
I de ver el mal ejemplo
A un judio mató:
I al oficial derribó
Del rei que estaba en seguida,
I el altar que protejia
Con furor lo echó por tierra,
I dió principio a la guerra
El heróico Matatías.

  No tardaron los paganos
En marcharse contra ellos.
Dia sábado a degüello
Le tocaron los tiranos.
I aun como mil cristianos
Quedaron en la nacion.
Muramos con compasion.
Con tiernas voces decia,
Peleando rindió la vida
Aquel valiente varon.

  Siendo Judas elejido
Cuando su padre murió.
Los judios derrotó
Arrojando a los impíos;
Apolonio con sus bríos
I el jeneral Nicanor,
Gorjia a su direccion,
Acudia a Tolomeo
I Judas el Macabeo
Defendió la relijion.

  En otra derrotacion
Que en Dios tuvieron confianza.
I con himnos de alabanzas
Ensalzaban al Señor;
En ayuna i oracion
Lo pasaron todo un dia,
Sus oraciones oidas
Fuéroslo por el Eterno.
Sacudió el yugo del reino
Con cinco hijos que tenia.

  Al fin, Judas Lacabeo
Eleazar i Jonatas.
I otros dos hermanos mas,
Juan i Simon con deseo
Guerrearon con los ateos.
I al mismo Antioco venció.
Cuando vencido se vió
En una batalla leve,
Ninguna paja se mueve
Sin el gran poder de Dios.

       JUAN DE DIOS PERALTA.

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Los hijos de Caco.

     Afirmate, policía,
  Con los hijos de la noche,
  Que marchan a pié i en coche,
  Haciendo mil fechorías.

  Algunos sin trabajar
Quieren manejar dinero,
Estos son los bandoleros
Que andan para patraquear;
Asombran la capital
Matando dia por dia,
I aun sin tomar medida,
Le dan de golpe a los pacos,
Para con los hijos de Caco
Afirmate, policia.

  Aquí hai pillos mui tremendos,
Por el campo hai otros peores.
Esos son los salteadores
De caminos tan horrendos;
Unos dicen no me entiendo
Cuando me tocan a broche,
Les robo hasta que me empoche,
Y pego con arma dura,
Y así no hai cosa segura
Con los hijos de la noche.

  Si se llega a descuidar
Un viviente con su casa,
El pillo con buena traza
Procura luego el robar.
Para esto suelen andar
Antes que la luna entorche,
Para que nadie los roche
Son mas lijeros que un gamo,
Es tal como lo anunciamos
Que marchan a pié i en coche.

  Un pillo se fué a entrar
A la casa de un bachicha,
Yo la sangre como chicha
Tambien la hago derramar;
Y presentando un puñal
Salió a la calle en seguida.
Y con la sangre encendida
Quiso herir al pequenero,
Y andaba este bandolero
Haciendo mil fechorias.

  Al fin estos indolentes
Con sus hechos nada calma,
Y andan trayendo en alarma
Al honrado transusente;
Los crimenes permanentes
Suceden de noche i dia.
Son tantas las fechorias
Que asombran al pueblo entero,
Porque roba el pillastrero,
Hiere i mata a sangre fria.

Impreso por P. Ramirez.—Echáurren. 6. D

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El ventilador de atrás.

     Yo no aguanto el polizon,
  Dijo una mujer casá,
  A las niñas les vendrá
  Pa que ventile el calor.

  La chasquilla es una moda
Y el zapato rebajado,
Que tanto les ha gustado
Y a ninguna le incomoda.
Les parece bien a todas
Yo no sé por qué razon,
Es tan necia la nacion
Por la parte mujeril.
Dijo en mi casa un jentil
Yo no aguanto el polizon.

  Hai otra cierta modita
Que bastante la han lucido:
Media vara anda el vestido
Mas corto que la enagüita:
Esa moda es mui bonita
Cuando la enagua es planchá;
Pero si mugrienta esta
Aparenta un debajero
Que tiene el macho carguero,
Dijo una mujer casá.

  A la que es negra le pica
Si ve una blanca donosa.
Va i compra vinagre de rosa
Y la cara se embotica.
Lo hace así la que es curica
Por darse algún tono mas,
Y la que es aficioná
De unto se cubre las cejas.
Si no les viene a las viejas
A las niñas les vendrá.

  Me he fijado en varias niñas
De las que son descuidadas.
Andan trayendo plateada
La cabeza i la chasquilla;
Y aun de léjos les brilla
En forma de tornasol;
La que es aplicá al amor
Lo encuentra mui conveniente,
Y pa la de sangre ardiente
Pa que ventile el calor.

  Al fin, niñas, he hablado
Mas dénme disculpacion;
Lo pido de corazon
Si es que les haya faltado.
Este sentido malvado
Que con su mala venilla
Se puso a hablar de las niñas
Pero nó de la inocente.
Hablo de las pretendientes
De polizon i chasquilla.

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DRAMA SANGRIENTO
en la Cañadilla.

     Es mui triste i alevosa
  El crimen que ha sucedido
  Mató a la esposa el marido
  En el café de la Rosa.

  El don Francisco Javier
Salinas que sospechaba
Que aun lo traicionaba
Su mui amada mujer;
I para poder creer
Fué al dormitorio de la esposa,
I se vió toda asombrosa
Cuando le sintió los pasos.
Pero que una muerte a hachazos
Es mui triste i alevosa.

  De primera le negaba
De los golpes que él sentia,
I dijo que sucedia
Que las ánimas penaban;
Tanto que la interpelaba
I le dijo a su marido:
Menares es mi querido
I dejarlo no podré:
Por esta contesta fué
El crimen que ha sucedido.

  Despues que él la asesinó
Aun perdió los sentidos,
I quedándose dormido
De un desmayo que le dió;
Como a las tres recordó.
Sin dar parte a lo ocurrido
A un amigo querido
Se le presentó penoso,
I por celos sospechoso
Mató a la esposa el marido.

  A pocas horas despues
El mismo se fué a entregar,
I le dijo al policial:
A mi mujer ultimé,
Pido que me lleve usté
Al cuartel por la destrosa,
¿Dónde habeis hecho esta cosa?
El pacó le preguntó,
I el reo le contestó:
En el café de la Rosa.

  Al fin lo que ha sucedido
Es mui triste i alevoso,
Tan tristisimo i penoso
Entre mujer i marido:
Casi nunca ha sucedido
Un igual acto notado,
Por lo que se ha presenciado
A la razon se nos viene.
A ningun hombre conviene
Ser con su mujer confiado.

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