Lira popular del siglo XIX

Las liras publicadas en Chile desde fines del siglo XIX a inicios del siglo XX.

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FUSILAMIENTO
DE LOS ASESINOS DE SAN JUAN
DEL PERAL

Colección Lira Popular de la Universidad de Chile

Autor: Nicasio García
Impresor: Sin información
Tamaño: 21,4 x 29,2 cm
Clasificación: 411 G216f Caja N°1b

  • Fusilamiento de los asesinos de San Juan del Peral
  • Los reos en el banco
  • Para un ángel
  • El árbol feliz

Nota: Este ejemplar tiene escrito a mano con lápiz rojo “411”

Un verso al azar

  • La fiera malvada

    RELACION del horroroso caso que sucedió en el pais de Jerusalen, de los estragos que hizo una fiera llamada ANIMAL SILVESTRE cuya forma era como la presente lámina, por la cual toda la jente estaba atemorizada al ver que se perdian muchas personas i toda clase de animales, i por último se descubrió, como verá el curioso lector.

        Préstenme su bendición
    Jesús i su madre santa
    Para hablar de un monstruo atroz
    Llamado Fiera Malvada,
        Formado segun se ve
    Su retrato en esta estampa:
    Las orejas de caballo,
    La boca como una vaca.
        Dos cuernos en la cabeza,
    Tambien alas que volaba,
    Vestida como tortuga,
    I no le entraba bala.
        Piernas i patas de gallo,
    Asperones como daga.
    Dos alas cual las del pez
    Dos palmos i medio largas.
        I los dedos de sus piés
    Como ganchos de romana,
    Como alfileres el pelo.
    La cola como una lanza.
        Hiere con los asperones,
    Con la cola, i cada arpada
    Era capaz de romper
    A un hombre las espaldas.
        Tenia cuando fué muerta
    Mas de diez palmos de larga.
    De la cola cuatro i medio.
    Los cuernos como una cabra.
        Alzábase quince palmos
    Al aire cuando volaba;
    I parecia un demonio,
    Con gritos que horrorizaban.
        Mucha jente se ha comido
    En aquella Tierra Santa.
    Reino de Jerusalen.
    En una Tierra mui aspera.
        Se llama el Monte del Viento,
    A doce horas de largada;
    I por todo aquel contorno
    La jente estaba espantada.
        Desaparecido habían
    Personas en abundancia,
    Pasajeros, i tambien
    Labradores de su ca a
        Todos están aturdidos
    Por tanta jente que falta:
    Una vez que son perdidos.
    Ni vivos ni muertos se hallan.
        Cuando Jesus fué servido
    I la Virjen soberana.
    Un dia la descubrieron
    Dos soldados que pasaban.
        Al hallarse dentro un bosque,
    Bajo una peña mui alta,
    De una cueva les salió
    La dicha fiera malvada.
        Con una especie de ahullidos
    Que a los caballos espantan,
    I pasmados los soldados
    Ambos sus armas disparan.
        No le hicieron ningún daño,
    Pues que aun mas indignada,
    Saltando sobre un caballo.
    Lo destrozó de una arpada.
        Su compañero escapó
    En la bestia que montaba,
    Que corria mas que el viento,
    Hasta que fué a la posada.
        Llegó mui pronto el soldado
    A Urben, ciudad afamada,
    Donde llora amargamente
    Toda la jente admirada.
        Como si estuviese muerto
    I con su cara mui blanca,
    Un señor le presentó
    Una bebida mui guapa.
        Prontamente volvió en si,
    Cobró color en la cara,
    I entonces les esplicó
    Aquella triste desgracia.
        Mui luego le acompañó
    Un sarjento hácia la casa
    Del señor Gobernador.
    Que estaba cerca la plaza.
        Refirióle todo el hecho
    De aquella bestia malvada,
    Que mató a su compañero
    En un bosque en la montaña.
        A mas tambien le esplicó
    Del modo que era formada,
    Que volaba i que su pelo
    Como vidrio le sonaba.
        Prontamente discurrieron
    Los que estaban en la casa,
    Que la jente que se pierde
    Esta fiera se los traga.
        El señor Gobernador
    Incontinente les manda
    Vayan todos los soldados
    I la jente bien armada.
        Se fueron muchos paisanos.
    Mas de quinientos con armas,
    También jente de a caballo
    I veinte carros con viandas.
        El soldado que escapó
    De los demas se adelanta;
    Cuando llegaron allí,
    Se pusieron de parada.
        Al instante los tambores
    Tocaron a jenerala.
    I aquel monstruo les salió
    Con gritos que horrorizaban.
        Embistió como un león;
    Le dan descarga cerrada;
    Pero nadie la mató
    Ni la hirió ninguna bala.
        La fiera mató cincuenta
    Con asperones i arpadas,
    Y noventa dejó heridos
    Con sus poderosas garras.
        Pronto la caballería
    Puso la mano a la espada:
    Pero no pudo embestir
    Por ser la tierra mui áspera.
        Despues se les separó
    Fuera el bosque en tierra llana;
    I habia un hombre a caballo
    Que llebava una gran lanza.
        Al cabo de un largo rato
    Embistióla con su lanza
    Metiósela por la boca,
    Y hasta el vientre le pasaba.
        La boca como un dragón
    Abria mientras volaba;
    Hasta que murió rabiando
    Aquella fiera malvada.
        El hombre que la mató,
    De tan alegre que estaba,
    Nada bebió ni comió
    Hasta que fué a la posada.
        Los muertos los enterraron
    Allí en la misma montaña,
    Y a los heridos curaron
    Cirujanos de gran fama.
        Los que no se hicieron daño
    Tuvieron dicha sobrada.
    Y contentos regresaron
    A Urben, la ciudad mui guapa.
        La fiera se la llevaron
    En un carro bien guardada
    Custodiada por soldados,
    Que nadie fuese a tocarla.
        Llegaron a la ciudad
    Puesto ya el sol, i a la casa
    Del señor Gobernador
    Se fueron a presentarla.
        El señor Gobernador
    Mandó que en medio la plaza
    Le hiciesen un buen tablado
    Y alli pudiesen mirarla.
        Por los pueblos i ciudades
    De toda aquella comarca,
    Por todo hicieron pregones;
    Quien quiera verla alli vaya.
        Ocho dias la tuvieron
    Sobre el tablado en la plaza,
    Que todo el mundo la viese
    Del modo que era formada.
        Tanta jente acudió allí,
    Que nadie hallaba posada
    Ni viandas para comer
    Con dinero se encontraba.
        Monstruo que hiciese mas daño
    No le vió persona humana
    Mostrándola a todo el mundo,
    Siguen a Francia y España.
        Puden perdonar, lectores;
    La leyenda es acabada:
    El hombre que la mató
    Tiene una renta ganada.

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