El Condenado A Muerte

  En Constitución hoi dia
Un infeliz desgraciado,
A muerte está condenado
Porque asesinó a su tia
Pagará su alevosia
En el banquillo fatal,
Triste suspira el mortal
Con grillos y encadenado
Al ver que está sentenciado
A la pena capital.

  A golpes con un garrote
La hubo de asesinar,
Y ahora le va a pasar
Lo que a Judas Iscariote,
A fin que no se alborote
Le dedico este versito,
Para irmele al pasito,
Con mis ayes lastimeros,
Pidiendo a los Consejeros
Que indulten al pobrecito.

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Reñido Combate en Pencahue
entre bandidos y policiales
y un
Reo condenado a Muerte
en Constitucion
por haber asesinado a una
tia a palos.

  Los policiales salieron
A buscar a los bandidos,
Armados y prevenidos
Iban cuando ya los vieron
Un cruel combate emprendieron
En esa ocasion, señores,
Haciendo esfuerzos mayores
Se principió el disparate,
Y en el reñido combate
Triunfaron los salteadores.

  Tan pronto que los hallaron
Mandó el sarjento hacer fuego
Despreciando el santo ruego
Los bandidos contestaron,
Muchas balas se tiraron
Los picaros y los pacos;
Cual de todos mas bellacos
Fueron en esos instantes
Y al fin salieron triunfantes
En ese entonces los Cacos.

  Los señores policiales
Se vieron bien aflijidos,
Y quedaron mal heridos
En esos momentos tales,
Muchas heridas mortales
Sacaron en la pelea.
Habrá esto quien lo crea,
Si señor, muchos lo creen,
Y yo soi uno tambien
Que tengo la misma idea.

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Heroico combate
ENTRE BANDIDOS I AJENTES DE LA
PESQUISA EN LOS COLIGUES DE VAL-
PARAISO RESISTENCIA DE LOS AJEN-
TES I MUERTE DE TRES BANDIDOS

  El treinta del mes pasado
Sucedió el hecho que cuento,
No crean de que yo invento
El crimen por puro agrado,
El suceso ha resonado
En el puerto i en Santiago.
Yo que harto aborrezco al vago
I desecho sus favores,
Por eso es que a mis lectores
Este recuerdo les hago.

  Cuatro ajentes i un guardian
A los Coligües llegaron,
I ahí noticia tomaron
Tan cierta como verán.
Yo sé dónde ellos están,
Les dijo un campesino,
I creyendo al coligüino
La verdad de lo que pasa,
Resueltos a darles caza
Se pusieron en camino.

  Dentro de un horno se hallaba
Vilche, con sus compañeros,
Como lobos carniceros
Cada uno se preparaba;
Neira tambien se alistaba
Con sus hombres aguerridos,
Estos iban prevenidos
Como buenos defensores,
I en ese dia, señores,
Murieron los tres bandidos.

  No quiso Vilche rendirse
Porque era gran altanero,
Del horno salió lijero
Resuelto para huirse,
Pretendia desunirse
Para poder escapar,
Tres balazos sin tardar
Le pegaron, i él cayó
Con los cuales espiró
I no se alcanzó a volar

  Por último, (álias el Jote)
En Quillota fué apresado,
I hoi se encuentra encarcelado
Tranquilo esperando un dote.
Los grillos no son camote
Como los que ántes comia
Cuando en libertad vivia,
Era un bandido altanero,
I al verse hoi prisionero
Se maldice dia a dia.

Daniel Meneses
Poeta Popular Chileno.—Calle Zañartu, Nº 1070

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PROXIMO FUSILAMIENTO
Del criminal que asesinó al sacerdo-
te en la Comuna de Providencia.
Horrible crimen en Ñuñoa

  El hombre que asesinó
Al fraile en la providencia
En la primera sentencia
Ya el juez lo condenó
A muerte i la sentencia
Ultimamente el fiscal
Se verá en la capital
Talvez mui proximalmente
Marchar a un delicuente
Hácia el banquillo fatal.

  La corte confirmará
La sentencia con valor
Porque al asesinador
No le va a tener pied[a]d
Jamás nunca libertad
Severá ese desgraciado
Por el crímen malvado
Que cometió en hora plena
Le firmará su condena
El gran consejo de estado.

  En poco tiempo veremos
Marchar a ese hombre al banco
Ya verlo servir de blanco
Los honrados correremos
Antes perdon pediremos
Para ese pobre i clemencia
Pero al mirar su presencia
Quedaremos adcirados
Tendrá que ser afusilado
Contestará su eccelencia

  En ñuñoa mis lectores
Sucedió un drama a mi ver
Un hombre i una mujer
Se ultimaron por amor
A todos esos moradores
Conmovió el crímen fatal
Diciendo no hai otro igual
En el mundo ya lo he dicho
Que ha veces por capricho
Se hace el hombre criminal.

  A una quinta llegaron
Los dos en mui buena union
Sin saber porque razon
La vida se la quitaron,
Caro el cariño pagaron
Según el diario contó
Cuando se les rejistró
Todo el cuerpo al doncel
En un bolsillo de él
Una carta se encontró.

  En dicha carta decia
Que nadiee a cul pado,
Esta la esr[c]ibió el finado
Antes de su alevosia,
Cuando llegó policia
Hácia el lugar del suceso
Vió que con eso i sin eso
No habia culpa en el dueño,
Por eso no hizo empeño
De tomar ninguno preso.

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COMPLETOS DETALLES
De la huelga de Antofagasta.
MUERTOS I HERIDOS

  Por cuestión de media hora
La huelga se principió
I al ataque se lanzó
La horda devoradora,
La Empresa esa gran señora
No dió al obrero ese rato
Creyendo al pueblo insensato
No quiso decirle sí,
I yo le digo desde aquí
Bien caro pagará el pato.

  Una descarga sintieron
De recia fusileria,
Por eso entónces ese dia
Muertos i heridos cayeron
Los concurrentes huyeron
Para escapar de la muerte,
¡Jesus! que golpes tan fuertes
Se le dió al pueblo indefenso,
I así principió el comienzo
Para unos con mal suerte.

  En varias casas vecinas
Los huelguistas se ocultaron
De ese modo se escaparon
Con vida de las bolinas,
Esa gran desabatinas
No hai pluma con qué escribirla,
Da gran pena referir
Esas muertes horrorosa
Para no ver tales cosas
Mas importa no vivir.

  Alegan que es el obrero
El que busca la pendencia,
No es verdad digo en conciencia
Quien busca es el estranjero,
No se cansa el usurero
De esplotar al comerciante
Yo como poeta cantante
Aconsejo al gringo loco
Que alivie al pueblo otro poco
Antes que mas se levante.

  Porque solo al empresario
Apoya la autoridad,
I niega la libertad
Al obrero i proletario,
No miran que el millonario
Viene estafándole al pobre,
Hago esta advertencia sobre
Lo que pasa en Chile i miro,
Yo le haré gnerra al vampiro
Mas que no gane ni cobre.

  De la ajencia «La Chupalla»
Un incendió principió,
I rápido se estendió
No encontrando en nada valla,
Cuando ya digan malhaya
Malhaya lejos va estar,
Lo mejor es arreglar
Tranquilamente el asunto
Porque estando el pueblo junto
Mas cara les vá acostar.

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COMPLETOS DETALLES
Del gran incendio del Teatro
San Martin

  Un incendio colosal
Hubo en Santiago, i no niego
Pretendió abarcar el fuego
A toda la capital,
Las bombas en jeneral
Hácia el incendio llegaron
Al elemento atacaron
Tenazmente i sin reproche
Pero esa sola noche
Varias casas se quemaron

  El Teatro de San Martin
Se incendió no por intento
I el gran voraz elemento
A la función le dió fin
Se armó la de San Quintin
Entre los de galeria,
La campana en ese dia
A fuego, a fuego tocaba
I haber lo que allí pasaba
Mucha jente concurria.

  Grande fué la confusion
Que se vió en la concurrencia,
Todos pedian clemencia
Al Dios de la Creacion;
Se oyó la lamentacion
En la jente que allí estaba,
La llama los abrazaba
Para hacerlos perecer,
I hasta yo quise correr
A ver lo que se quemaban.

  La prensa cuenta no ha dado
De los que allí se quemaron
Todos los diarios callaron
I al público se ha engañado,
Que tanto habrán ganado
Con mentirles a los lectores,
Unos que fueron, señores,
Me lo han dicho a la lijera
Que ellos oian de afuera
Los ayes i los clamores.

  A ver la calamidad
Del incendio vorazmente
Se vio que legaba jente
De todita la ciudad!
Yo escribiendo la verdad
Se las cuento en esta plana
Con entuciasmo i con gana
Despreciando el santo fuego
Se oia tocar á fuego
De la bomba la campana.

Nota: El incendio del Teatro San Martín fue en febrero de 1906 (Revista Zig Zag, N.55, 4 mar.1906).

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El marido
QUE ASESINÓ A LA MUJER EN LA CALLE
DE CASTRO

  Ahora paso a contar
Un crímen mui horroroso
Que cometió un ruin esposo,
Por que sirva de ejemplar
Si en algo llego a faltar,
Disculpa, lector formal.
El marido criminal,
Con una furia espantosa
Victimó a su bella esposa
Con un agudo puñal.

  En calle de Castro fué
El hecho que les comento;
Talvez dirán que aumento
I que soi de mala fé;
No, lector; te contaré
Todo con facilidad.
Esta enorme novedad
La pruebo al son de mi lira;
Si me dicen que es mentira,
Es la purita verdad.

  Al fin, en estos renglones,
Digo al darlos impresos:
Están los hechores presos,
Son pares i no son nones.

DANIEL MENESES
POETA NORTINO, Morandé, 8-A

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Muerte de un guardian
EN LA CALLE DEL PUENTE

  A un guardian de servicio
Que estaba en la calle del Puente,
Un bandido impertinente
Llegó i lo llamó a juicio.
Iré buscando el resquicio
De la vida de ese caco.
Por lo diablo i lo bellaco,
Desde el momento nombrado
Se llevó preso amarrado
Como mazo de tabaco

  Dos trabaron la pendencia
Furiosos como Satan,
I corrió el pobre guardian
A evitar la insolencia.
Silva llegó con urjencia
Donde el noble policial;
De una manera formal
Aquel rotillo imprudente
Le enterró de un de repente
En el pulmon el puñal.

  Cayó al suelo desplomado
Boca abajo el pobrecito
I el asesino maldito
Arrancó desesperado;
Por los guardianes fué hallado
En el momento preciso;
I al juez le digo en mi aviso,
Escribiendo claro i franco,
Que lo haga pasar al banco
Por el gran crimen que hizo.

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Gran crímen en Valparaiso
EL HERMANO QUE LE DIÓ MUERTE
AL OTRO HERMANO A PUÑALADAS

  Un hermano a otro hermano
Allá en Valparaiso,
Le dió muerte de improviso,
Imitando a un pagano;
Este crímen inhumano
Mi pluma aquí lo relata;
La suerte está tan ingrata
Les pruebo aquí con sorpresa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  En el Restaurant Iquique
Fué el crímen mencionado,
El cual lo doi publicado
Aunque el hechor se pique.
Lo tengo que echar al dique
Para ver si gano plata;
La hoja vendo barata
Porque harto me interesa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Le pegó el mui atrevido
La puñalada, sé yo,
I con la cual lo mandó
A la mansion del olvido;
Quedó en el suelo tendido
El finadito, de guata,
I aun no menió ni pata
Mucho ménos la cabeza;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Se apellidaban Valencia;
¿No es verdad, caro lector
Que el menor mató al mayor
Con ira i con gran violencia?
I por su enorme imprudencia
Una cadena se le ata,
A los piés; si se desata
Llevará otra mas gruesa;
Que la jente de pobreza
Una con otra se mata.

  Por fin, yo digo, es decir,
Al juez i al señor fiscal,
Que aquel que mata a puñal,
A bala debe morir;
Ya no se puede vivir
Por tanto bandolerismo;
En el borde del abismo
Estamos en la ocasion;
¡Muera la coalicion!
el ¡Viva liberalismo!

DANIEL MENESES
POETA NORTINO, Morandé, 8-A

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La horrible catástrofe
EN LA LAVANDERIA INTERNA-
CIONAL CUATRO MUJERES
MUERTAS INSTANTANEAMEN-
TE.

  Lo de la lavandería
Voi a narrarlo con pausa.
I daré a saber la causa
En mi bella poesía.
Mucha jente en ese día
Corrió a ver lo que pasaba
I una mujer que allí estaba
Con una mirada fija,
Era la madre por su hija
Que sin consuelo lloraba.

  La infeliz, según pensar,
Presenciando los despojos
Ya no tenia en sus ojos
Lágrimas para llorar.
Era triste al contemplar
Aquel cuadro aterrador
De ver que con gran dolor
Los escombros escarbaba,
I su amada hija no hallaba
Mas aumentó su dolor.

  El primer dia, por suerte,
Llevó la madre a Julita,
Sin pensar la pobrecita
Que iba a encontrar la muerte.
Esta verdad no divierte
Digo, triste i sin atajo,
Solo ese dia al trabajo
Fué Julia alegremente.
Cuando de un de repente
La pared se vino abajo.
  La primera Comisaría
Mandó al punto guardianes,
Los cuales con mil afanes
Escarbaron ese dia.
Con la mayor sangre fría
El trabajo principiaron
A lo poco que cavaron
Causando al público asombro
De los inmensos escombros
A Dionisia la sacaron.

  Llegó el señor Intendente
I ordenó desenterrar
A los muertos sin tardar
Los sacaron puntualmente.
Presenciaba esto la jente
Con el alma entristecida;
Completamente herida
Encontraron a Felicia.
Sin dar la menor noticia,
La estrajeron en seguida.

  La causa de esta desgracia
Dice, que fué el Comisario,
Públicamente en el diario
Se cuenta con eficacia.
Que dice «La Democracia»
De esto que pasó no sé,
Cuando mas noticias dé
La prensa en lo que ya hablaron;
Las últimas que sacaron
A Julia i Felipa fué.

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