Cuecas

  Ingrata, cruel me robaste
Del pecho mi corazon
Sin dejarme en su remplazo
El tuyo por compacion.

  No te deseo el daño;
Pero algún dia
Pagarás con la misma
Tu alevosía,
Porque el que hiere
Con hierro a su adversario,
A hierro muere.
La ingratitud i el amor
Siempre se baten en duelo,
I en cada lucha al amor
La ingratitud le da suelo,
Por eso siempre he visto
Yo a los amantes
Jurarse de primeras
Su amor constante sí;
Pero en volviendo
Uno de ellos la cara…
¡Adios casero!
Las promesas de tu amor
Son como el canto del gallo.
Sonoros i repetidos;
Pero de ahí no pasamos.
Si de esas mil promesas
Que ayer me hacias
Cumplirás una sola,
Yo me moria;
Porque es bien cierto
Que no valen gran cosa
Tus juramentos.
¿Hasta cuándo hermoso cielo,
Prenda del alma adorada
Nos estaremos amando
Solo por tiernas miradas?
Pero de tí depende
No mas perlito
Que desde hoi nuestras glorias
Sea efectiva,
Sea efectiva, sí;
De eternos lazos,
I para que así sea,
¡Dame un abrazo!
Cierto! porque te adoro
Negrito, lloro!

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Chinchorrazo al Presidente

  Gloria mil veces a Chile
De una eterna memoria
Muera el cuyano ambicioso
I Chile viva én sus glorias.

  Chile, mi patria natal
A la parca no ate diado
Siempre cuando se ha tratado
De la honra nacional
La guerra cetentrional
Probó con hechos viriles
He hizo ver a los viles
El valor que el roto encierra
I por sus hechos de guerra
Glorias mil veces a Chile.

  Chile jamas retrocede
Un paso cuando peligra
Porque si se le denigra
Pagar con lo mismo puede
Correctamente procede
Prescindiendo de su historia
Deja a la reina Victoria
La solucion del conflicto
La cual será por su edicto
De una eterna memoria.

  Pero hoi el pueblo esclama
Indignado justamente
Porque entregó el Presidente
La gran Puna de Atacama
Cuyos terrenos reclama.
El pueblo chileno airoso
Un hecho tan vergonzoso
Deshonra a nuestro Gobierno
Para eterno para eterno
Muera el cuyano ambicioso.

  Salvó de Chile el honor
El sabio mas eminente
I del nuevo continente
El primer historiador
De crépito luchador
I de ciencia meritoria
Su intelijencia es notoria
Pero de mi patria digo
Muera siempre su enemigo
I Chile viva en sus glorias.

  Al fin el pueblo a la vez
Francamente dice a una
Si Chile perdió la Puna
Culpa del Gobierno es;
Tan estúpida idiotez
A Chile deja humillado
Del terreno mencionado
Debo debo analizar
Le vino a Chile a tocar
Nada mas que un centígrado.

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La mujer que mandó matar
a su marido

  Una traidora mujer
En Valparaiso ha sido
Permitió Válgame Dios
La muerte de su marido.

  Cansado estoi de narrar
Tantas muertes i salteos
Descansar son mis deseos
I no puedo descansar
Lector te voi a contar
Un hecho me has de creer
Precozmente aqui han de ver
Leyendo aqui con reposo
Lo que hizo con su esposo
Una traidora mujer.

  Sucede que un matrimonio
Mui contento lo pasaban
De la gran paz que gozaban
El bárrio dá testimonio
Pero un dia cnal demonio
La mujer se a convertido
Muerte su esposo atenido
Por su culpa Dios sensato
Este hecho que relato
En Valparaiso ha sido

  Tomó esta infiel un amante
Dejando su esposo fiel
Cometiendo a Dios con el
El hecho mas repunante
Su amante en un corto instante.
Cual bandido el mas feroz
Hizo aquel crimen atroz
Pero la mujer se abvierte
De su marido la muerte
Permitió Válgame Dios

  Guillermo era el mortal
Esposo fiel creo yo
Al cual Cornejo le dió
Muerte con su gran puñal
Aquella ecena fatal
A todos a conmovido
Pero es notorio i sabido
Que a la mujer indolente
Se debe esclusivamente
La muerte de su marido.

  Al fin voi aterminar
Este suceso espantoso
Tan triste i tan vergonzoso
Que tanto ha dado que hablar
Hoi el infame a de estar
En una dura prision
Ella tambien por razon
Sin valerle una disculpa
Purgará tambien su culpa
Por cierto en la correccion.

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Gran salteo en los Coligües
MUERTOS I HERIDOS

  Me tiembla el pulso orgulloso
Tétrico trémulo estoi
Mas cuando a referir voi
Algún crimen espantoso
Hoi dia al facineroso
Capturado es un misterio
Pero digo al pueblo sério
Si es que de oirme no falle
Dará el último detalle
El poeta Desiderio.

  En los coligües señores
Según los diarios que veo
Lleban a cabo un salteo
Un grémio de salteadores
Por suerte los moradores
Hicieron valor de imperio
Pero digo al pueblo esterio
Si es que de oirme no falle
Dará el último detalle
El poeta Desiderio.

  El conbate fué reñido
En esa pobre vivienda
Resultando en tal contienda
El dueño de casa herido
Dos tambien de los bandidos
Ván tambien al cementerio
Pero al pueblo digo i ferio
Si es que de oirme no falle
Dará el último detalle
El poeta Desiderio.

  Los bandidos se llevaron
Digo mui bien informado
De aquel hogar asaltado
Lo que mas a mano hallaron
Pero dos muertos quedaron
De aquel grémio vituperio
Pero digo al pueblo insério
Si es que de oirme no falle
Dará el último detalle
El poeta Desiderio

  Si en Santiago al fin señores
Se asesina i se saltea
Que raro es que en una aldea
Susedan cosas mayores
Esos fragmentos menores
Estan como en cautiverio
Pero al pueblo digo esperio
Si es que de oirme no falle
Dió el último detalle
El poeta Desiderio.

Imp. y Enc. Chilena.—Bandera, 43

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Oh, compañeros y hermanos

  Oh, compañeros y hermanos
de la cruel explotación:
Estrechemos nuestras manos
con fraternal emoción.

  E inclinando la cabeza
dejemos correr el llanto
que hace vertir la tristeza
con terrible desencanto:

  Lota, el viejo mineral
que el carbón copioso encierra,
que es luz y calor vital
cuando está sobre la tierra.

  Es traidor, falaz y fiero,
si la crueldad lo destina,
con el valiente minero
que lo extrae de la mina.

  Y así el 5 de Octubre
en el pique de San Juan,
el grisú de muerte cubre
a todos los que allí están.

  Muchos mineros cayeron
bajo la llama fatal
y treinta hermanos murieron
en llamarada infernal.
  ¡Treinta familias sin jefes,
treinta familias al azar
treinta hogares sin el eje
que gane para el hogar!
  La madre llora al hijito,
la esposa llora al esposo
y el hijo llora al papito
qué trance más angustioso!
  Un minuto de silencio, hermanos,
con sinceras emociones
y estrechemos nuestras manos
unidos los corazones.
  Y aferrados al anhelo
de un día de redención,
enlutemos nuestro suelo
en un abrazo de unión.

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EL CRIMEN

  Hecho ya su primer tete,
con la perfidia de un gato,
el Tucho el mal arremete
con furia de mentecato.

  El domingo diez de mayo
del año cuarenta y siete,
San Felipe se somete
en religioso desmayo
al culto y la devoción;
mientras tañe la campana
de la Iglesia, con sus preces
de bronce, los feligreses
concurren esa mañana
a alzar a Dios su oración.
  Frente al ara consagrada
hay un contrito creyente
que cuitado y reverente,
con fulgor en la mirada,
practica su devoción,
que lo llevó allí el destino
como un augurio implacable.
¡Oración de fé insondable
en el final del camino;
y esa fué su extrema unción!
  A las puertas del convento,
en acechanza de fiera,
estaba el Tucho Caldera
con sádico pensamiento
de dar el golpe fatal
a su confiado mandante;
que sale tranquilamente
muy devoto y muy creyente
por la puerta principal.
  Ambos hombres se encontraron
y al instante discutieron,
y mil cosas se dijeron,
y mil frases barajaron
que la cuestión enconó.
Mas luego se encaminaron
hacia la tienda de Amar,
discutiendo sin cesar,
y allí los dos se encerraron
y allí el crimen estalló.
  Luego Caldera sacó
de su cartera un papel
y con tono duro y cruel
al turco lo presentó
diciendo: —Lo mando yo:
Fírmeme este documento
y no estorbe mi camino,
que aquí soy el hombre fuerte
Esta es tu vida o tu muerte.
Elige, pues, tu destino!
que descubre su vileza,
  Pero vinieron los ratis
y le aguaron el pastel,
que se lo comieron gratis
y lo tragaron a él.
En la casa se volvió
un leguleyo sin fin;
y tres años discutió,
y tres años apeló
sacando el cuerpo al violín.
  Ha terminado aquí ya la defensa
la sentencia cayó inapelable
y la voz de la ley mexorable
coyó sobre Caldera, dura, tensa.
Y ahora sólo que clemencia espere,
que ahora mandan las leyes del Talión:
“El que a hierro mata, a hierro muere”
y los fusileros le darán la absolución.
  Protesta Amar ante el pillo
pero el golpe de un martillo
le perfora la cabeza…

       ————

y lo manda hacia Cantón…
Saltan los sesos a un lado,
sale sangre a borbotones
y detrás de unos cajones
Amar cae desplomado
y… termina la función.

  Es demás son cosas dichas:
Destrozó al muerto primero
como un hábil carnicero,
y creo lo hace salchichas
si el tiempo le da ocasión.
Luego, con calma serena
y sin espíritu humano
lo va a enterrar en lejano
solar, sin la menor pena,
ni la menor impresión.

  El crimen ya estaba hecho
y además ¿quién lo sabría?
De la pesca se reía
y al juez se lo hechaba al pecho
con toda su acción legal.
Su hija, viuda del mandante
Amar, desaparecido,
con su derecho adquirido
heredaba del marido
un cuantioso capital.

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EL TUCHO PLANEA SU ESPANTOSO
CRIMEN

  Señores, está temblando
de indignación mi alma entera
al recordar el nefando
crimen del Tucho Caldera!

  Los hechos, según lo sé,
pasaron de esta manera,
por la ambición torpe y fiera
que luego demostraré:
En San Felipe vivian

dos hombres considerados
como buenos camaradas.
que juntos en sus jornadas
trabajaban enlazados
en los negocios que hacían.

  Era el uno tinterillo
y el otro era un buen tendero,
un “bobre turco” parlero
que con acento sencillo
vendió el “beine” y el cepillo,
la “beineta” y el jabón;
y con cuya profesión
logró juntar mucha plata.
(que al Tucho lo enloquecía
y lo hizo meter la pata).

  La cuestión la meditó
el Tucho, profundamente,
para hallar lo conveniente
para hacer lo que pensó
y atraparse del dinero
de su mandante legal,
para hacerse un caballero
con ajeno capital,
iluminada su mente
por los designios del mal.

  Fraguó su plan, solitario,
e impulsado por Luzbel,
desarrollo su papel
en el plan más sanguinario
que su mente concertó,
A su hija casadera
por frande la hizo casar
con el pobre turco Amar,
sin que éste lo supiera…
y a un notario sobornó.

Imp. CAUPOLICAN.—M. Rodriguez 1044

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EL ENTIERRO DEL TUCHO FUE FUNESTO

A las 12.20 horas, llegaron al Cemente-
rio Católico los familiares de Alberto
Caldera, entre los que estaban sus her-
manos Homero y Pompeyo. No concurrie-
ron sus hijas Ester, Elsa y Lucila. Un gru-
po de periodistas, que había seguido el
furgón que conducia el ataud del ajusti-
ciado, fué provocado, primero de palabras,
y, luego, agredido a pedradas. El inci-
dente culminó cuando Homero sacó su
pistola, descargándola contra los reporte-
ros gráficos especialmente, sin fatales
consecuencias.
El dolor de los hermanos restallaba,
así, en una comprensible ira.

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TESTAMENTO
DE ERRAZURIZ

  Estando para espirar
he hecho mi testamento
así al pais le daré
mi último pensamiento

  Meditando, solamente
que mi muerte causaria
o al ménos acarrearia
un disturbio entre la jente,
se me ha venido a la mente
una ocurrencia especial;
esta es poder nombrar
sucesor en el Estado
así este acuerdo he tenido
estando para espirar.

  Mi pensamiento diré
es nombrar como heredero
a Pedro Montt por primero
del puesto que dejaré.
En él tengo mucha fé
i así moriré contento
si él acepta en el momento
la presidencia que dejo
conforme a este consejo
he hecho mi testamento.

  Bien sé que mi amigo Montt
es apto i aun se inclina
en favor de la Arjentina
no de nuestra Nacion.
En sus manos la cuestion
será resuelta, diré
conforme tengo la fé
i si cumple con mi testo
mui poco trabajo en esto
así al pais le daré.

  Pedro puede renunciar
pronto su candidatura
porque lo dejo en la altura
a donde él quiere llegar.
Si el Poder logra escalar
conforme a mi testamento
el Gobierno, sin mas cuento,
no saldrá i será feliz
i así le doi al pais
mi último pensamiento.

  Por fin aunque el pueblo entero
se oponga contra mi testo,
Pedro tomará mi puesto
aunque le cueste dinero.
Bien sabe que por el clero
es secundado actualmente
i estando de Presidente
hundirá a la oposicion
aunque corra en la Nacion
de su sangre un gran torrente.

Es propiedad del autor.—se prohibe
a reimpresion de estas poesías.

       JUAN B. PEPALTA.
       Galvez 826

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RUMORES DE REVUELTA
ANTES DEL FALLECIMENTO
Del Excmo, señor Errázuriz

  Una gran revolucion
habria indudablemente
si muriese el Presidente
en nuestra pobre Nacion.
A su muerte, Pedro Montt
que es el primer consejero
seria, yo considero
Gobierno constituido
con lo que seria hundido
todo el pais por entero.

  Si don Pedro gobernase,
chilenos pensad un poco,
¡que nos gobernase un loco
seria la última clase!
Yo no hallo con qué frases
pintar lo que se veria,
el pueblo en ese mismo dia
en grande revolucion
de seguro la Nacion
en un rato deshacia.

  Ningún hombre con conciencia
que sea un poco sensato
quiere ver ni por un rato
al cuervo en la presidencia.
Irle a decir Su Excelencia
al tizon mas requemado,
o sea al hombre lustrado
es un crimen imperdonable!
i un acto el mas miserable
que el pueblo no ha tolerado.

  Ver sentado en la Moneda
al sitiador del Estado
seria mui desgraciado
el pais, no lo desea.
Si un levantamiento enreda
esta importante cuestion,
hundimos a la Nacion.
Mejor es precisamente
prever mui prudentemente
cualquiera revolucion.

  Por fin, pues, acuartelados
están jefes i oficiales
para prever esos males
que ven ya los exaltados.
Los ministros preparados
tienen permanentemente
un tren listo ciertamente,
que aguarde el último aviso
que vaya a Valparaiso
si espirase el Presidente.

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