Verso histórico

    Yo cumpliré mi destino
Dijo Jesus inocente,
Los azotes a los niños
Para enseñarlos a jente.

    En precio de treinta reales
Fué vendido el Salvador,
Aquel divino Señor
Tomó sus penas mortales;
Empezaron a arrastrarles
Hallándolo en el camino,
Les dijo el Verbo Divino
A Judas le dió un abrazo;
Para que logres tus pasos
Yo cumpliré mi destino,

    Setenta i dos espinas
De corona le pusieron,
En el instante vertieron
Su sangre pura i divina.
Su santa lei lo imajina
Para ser condescendiente,
Las custodias tan cruelmente
Sin detenerse un segundo;
Mi reino no es de este mundo
Dijo Jesus inocente.

    Tando el Señor orando
Sus discipulos queríos
Divisaron los judios
Que a él lo andaban buscando.
Judas el que va entrando
Con los feroces rapiño
Tuvieron el descrutiño
Los soldados i el Mesía
Darle el Señor les decia,
Los azotes a los niños.

    Con una caña en la mano
Lo llevaron a Pilato
Los hijos del pueblo ingrato
Se le mostraron tirano;
Lo trataban como insano,
Con insultos de repente;
El juez se mostró doliente
Viendo aquel manso cordero,
Murió Jesus verdadero
Para enseñarlos a jente.

    Por fin aquel juez romano
Amparado de Tiberio
Gobernador del imperio
Bajó i se lavó las manos;
Dijo que quedaba sano
De la terrible sentencia;
Ya el pueblo sin paciencia
Taba esperando a Jesus,
El Señor tomó la cruz
Con humilde reverencia.

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Verso histórico

    Se lamentó Jeremías,
Los israelitas fueron,
En sitio a Jerusalen,
Los babilonios pusieron.

    Bajó el profeta a decir
Cargado con la cadena,
Dando indicios de la pena
Lo que el pueblo va a sufrir.
A palacio hubo de ir
Donde estaba se decía,
Ciego el rei permanecia
I su sobrino Ismael,
En la plaza de Israel
Se lamentó Jeremías.

    Los Faraones aliados
Junto a los amonitas
Tambien los amalecitas
Todos fueron derrotados,
I Jerusalen saqueado
I los pocos que vivieron
Al templo se reunieron
Haciendo las ceremonias,
Cautivos a Babilonia
Los israelitas fueron.

    Al Nabucodonosor
Las noticias le llegaron,
Sus ejércitos marcharon
El aliado avanzador
Lo atacaron con valor
Los ejipcios ya se ven,
Derrotados con desden,
Mandó el rei Asirio fueran
I que pronto le pusieran
En sitio a Jerusalen.

    Entró el jeneral Asirio
I a degüello se tocó,
Pronto la espada sacó
Para darles el martirio;
Sin tener ningún susirio
A Jerusalen vencieron,
La ciudad la recorrieron
Toda la jente sufria,
Cadenas a Sedesías
Los babilonios pusieron.

    Por último los despojos
Sedesías capturado,
El rei Asirio enojado
Mandó sacarle los ojos;
Con esto quitó el enojo
Dejándolo ciego vivo,
Lo destrozó con motivo
El pueblo hizo ceremonia,
Padeciendo en Babilonia
Setenta años cautivo.

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Ponderación del poeta

    Soi del tesoro brillante,
Soi aroma de las flores,
De diferentes colores
Se quitó el brillo el diamante.

    Soi arroyo cristalino
De los jardines aroma,
Luego que la aurora asoma
Yo soi el cristal mas fino.
Entre delicias camino
Sin detenerme un instante,
Las aves solicitante
Gorjean con gran reposo,
En los prados mas hermoso
Soi del tesoro brillante.

    Yo soi consuelo del triste
Tambien el hermoso lirio
Con su verdor sin susirio
En blanco color se viste,
En los campos que ya existe
Espárramos tricolores
Se vuelan los ruiseñores
Encima de los jazmines,
Yo entrando en los jardines
Soi aroma de las flores.

    En los lindos prados hallo
Verjeles para pasearme
Tan solo para elojiarme,
El sol estiende sus rayos
Con la calandria me ensayo
I pájaros voladores,
A las montañas mayores
Volarán los jilguerillos,
Se juntarán pajarillos
De diferentes colores,

    Yo soi el topacio claro
El azulado jacinto,
Formando gran laberinto
Delante del sol me paro.
Mis colores son tan raros
En todo salgo triunfante,
En los lugares distante
Donde se hallan riqueza
Tan solo con mi belleza
Le quito el brillo al diamante.

Por último, mil luceros
Nunca me puede igualar,
Al verme suelo apagar
Sus rayos tan lisonjeros.
Es verdad lo que refiero
Hablando la verdad pura,
Como es tanta hermosura
Que nadie se habrá fijado,
I cuando estoi arreglado
Soi como la noche oscura.

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PREGUNTAS I RESPUESTAS

Mostrar no quiero el portillo
Que has abierto aquí en mi pecho
Con tu olvido i tu desden,
Cara de capacho viejo.

    —¿Por qué, prenda idolatrada,
Delante de mi está muda?
Quieres a otro sin duda
I mi presencia te enfada.
Dime: ¿por qué tan callada
Estás cuando mas me humillo
I mi amor puro i sencillo
Te declaro? — Porque un diente
Perdí, i a un impertinenee
Mostrar no quiero el portillo.

    —¿Por qué, si en otra ocasion
De tu amor cojí la palma,
Me miras con fria calma
I sin ninguna aficion?
—Porque roto el corazón
Me dejaste, i trizas hecho
De otra cosa un largo trecho:
I por eso es que hoi, sentida,
No quiero veas la herida
Que has abierto aquí en mi pecho.

    —¿Por qué con grande injusticia
Besos i abrazos me niegas
I hasta a negarme al fin llegas
La mas sencilla caricia?
—Porque tú con tu malicia
Me pillastes en Belen,
Subistes luego al maiten,
I despues de haber subido,
Me dejaste el pecho herido
Con tu olvido i tu desden.

    —¿Por qué nunca a pasear vas
Ni siquiera vas a misa,
I engordando tan de prisa
I tan disparejo estás?
Carne no comes jamás,
I, por mas que yo forcejo,
No pruebas el vino añejo.
Por qué estás, pues, tan cambiada?
—Porque estoi embarazada,
Cara de capacho viejo!

    —¡Oh! qué placer! qué alegría!
¡Oh! cuánta felicidad!
Pero, dime la verdad:
¿Esa criaturita es mia?
Si lo fuera, yo sería
El mas dichoso viviente.
Responde inmediatamente:
¿Es mia?— Yo soi su madre….
Si tú quieres ser el padre,
No hai ningún inconveniente….

                                   El Pequen.

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ARREPENTIMIENTO
DE LOS BOLIVIANOS

Parece que arrepentidos
Están ya los bolivianos.
I si ellos hacen las paces,
¿Qué van a hacer los peruanos?

    Las noticias que han llegado
Del Norte, se sabe ya
Que Bolivia pronta está
Para firmar un tratado.
Bastante ya han tunanteado
Esos necios i perdidos.
De los Estados Unidos
No esperan intervencion
Por eso piden perdon
Parece que arrepentidos.

    No tienen armas ni tropa,
I los pocos militares
Que hai en aquellos lugares
Andan a pata i sin ropa.
Nadie prestar en Europa
Quiere un chico a esos marranos,
Que tienen con ambas manos
Que tapar su inmundo cuero.
Con el agua hasta el gargüero
Están ya los bolivianos.

    Muchos pillos sin conciencia,
Solo por hacerse ricos
Azuzaban a los cuicos
A una inútil resistencia.
Pero una amarga esperiencia
Ha enseñado a esos rapaces
Que se hunden si son tenaces,
I que al fin serán nacion
Si les damos el perdon
I si cllos hacen las paces.

    ¿El Perú en qué pensará
Que hacer las paces no quiere?
¿Vivir comiendo prefiere
El pan que Chile le dá?
¿Aun esperanza tendrá
De que sus demas hermanos
Al fin le tiendan las manos?
¡Pobre! si nadie te alivia!…
Hecha la paz con Bolivia,
¿Qué van a hacer los peruanos?

    El Perú es un pueblo hundido
Que no habrá de renacer….
¿Qué podrán ellos hacer
Si la vergúenza han perdido?
No les queda otro partido
Que juntarse con su aliada
I a nuestros piés humillada,
Decirnos: «Pequé, pequé!
¡Oh! Chile! perdonamé
Porque soi mui desgraciada?

                                   El Pequen.

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ARANCEL

Por una mirada, un peso;
Por una sonrisa, tres;
Por un beso, un condorito
Me cobró la bella Inés.

    Inés es una persona
De unos ojitos tan vivos
I tan llena de atractivos
De los piés a la corona,
Que el alma se me aficiona
I me pongo medio leso.
Yo de rogarla no ceso;
Pero ella no se decide.
I es tan carera que pide
Por una mirada un peso.

    Son percances mui fatales
Los que le pasan a un pobre
Que anda sin plata i sin cobre
Los treinta dias cabales
Del mes; yo los ocho reales
Junté al fin en todo un mes,
I una mirada a mi Inés
Compré i le dije: — Inés mia;
¿Cuántos pesós pediria
Por una sonrísa? —Tres.

    Junté las quince chirolas,
I al dárselas [y]o vola[ndo]
Me dió una [so]nrisa c[uan]do
Estuve con ella] a so[las]
De gusto di [mi]l cabriolas
I con calor infinito
Le dije: —Dáme un besito,—
I ella, llena de rubor,
Dijo: — Yo cobro, señor,
Por un beso un condorito.

    Por fortuna para mí,
En caso tan apretado,
De un tio muerto intestado
Una herencia recibí.
Al punto me dirijí
A donde ella i mui cortés;
Puse un cóndor a sus piés
I me dió el deseado beso.
De veras que con exceso
Me cobró la bella Inés.

    Despues le pidí otra cosa
I de balde me la dió….
I hasta hoi me estraño yo
Que fuese tan jenerosa
Ella al presente, amorosa,
Me da sonrisas i besos
Que deja en mi boca impresos
Con sus labios delicados.
¡Vamos! fueron bien gastados
Aquellos catorce pesos!

                                   El Pequen.

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CONTRA EL CALOR

¡Jesus! qué calor tan grande!
Estoi que ya me derrito.
El remedió está en la mano:
Sirvase usted un traguito.

    ¡Ai! qué calor ¡Dios Eterno!
Parece que están abiertas
De par enpar las mil puertas
I ventanas del Infierno….
¡Váyase el verano a un cuerno
Antes que al Diablo lo mande!
Por mas que uno en cueros ande,
Anda lo mismo que un pato
Esclamando a cada rato:
¡Jesús! qué calor tan grande!

    Por no bañarme en sudor,
Pues sudo que es maravilla,
Quiero dormir sin costilla,
Pero todo es para peor.
Siempre el maldito calor
Me tiene a toda hora frito.
Un cordial yo necesito:
Ya no aguanto mas, lectores,
Porque con estos calores
Estoi que ya me derrito!

    Llega un compadre a mi casa
I con él llega el consuelo.
De uno arrimadito a hielo
Un buen vasito me pasa.
Ponche i mas ponche sin tasa
Bebo i nó como cristiano,
Hasta que olvidé el verano
I bien fresquito quedé;
Lo mejor del caso es que
El remedio está en la mano.

    Si a una bonita muchacha
Le oyes decir de algún modo
Que le está sudando todo,
Es decir, hasta la cacha,
Pónle la cara mas lacha
I díle mui despacito:
Si este calor tan maldito
La tiene con calentura
Acépteme una frescura;
Sirvase usted un traguito.

    Si ella pierde la vergüenza
I acepta tu invitación,
Al momento i de rondon
Con tus frescuras comienza.
I si ella al fin se te trenza
I se deja hacer cosquilla,
Ya verás qué maravilla
Es mi remedio, lector!
Solo quitan el calor
Un trago i una chiquilla!


                                   El Pequen.

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CONTESTACION
A BERNARDINO GUAJARDO

    Conductora soi, señor,
Gracias a Dios i a la empresa.
Si a usted le pesa mi suerte,
A mi nadita me pesa.

    «Dice usted que los mocitos
Intrusos i casquivanos
Con un apreton de manos
Nos pasarán los quintitos.
Mas, yo le diré que a gritos
Denunciaré con furor
Al que me falte al pudor
O me quiera enamorar.
P[ara] hacerme respetar
Conductora soi, señor.

    «Que no habrá riñas le juro,
Mí señor don Bernardino,
Porque, si un futre cochino
Nos pone en algun apuro,
Le daremos fuerte i duro
I como perras de presa
Lo volveremos pavesa,
Para que no insulte a jente
Que trabaja honradamente
Gracias a Dios i a la empresa.

    «Dice usted que si una fea
Nuestro empleo tambien toma
Van a hacerle mucha broma
Por mas que una santa sea.
Que eso pase no lo crea,
Pues mi modestia le advierte
Que soi fea, i al que acierte
A mofarme sé decir:
«Déme usted con qué vivir
Si a usted le pesa mi suerte.»

    «Yo no me ando con tapujos
I, aunque una pobre mujer,
Ningún daño me han de hacer
Ni los duendes ni los brujos.
No bastarán los influjos
De cierta jente traviesa
Para hacerme a mí la lesa
I darme frutos de amor
Si a otras les pesa el honor,
A mí nadita me pesa.

    «Al fin, si fuera bonita,
I graciosa i zalamera,
I trabajar no quisiera
I quisiera echar guatita,
Admitiera la visita
De algun viejo ricachon
Cambiando la situacion.
Prefiero ser conductora
I no vivir de señora
En la calle del Pilon.»
                                   Una conductora.

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EL BURRO
DE LA CALLE AHUMADA

Le dijo el burro a la burra:
¡Ai, que desgraciados somos!
A cada momento, palos
Por la tuza i por el lomo!

    En la caja del Mapocho
Con una her[mo]sa borrica
A medio dia [  ]ca
Un borrico or[  ]-mocho,
—Hace tiempo que trasnocho
Sin que hasta ahora discurra
Por qué nuestro amo una zurra
Nos dá en vez de darnos pasto…
¡Oh! qué injusticia! ¡canasto!—
Le dijo el burro a la burra.

    —Amigo, tienes razon;
La burrita le contesta.
Digna de lástima es esta
Tristísima situacion.
De humano nuestro patron
No tiene siquiera asomos,
Pues nos maltrata los lomos
Por la faltita mas leve
Que uno a cometer se atreve.
¡Ai! qué desgraciados somos!

    —Trabajando todo el dia
Siempre estamos con afan;
Sin embargo, no nos dan
Ni cáscaras de sandía.
Mas bien caballo sería.
Aunque fuera de los malos,
Que hasta reciben regalos
Si son ingleses i potros,
Miéntras tanto que a nosotros
Acada momento, palos!

    —Llega a tal punto el rigor
Con que nos tratan los amos,
Que los burros no gozamos
Ni del placer del amor.
Si alguno con el calor
Se pone como un palomo
Que ha tomado cardamomo
I a una burra le dá abrazos,
Le dá el amo de pencazos
Por la tuza i por el lomo.

    —En tan deshecha borrasca
No es posible ningún goce.
Hasta por cantar las doce
Nos atracan con la huasca.
Uno, callado, se rasca
I se hace ovillos i roscas
Cuando con sus manos toscas
Nos dá el amo trilladuras,
Para que en las mataduras
Tengan qué comer las moscas.

                                   El Pequen.

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SUICIDIO
EN LA PENITENCIARIA

Manuel Velasquez Saavedra
Se llamaba el desgraciado
Que en su celda solitaria
Se ahorcó por sus propias manos.

    Recordarán mis lectores,
Según la prensa relata,
Que allá en las Vegas de Itata
Entre varios malhechores
Cometieron mil horrores,
Cuya relacion arredra
Al corazon mas de piedra.
Entre otrós, como asesino,
A Santiago tambien vino
Manuel Velasquez Saavedra.

    Nadie aún talvez olvida
Que a unos cuatro fusilaron
I que su crímen pagaron
Con la pena merecida.
Otros salvaron la vida……
Si, digo que la han salvado,
Ménos Manuel que se ha ahorcado
I que entre su parasismo
¡Pantera! ¡tigre! a si mismo
Se llamaba el desgraciado.

    Siempre de noche i de dia
El feroz re[mo]rdimiento
Mirar a cada momento
A sus víctimas le hacía.
En vano al Señor pedia
En incesante plegaria
La paciencia necesaria,
Pues creia estar ¡qué horror!
En el Infierno mejor
Que en su celda solitaria.

    Un dia, por fin, despierta
Con la idea del suicidio:
Para salir del presidio
Una puerta hai solo abierta……
De los fierros de la puerta,
Que están del suelo cercanos,
Hizo esfuerzos sobrehumanos
Para sus medias colgar,
Conlas que, sin titubear,
Se ahorcó por sus propias manos.

    Tomen ejemplo los mozos
De este pobre criminal
Que por la senda del mal
Quiso seguir sin embozos.
En oscuros calabozos
Irán a pasar los años
Los que por fines estraños
Procuran su bienestar,
Sin saber que han de encontrar
Penas solo i desengaños.

                                   El Pequen.

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