Lira popular del siglo XIX

Las liras publicadas en Chile desde fines del siglo XIX a inicios del siglo XX.

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EL ENVENENAMIENTO
DE UN BOTICARIO

Colección Lira Popular de la
Universidad de Chile

Autor: Rólak.
Impresor: Sin información
Tamaño: 27,5 x 37,2 cm
Clasificación: 781 R774e Caja N°6a

  • El envenenamiento de un boticario
  • La alianza brasilera
  • A un mal juez
  • El rey Nabuco convertido en buey
  • El llanto del pajarito
  • Degradación del sub teniente N[ ]

Nota: Este ejemplar tiene escrito a mano con lápiz rojo “781”, texto manuscrito:”Este verso es acrostico”.
Documento optimizado digitalmente.

Un verso al azar

  • Sigue el diálogo<br>ENTRE EL ROTITO DEL SUR I EL DEL<br>NORTE.

    El del norte.—Digame mi amigo arri-
    bano, acábeme de contar todo el escán-
    dalo policial, que me precisa el saber.

      El del sur.—Amigo, de lo que me
    dice que le diga no tengo inconveniente
    en contarle todo, el tal Money, como le
    dije que habia salido en libertad bajo
    de fianza, creo que ha quedado paseán-
    dose por las calles, libre i dándose el
    tono que se dá todo honrado, i al pro-
    ceso le habrá echado tierra el juez su-
    mariante; han hecho con este escándalo
    lo que hacen los gatos que tapan con la
    manito lo que botan por mala parte,
    porque en los diarios no he visto toda-
    vía la sentencia firmada ni por el juez
    ni por los ministros de la Corte hasta
    hoi 9 de Febrero, mas me creo que esto
    va a quedar para calladito; este asunto
    viene a ser lo mismo que los pleitos de
    casados, que parace en lo que se
    dicen fueran a quedar mal para siem-
    pre, lo cual que si pelean en la mañana
    en la noche quedan bien.

      El del norte.—Verdad mi amigo lo
    que me dice porque el señor Avila Mo-
    ney es empleado público, porque era
    comisario i hombre bien acreditado i
    bien relacionado con los señoritos de
    la aristocracia i no es justo castigar a
    un empleado de la talla del señor Mo-
    ney, por eso me creo que el señor juez
    del crímen que le toca sentenciar en
    en este crímen se ha hecho desenten-
    dido; es la opinion del pueblo talvez:
    pero yo soi de parecer que no esa sí
    porque el señor Mátus es un hombre
    serio i recto para castigar a los delin-
    cuentes que caen en sus manos; mas
    cuando son ladrones i asesinos, porque
    si el señor Mátus no dicta sentencia
    castigando a estos criminales, es decir
    que se hace amparador de los hombres
    malos i eso no mandan las leyes; las
    leyes deben ser parejas, porque hai
    un dicho la lei pareja no es dura; en mi
    opinion soi de parecer que asi como los
    jueces son tan cumplidores en la leyes
    para con los pobres, deben de ser igual
    para con para con los ricos, así si que me gusta-
    rían las autoriadades chilenas; entónces
    no se verian tantos escándalos en nues-
    tra clase menesterosa sino mas que por
    ser pobre.

    El del sur.—Paulino, espero que no
    ha de ser tal como tú dices en este es-
    cándalo policial; han de castigar a es-
    tos malos hijos de Chile, para que los
    ignorantes que roban con necesidad los
    jueces son sin piedad para castigarlos,
    porque si se comete un hecho criminal
    toman una cáfila de rotos por sospe-
    chas i los siguen martirizando i mu-
    chas veces los ponen a una máquina
    que llaman la prensa, mas no sé si será
    cierto i serán de malas lenguas los es
    cribidores de algunos diarios grandes i
    en ese aparato los hacen decir la verdad a
    la fuerza; muchas veces los pobres se
    echan la culpa porque no pueden
    aguantar los suplicios, porque con las
    flajelaciones se acriminan, i se echan
    la culpa, i dicen si es asesinato yo lo
    ultimé, i si es robo dicen yo lo robé i si-
    guen pagando las habas que se comió
    el burro; yo quiero creer que existe ese
    aparato, porque he visto en los diarios
    algunos flajelados en las comisarias; es
    donde se ve esto según la prensa seria
    a la que se le puede creer.

    El del norte.—Si se comete este bar-
    barismo por nuestras autoridades no
    es justo, porque Chile es un pueblo ci-
    vilizado, poco menos que los de Europa
    i Estados Unidos, i si es asi deben de
    evitar este escándalo; dejo este asunto
    para cuando se vea la sentencia en los
    diarios; a ver qué va a salir del tal es-
    cándalo policial i ahora paso a contarle
    amigo de un asilo que se ha establecido
    para los muchachos suplementeros, don-
    de todos tienen alojamiento i cama pa-
    ra que voten sus huesos que daba lás-
    tima verlos en la noche amontonadi-
    tos unos sobre otros, en los asientos
    que hai en la Alameda i muchas veces
    en las puertas de las casas particulares
    con el diarito bajo del brazo, calentán-
    dose unos a otros con la exhalación de
    sus cuerpos; esto del asilo de la infan-
    cia para los niños desvalidos es una cosa
    mui buena que a todos los que conocen
    a los suplementeros lo tendrán a bien;
    yo digo que así como han hecho esto
    debian hacerlos matricular a todos para
    que se conocieran todos.

    El del sur.—Pero amigazo, hai dos
    clases de muchachos; acá en santiago,
    unos se ocupan de vender diarios i ver-
    sos, i los otros es una sociedad denomi-
    nada la palomilla, por La Nueva Re-
    pública; i hai otra que es la comparsa
    que se deriva de la primera; estas dos
    clases de niños se llevan estudiando
    picardías i ajitándose las manos, i ejer-
    citándose en el lo lo de robar, porque
    viven en el raterismo todos estos niños
    harapientos. Ya La Nueva, ha dado
    cuenta de este ladronismo varias veces,
    i la autoridad no ha puesto ni un re-
    medio en estos hijos del mal. Los co-
    misarios debian de dar órdenes a sus
    guardianes, i el jefe de la pesquisa de-
    bía de hacerlo lo mismo, dar órdenes a
    sus ajentes que sigan recojiendo a to-
    dos esos vagos i encerrarlos en alguna
    casa, i así sacarán a unos buenos hom-
    bres honrados i amantes del trabajo,
    porque donde los encierren los han de
    enseñar a trabajar, i que aprendan cada
    uno unnoficio, ellos llegando a hombres
    agradecerán este servicio que les hagan.

    El del norte.—Compinche, es mui
    justo lo que usted dice, pero debían de
    hacerlo como nosotros pensamos, ma-
    tricular a todos los vendedores, tanto
    de diarios como de versos i que cada
    uno cargue una tarjeta que así se
    conozca cuáles son los vendedores, i los
    que viven de la flojera trabajándole a
    ño Valdes, i afilándose las uñas para
    agarrar lo ajeno. Así conocerian en el
    asilo a los niños trabajadores i honra-
    dos, porque cada uno debe de presentar
    su tarjeta a los cuidadores, porque yo
    soi de parecer que si les dan entrada a
    todos, alojarán ahí ladrones i honrados;
    entónces la casa del Asilo para niños la
    convertirán en guarida de ladrones i
    rateros, con la dicha tarjeta tendrán
    para acreditar su honradez i pasearse
    por las calles sin temor que los tomen
    presos i los hagan pasar mala noche en
    la comisaria; hágalo como yo digo la
    policia, i se evitará el raterismo i que
    anden escandalizando con sus carnes al
    público.
           (Continuará)

    DANIEL MENESES—Poeta Nortino, Morandé 8-A

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