ESCAPADA
DE UN SOLDADO ANDALUZ

    Cerca de San Sebastían
ostaba de centinela
sin temor i sin cautela
la vispera de San Juan,
mas valiente que Rolan
i con dos metros de pecho,
cuando observé a poco trecho
un toro como un jigante
mas grande que un elefante
que vino hácia mí derecho.

    Yo que en peligro me vi
me meti por un reducto
i por el mismo conducto
salió el toro tras de mí;
cuando yo me vide así
invocando a Satanás,
slgo del reducto i zás:
en una casa cercana
me colé por la ventana
i el toro siempre detras.

    Yo chillando como un loro
me meti por el cañon
de mi fusil ¡maldición!
i siempre detras el toro
amarillo como el oro
cuando recien derretido
cuando me vide aflijido
i el toro me iba a cachar
por un lance singular
me sali por el oido.

    Ya libre de aquel enredo
desde entonces me vi yo:
el toro no me siguió
porque tapé con el dedo:
él para meterme miedo
quiso volver a la treta,
yo le puse la baqueta
con tan fuertes empellones
que le rompí los pulmones,
los dos cachos i la jeta.

    A pesar de que no habia
quien viése esta travesura
fué tan grande la aventura
que se supo al otro dia
en todito Andalucía;
i mi Jeneral contento
al saber tanto ardimiento
en quien era su soldado,
me regaló entuciasmado
la jineta de sarjento.

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CONTRAPUNTO
ENTRE UN VERSERO I UNA NIÑA

    Un muchacho vendedor
que andaba como pelota
endiendo verso en Quillota
innundado de sudor,
fué llamado con primor
por una linda muchacha
tentadora i vivaracha
como el mismo Paraiso,
el muchacho oyó el aviso
i acudió con mucha facha.

    En cuanto llegó el versero
donde la que lo llamaba
a gritos le pregonaba
de sus versos el letrero:
«La muerte de un bandolero,
Un feroz asesinato
Prisión de Pancho Falcato,
Un marido apuñaleado,
Un niño descuartizado,
i El perro que mató al gato.»

    Quedó la niña encantada
del variado material
pero le pareció mal
ver la hoja mui ajada
porque se hallaba arrugada
por el viento del espacio
i le dijo mui despacio,
mientras buscaba sencillo:
pero maldito chiquillo
¿por que lo traes tan lacio?

    El versero que era agudo
i lejos de ser San Pablo
parecia el mismo Diablo
pero mas listo i cachudo,
haciéndosele el lanudo
i que no quebraba un hueso,
con un tonito travieso
le dijo i con su risita:
i usted tambien, señorita,
¿pa que lo quiere mas tieso?

    La niña miró al perverso
i hasta la uña se encendió,
sacó un cinco i le pagó
i se puso a leer el verso
cuando cada cual, disperso
se vió, se hicieron un guiño,
se miraron con cariño
al traves de la campiña
él murmurando: ¡qué niña!
i ella diciendo: ¡qué niño!

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CONTESTACION
A MIS PREGUNTAS

    Según lo estoi recordando
mi primer pregunta fué;
¿en un desierto hará qué
un burro con sol rayando?
Váyase el lector echando,
ya que por poco se asombra
boca abajo en una alfombra,
porque según yo discurro
lo que podrá hacer el burro
en tal caso será ¡sombra!

    La otra de un modo fiel
es esta i a no dudar:
¿cuándo se puede cortar
carne primero que piel?
i aunque parezca un pastel
el hecho es mui hacedero,
porque el diente,  caballero,
viniendo de dentro a afuera
corta carne verdadera
ántes de cortar el cuero.

    La tercera de mas lei
es esta justo i cabal:
¿podrá haber un caso tal
en que cuatro sean seis?
Atención de pije a rei
que ya voi a abrir el teatro
óigan desde el anfiteatro
todos los Pedros i Petras:
teniendo seis cuatro letras
es claro que seis son cuatro!

    La cuarta para acabar
dice así en término mondo:
¿cuál es el tonel sin fondo
que el hembre quiere llenar
desde que empieza a mamar
hasta el fin de su destino?
Leche, cebolla, pepino,
queso, carne i porotada
echa el hombre contra nada
al tonel del intestino.

    Ahora con mucho ahinco
os diré lector querido:
para quedar tan instruido
no es mucho largar un cinco;
el niño se fué de un brinco
pero, según lo recuerdo,
lo pillas aunque no es lerdo
en su casa, si eres listo:
en la calle no te he visto
i en número no me acuerdo.

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REMEDIO
PARA NO MORIRSE

    Lectores os voi a dar,
aunque me trates de niño,
una prueba de cariño
mas profundo que la mar;
si sabes aprovechar
mi consejo con anhelo,
si pones todo desvelo
en conseguirte el remedio,
vivirás por este medio
cien siglos por cada pelo.

    De Europa se embarcaron
cien viejos a la Florida,
tras la fuente de la vida
que los godos ponderaron;
todos juntos se bañaron
buscando vida a su espenza,
i sin inferir ofensa
a su virtud soberana,
a la siguiente mañana
murieron todos de influenza.

    Esta historia, que no bola,
no es historia de ayer,
porque llegó a suceder
en la conquista española;
ocurrió esa batahola
con aquellos ricachones
que vinieron a montones
a prolongar su existencia.
¡Fué aquello buscar clemencia
en la boca de los leones!

    No hai que temer pataleta,
como en el caso que cuento,
con mi prodijioso invento
i mi curiosa receta!
Lo juro a fé de poeta,
que si mi lectora jente
su dificil componente
se lanza luego a buscar,
en cuanto lo logre hallar
va a vivir eternamente.

            RECETA

«Medio diente de Neron,
los ojos del ciego Homero,
dos kilógramos de cuero
del sabio Rei Salomon,
saliva de Napoleón,
del Paraiso una tuna;
todo esto mui en ayuna
se toma, bien triturado
en un crisol fabricado
cen metales de la Luna!!!!

Nota: verso publicado por Rólak, ver.

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A Juanito Romero.

    ¿Con qué fin, chico te metes
Al juego de la pelota
Si no entiendes una jota?
¿Cómo grandes de bufetes?
El que no tenga ribetes
No se meta á versainero;
Siga en el combo de acero
Adopte su vida de ante,
Es mejor no andar errante
¡Pobre Juanito Romero!

    Un dia de madrugada
Se te puso entre las cejas,
Sobre tus mismas orejas.
De cantar como un Taboada.
Con tu mente despejada
La pluma agarraste, fiero,
Escribiendo con esmero
Pero, con una barreta,
E hicistes una cuarteta
¡Pobre Juanito Romero!

    Alguien un día dijiera
Que deseabas encontrar,
Con quien poderte cruzar
Y á tu empuje sostuviera.
Yo te temo como a fiera
Y al verte quizás me muero,
Pero, que escondas espero
Del futre de las Z. Z. Z.,
Tus versos en las maletas,
¡Pobre Juanito Romero!

    Como quien nadie te iguala
Y gran numen que se inspira,
Quisistes buscar la lira
Y te hallastes con la pala.
Y al principiar de la escala…..
No ascendistes ningún cero
Y asi alegre y placentero
Escribes aire con ache,
Sin que ni una alma tache
¡Pobre Juanito Romero!

    Como se hacen los poetas
Si tú quieres aprender,
Por tu empeño en conocer
Al futre de las Z. Z Z.
Si sus lecciones respetas.
Serás poeta el primero,
Cantarás como un jilguero
Que plajía al Ruiseñor;
Enviando en dichas de amor
¡Pobre Juanito Romero!

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El ex-capitan de navío
CÁRLOS E. MORAGA.

    Una envidiable  carrera
Parece que ha concluido,
La de Carlos, el temido,
Que fué de ese mar la fiera;
Nocturna y aventurera,
De cerebro enajenado
El loro del rey, pintado,
Sobrino de Sancho Panza,
Que puesto aquí en balanza
Al Perú llegó espantado

    Las manos muy en bolsillos
Con Sartori, otro valiente,
Se pasean muy decente
Los dos insignes  caudillos.
Bajo frondosos membrillos
Admitando el manzanar;
Pasa delicias sin par
Aquella grande  pareja,
Mansito como una oveja
El que era terror del mar

    En cada viaje un galon
Del Dictador recojia,
Ya las nubes ascendia
Este pobre guapeton.
¡Enorme era ya este leon!
De melena muy inflado,
Con el secretario al lado
Nuevo jefe de fragata,
Que para andar en dos patas
Gran trabajo le ha costado.

    Un día de trasnochada,
Se le ocurrió á este demente
De apresurarse inconsiente
Al Almirante Encalada.
La hora estaba sonada,
Que se iban pronto á inmolar
En las entrañas del mar,
Por este cruel, muchas vidas;
Mientra tenia instruidas
Las piernas para arrancar.

    Por fin, cuando aquí á la vista
Se presentó nuestra Escuadra,
Este quiltro  ni le ladra
No le siguió ni la pista.
La «Condell»  sí, puso lista
Y de carbon la colmó,
Y al diablo se encomendó
Y arrancó fuerte y parejo
Y así esponiéndose el pellejo
Jabonado se escapó

Al pueta Reyes.

    Antes debo preguntarte
Inspirado pueta  Reyes,
Cuando dejastes los bueyes
¿Dónde estabas y en qué parte?
Fuísteis cínico al lanzarte
Con tus versos sin sentido,
Que hieren como aullido
Y medidos con picana;
Tu métrica soberana
Es semejante a un grasnido.

    Dime: ¿qué aprende de tí
Este pueblo soberano,
Si se le ocurre a un marrano
Publicar versos aquí?
Ándate a plantar ají
Al campo, a sembrar el lino,
El alfalfa y el pepino,
La alcanchofa y el centeno,
Y habras entrado de lleno
Al negocio mas divino.

    Si tu entiendes de minero
Ándate en busca del oro,
Donde hoi emigran en coro
Persiguiendo aquel venero;
Y esplorando aquel sendero
Del sur áurea rejion,
Con tu pala y azadon
Luego te harás el mas rico,
No serás Reyes el chico,
Te llamarán, Señor Don.

    Pero si versos te gusta
Escribir, entra a la escuela,
Te aseguro por mi abuela
Que aprenderás sin disputa;
Esto es, si no te disgusta
El consejo que te doi,
Yo, mui preparado estoi
Para seguirte cascando,
Si prosigues ensartando
Tus disparatadas de hoi,

    Contéstame algo siquiera
Y no me eches en olvido,
Por favor, pues, te lo pido
Que pongas tu firma entera.
Echa mano a la cartera
Toma de aquí una leccion
Que te envia tu patron
Para que pueda leerte;
Quien desea conocerte
Con toda tu inspiracion.

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Lei del consejo de Estado.
OBRÉROS Y NO ESCLAVOS.

    Alzaba el pueblo patriota,
Alzaba noble su frente;
Porque era pueblo conciente
Porque no era pueblo ilota.
La cadena estaba rota
De oprobio y humillación,
E izaba libre el pendon
Por sus nobles hijos, bravos,
No era ya pueblo de esclavos
Era la heróica nacion.

    Fuertes brazos en la guerra
La gloria le conquistaron,
Y a su tesoro agregaron
Los preductos de la tierra.
Mas ¡infeliz! hoi se aferra
¡Oh vergüenza! el oligarca,
Como absorviente Monarca,
Dicta leyes de opresion;
Hunde la constitución
La pisotea y la abarca.

    Hoi ya el obrero ilustrado
Al pueblo hablar no podrá,
Porque al instante será
Villanamente apaleado.
Y despues de ser vejado
Tendrá de hambre una racion,
Que le arroje su patron
Porque si, de su salario,
Le habla el humilde operario
Tendrá que pedir perdon!

Al pueblo mas denodado
Una lei atentatoría,
Le agrega para su historia
El gran Consejo de Estado.
Ese Cuerpo Majistrado,
Que a la nacion representa,
El palo y la horca inventa
Para el hombre ciudadano,
Que, con jenerosa mano
Lo sostiene y lo alimenta.

    Tendremos lei del Japon
Y el réjimen de Turquia,
Se violará cada dia
Como allí, por un mandon
Volverá a la sumision
A la órden de los logreros
Arreando mui placenteros
Sin que su crímen fracase
Permitaseme la frase:
A manadas de Carneros.

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Versos de Magallanes y la
Arjentina.

    Conque, asómbrense lectores
De las tremendas noticias;
Espero, pues, las albricias
Voi a ganarlas señores:
Sabreis que los escritores
Del Plata, aquellos titanes,
En amarillos afanes
Y con augusta mollera,
Nos piden una friolera:
El Estrecho Magallanes.

    Pues, no es nada lo del ojo
Lo que piden los rufianes;
¡Nos piden a Magallanes!
Una miseria! el antojo.
¿Y no nos darán remojo
Cuando lleguen a Llanquihue?
¡Qué placer! cuando a Quirihue
Lleguen calzones bordados,
Y todos mui encintados
I con lanza de coligüe.

    Espero, en José y Maria,
Que del cielo a toda costa
Se le envie a la langosta
Una lluvia de lejía,
Y estoi cierto pararia
El vicho de la Arjentina,
Que hoi mete tanta bolina
Haciéndonos mil bravatas
Sigan no mas ¡garrapatas!
Luego tendrán su propina.

    Apretar bien las chavetas
Y no hai cheyes  que aflojar,
Porque aquí quiere topear
El futre de las tres cetas.
Apóyense en las gualetas
Despues que resen un creo,
Atracar parejo y feo
Con la cabeza y la mano;
Hasta que deje el cuyano
Para siempre el pataleo.

    Hoi otra nueva pandilla
Crearon de diez batallones;
Diez mas grandes escuadrones
Para venir a esta orilla.
¡Quien viera esa maravilla!
Quien viera los jenerales,
Que dicen que en los timbales
Amarran los pabellones,
Porque no son mui… tontones
Ni tampoco mui zorzales.

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