La lei pareja no es dura.

     El hombre mas estudiado
  I el sabio de mas cordura
  Dicen a su parecer:
  La lei pareja no es dura.

  El que comete un destrozo
O la criminalidá,
Ese hombre merecerá
Un castigo rigoroso;
Para que así, temeroso
Esté por lo que ha pasado;
Pues siendo bien castigado,
Temen con justa razon
El artesano i el peon,
El hombre mas estudiado.

  Aun al hombre mas honrado
Le ha pasado de contino
Cometer un desatino
Cuando ménos lo ha pensado.
I al caer en ese estado
De toda una desventura,
Se ha encontrado en la apretura
De la cárcel i el presidio.
Le pasa al viejo i al niño
I al hombre de mas cordura.

  A lo ménos, al bandido,
Que es horrendo criminal,
A ese se ha de castigar
A fin de apagarle el brio.
La mano de ese hombre ha sido
Azote de Lucifer,
I para ese hombre ha de haber
Un saludable escarmiento;
Que pague su atrevimiento,
Dicen a su parecer.

  Tambien el rico culpante,
Por un crimen alevoso,
Merece del calabozo
No salir un solo instante;
Para que asi no se espante
De ellos ninguna criatura:
Que no se dé la amargura
Solo al pobre i la fatiga,
Para que así el pueblo diga:
La lei pareja no es dura.

  Al fin, al que ha delinquido
Castigará la justicia,
Su horrendisima malicia
Por el crimen cometido.
También diré que el bandido
Sufre una terrible pena
Cuando cumpliendo condena
Se halla por un desacato,
Porque soporta el maltrato,
Los grillos i la cadena.

Ver lira completa

Fratricidio.

     Un jóven don Jerman Grez
  Por un querido cuñado
  Vino a ser asesinado
  Sin saber ni aun por qué.

  Este jóven diz que vino
A la casa del cuñado,
I andaria algo mamado,
Según yo me lo imajino,
Porque hizo tal desatino
Con mengua de su honradez.
El nombre del muerto es,
Como presto se ha sabido.
I el vulgo dice que ha sido
Un señor don Jerman Grez.

  En la puerta de su casa
Estaba el señor Jerman,
Como ya conocerán
Lo que en un momento pasa.
Luego una bala que abrasa
En su cuerpo ha penetrado,
Cayéndose desplomado
Al suelo, cual masa inerte,
I encontrando allí la muerte
Por un querido cuñado.

  ¡Cuánto pesar no tendrá
Si fuera de su sentido
El crímen ha cometido
Con tanta temeridá!
Ahora triste dirá
Que se encuentra aprisionado;
Con el sentido estraviado
Al otro dia se hallaba.
I Grez por quien no pensaba
Vino a ser asesinado.

  Cuando se sintió el balazo,
Luego la jente acudió;
Por eso se presenció
Este horriblisimo caso.
Tomando al herido en brazos,
Con lijera rapidez,
Un buen médico despues
Con él la noche ha pasado;
Fué muerto por su cuñado,
Sin saber ni aun por qué.

  Al fin, el reo estará
Esperando apesarado
Que lo condene el juzgado
Por un crimen tan audaz.
Digan si será capaz
Que un rico manche su mano
Con la sangre de su hermano,
Como a este le aconteció,
Que a su cuñado ultimó
Con rigor tan inhumano!

Ver lira completa

El homicidio de la Elisa Farias.

     La tal Elisa Farías
  Al Adelicio Araneda
  Le dió muerte instantanea
  Hasta quitarle la vida.

  En la calle Bella Vista,
Mui cerca de los molinos,
Sucedió el crimen indino
Por esa gran señorita.
Por ese caso a la vista,
En la tarde fué aprehendida
Por la misma policia,
Por guardar de su honradez.
Se encuentra rea a la vez
La tal Elisa Farías.

  Ese jóven diz que andaba
En solicitud de Elisa;
Pero ésta, como sumisa.
Sus amores despreciaba,
I a su esposo no pensaba
Pagarle en mala moneda.
Para que así el lector vea
Lo que pasa en un instante,
Dándole muerte impulsante
Al Adelicio Araneda.

  Este a la casa llegó
I pidió con lijereza
Una copa de cerveza,
La que Elisa le sirvió.
Un trago a ella le pasó
El tal jóven Araneda
Pero ella con cierta idea
El servirse no admitió,
I al jóven con revol dió
Una muerte instantanea.

  Este crimen alarmante
Lo ha sido aun para el pueblo,
I según como lo observo
Sucedió en un solo instante.
Este hecho tan aterrante
Para el esposo seria
Una pena mui crecida
Cuando supo que su esposa
Le dió una muerte alevosa
Hasta quitarle la vida.

  Al fin, la jóven Elisa
Que su homicidio padece,
Que la perdonen merece
Por ser tan casta i sumisa.
Al saber tales noticias,
El lector solo se afana,
I alegre i de buena gana,
Cuando el diario dió a entender,
Dicen que ella viene a ser
Como la casta Susana.

       JUAN DE DIOS PERALTA.

Impreso por P. Ramirez.—Echáurren, 6.

Ver lira completa

Por mano de una mujer.

      Una animosa mujer
  A un hombre quitó la vida;
  Sintiendo estará en seguida
  Su delito padecer.

  ¡Cuánto se hallará sintiendo
El delito perpetrado,
Por hallarse en un estado
En la prision padeciendo
Por ese crímen tremendo
Sin hallar qué cosa hacer.
Destinada a padecer
Lo mismo que un criminal,
Por cometer hecho tal
Una animosa mujer.

  Dicen que el hombre sacó
La cuchilla que traia,
Para herir a la Farías,
I agarrarla procuró.
Pero ella se le arrancó
Para adentro, i en seguida,
Con una rabia crecida,
Tiró una bala certera,
Acertando de manera
Que al hombre quitó la vida.

  Los vecinos dieron parte
Mui luego a la policia,
Al ver lo que sucedia
Por el crímen alarmante.
La autoridá en el instante
Tomó presa a la homicida,
La que con pena crecida
Se hallará en su corazon:
Por encontrarse en prision
Sintiendo estará en seguida.

  En el mismo corazon
La bala le penetró.
I en el instante voló
Su alma a la eterna mansion.
Sin justicia ni razon,
A mi modo de entender.
Ha venido a suceder
Que por defender su honor
Vaya Elisa a una prision
Su delito a padecer.

  Al fin, la Faría está
Esperando la condena,
I si se le impone pena
Todo el mundo sentirá.
Por una jóven honrada
Que vive de su honradez,
Se compadece talvez
El tribunal de justicia
De la mui casta Delicia
Al saber por lo que fué.

Ver lira completa

Algunos detalles.

     Yo por mi mala cabeza
     Cometí el crimen sangriento
     Con espíritu violento
     Que me sirvió de tristeza.

  Yo me encontraba embriagado
Cuando el crimen cometí
I a esta casa me fuí
Sumamente endemoniado
I con vino bien curado
Yo cometí la torpeza
Que me sirvió de tristeza
Cuando recobré el sentido
I ahora me hallo cautivo
Yo por mi mala cabeza.

  Yo por mi mal natural
Me hallo ahora padeciendo
Por mi crimen tan horrendo
No me pueden perdonar
Pero llegaré a pagar
Con la hora de un momento
I yo por creerme de cuento
Hice lo del peor cobarde
Como a las seis de la tarde
Cometí el crimen sangriento.

  Veintitres años de edá
El parricida tenia
Cuando le quitó la via
A su querido papá
I quedando su mamá
Llorando de sentimiento
Mui rabioso i desatento
Acuña se presentó
I éste a su padre mató
Con espiritu violento.

  En mi captura salió
Luego el capitan Contrera
I me pilló de manera
Que al cuartel me remitió
Cuando el juez me interpeló
Con su gran naturaleza
El juez con su lijereza
Al sitio se presentó
A las pruebas preguntó
Que me sirvió de tristeza.

  Al fin, el reo estará
Sumamente arrepentido
I como loco perdido
Varias veces llorará
I sintiendo se hallará
Una pena mui crecida
A pagar voi con la vida
El crimen que cometi
I llorando digo así
A mi madre tan querida.

Ver lira completa

Carta de Acuña.

     Pido con toda humildá
     Tintero, pluma i papel
     Para advertirles en él
     A mi querida mamá.

  Madre le voi a advertir
Que cuando esta carta llegue
Para que usté no se niegue
A contestar o escribir.
Aquí le voi a decir
Mi sentencia ya está dá
I hablándole la verdá
Voi a ser afusilado
I el perdon mui precisado
Pido con toda humildá.

  Madre no esteis aflijida
Porque yo voi a morir
Pagaré el crimen mas vil
I pasaré a la otra vida
Oh qué pena tan crecida
Le mando en este cartel
Mis lágrimas ha de ver
I la ha de hallar usté aquí
Para escribirle pedí
Tintero, pluma i papel.

  Madre, le voi a encargar
Que me cuide mis hijitos
Esos pobres huerfanitos
Que no vayan a sacar
Un natural tan fatal
I no vaya a suceder
De que éstos vayan a ser
Unos bandidos temibles
Pedí una pluma visible
Para advertirles en él.

  Madre, voi a despedirme
Del mundo, que es vana gloria
De mi sacareis historia
Ya que al cielo voi a irme.
Procure usté bendecirme
Porque derecha se va
El alma a la eternidá
A gozar de Paraiso
Por eso es que así le aviso
A mi querida mamá.

  Al fin, pues, madre querida
Yo le encargo mis hijitos
I tambien mis hermanitos
Que por ser un homicida
Voi a pagar con la vida
Porque a mi padre ultimé
I asi ahora pagaré
Con el trance de mi muerte
Para nunca jamas verte
A la eternidad me iré.

Ver lira completa

Acuña pide perdon.

     Perdon, Dios omnipotente
     Que perdonas los pecados;
     Perdona a este hijo malvado
     Que a su padre dió la muerte.

  Con grillos i con cadena
Estoi en el calabozo:
Tén piedad, Dios poderoso,
De mi terrible condena.
Lloro con profunda pena
I contrito penitente
Imploro a mi Dios clemente
En este trance fatal.
A mi madre hice llorar:
Perdon, Dios omnipotente.

  Desde aquel tremendo dia
Que me encuentro encadenado,
En mi prision encerrado
Lloro la desgracia mia.
I con pertinaz porfía
En mi cerebro estraviado
De aquel crimen tan odiado
Abrigo el recuerdo cruel,
Piedad! oh Dios de Israel
Que perdonas los pecados!

  Cuánto me pesa en la vida
Accion tan desapiadada!
En mi se encuentra grabada
La marca del parricida.
Mi existencia envilecida
Al abismo me ha arrastrado
Donde seré castigado
Con afrentosa condena.
Oh Dios, que mirais mi pena,
Perdona a este hijo malvado!

  Tengo el corazon partido
I canales son mis ojos:
De las lágrimas que arrojo
Podria formarse un rio.
Estoi tan arrepentido
I mi dolor es tan fuerte
Que como un don de la suerte
Espero la hora postrera
En que este mal hijo muera
Que a su padre dió la muerte.

  Al fin, madre idolatrada,
Perdona a este miserable
Cuyo crimen execrable
Te hace tan infortunada.
Ya sobre mi levantada
Está con fuerza feroz
La mano ruda i atroz
De la justicia severa.
El sacrificio me espera:
Adios, madre, adios, adios!

       JUAN DE DIOS PERALTA.
       Impreso por P. Ramirez.—Echáurren, 6.

Ver lira completa

Condena del reo Acuña.

     A muerte lo ha condenado
     Al que a su padre mató;
     El indulto denegó
     Luego el Consejo de Estado.

  En Octubre, el dia tres.
Este asesino feroz
A su padre lo ultimó
Con ferocidad crüel;
Quiso arrancarse despues
Que lo dejó asesinado
En la vereda acostado
Pero fué preso a la vez,
I por su crímen el juez
A muerte lo ha condenado.

  En una casa de ajencia
Acuña empeñó el reló
alli un revólver compró
Para hacer su dilijencia
I sin ninguna esperiencia
Tres balazos le pegó
El fiscal luego pidió
El castigo mas severo
I la sentencia le dieron
Al que a su padre mató.

  Por causa de una mujer
La tal Clorinda Morales
Que estado matrimoniales
No le quiso conceder
Vino al fin a suceder
Que con un furor atroz
A su padre victimó
Aquel hijo endemoniado.
I así el Consejo de Estado
El indulto denegó.

  Cuando el juez lo interpeló
Luego se puso a negar
No queria confesar
El crimen que cometió
Porque a su padre mató
A muerte fué sentenciado
Dispuso luego el juzgado
Que con la vida pagara
I el fallo lo confirmara
Luego el Consejo de Estado.

  Al fin este criminal
Con la vida pagará
Tan inaudita maldá
Por el Código Penal
Porque ha pedido el fiscal
Que no sea perdonado
I con grillos remachado
Toda la jente pedia
I a gritos lo repetia
Que este sea fusilado.

Ver lira completa

Desconsuelo de la madre

     Consuélate madre amante;
  No te pongas a llorar,
  Si tu hijo llega a pagar
  Con su vida prosperante.

  Ya ves, tu esposo murió,
I tu hijo se encuentra reo:
Llévalo con buen empleo
Este sentir de los dos.
Así lo querria Dios
Que el hijo fuera culpante
De aquella sangre importante
Sufriendo está su condena.
De tan tristísima pena
Consuélate, madre amante.

  Desechad vuestros pesares
Cuando te halleis aflijida;
Aunque pague con la vida
Tu hijo, no era que llorares,
Ni aun recuerdo dejares
Del parricidio fatal
Ni del acto criminal
No te acuerdes áun jamas;
Por un hijo tan tenaz
No te pongas a llorar.

  Por una soberbia intensa
I por un capricho ufano
El hijo mata al anciano
El dia que ménos piensa.
Comete una horrible ofensa
El indigno criminal;
Ponerse a considerar
Para la madre es cilicio
Por las puertas del suplicio
Si tu hijo llega a pagar.

  El hijo desobediente
Buen fin jamás ha tenido;
Porque suele ser bandido,
Tal como este delincuente.
Sucede continuamente
Que alguno por ignorante
I otro por estravagante
O por pompa o vanidad
Concluyen en tierna edad
Con su vida prosperante.

  Al fin, este desgraciado
Que de Dios tenga perdon
Lo pide de corazon
El lector de él apiadado.
Dios eterno e increado,
Te lo pido sin segundo,
De un movimiento iracundo,
Como el finado Triviño,
Ni por viejo ni por niño.
Nadie esta libre en el mundo.

Ver lira completa

El fiscal pide la pena.

     Al bandido de Chillan
  Pide el fiscal precisado
  Que éste sea condenado
  A la pena capital.

  Este desde mui moderno
Salió fuera de sus padres
No respetaba a la madre
Ni admitia su gobierno,
Fuera del hogar paterno
Estaba, como sabrán;
I los sumarios están
Levantando dia a dia
Que no le otorguen la via
Al bandido de Chillan.

  Desde niño éste pensaba
Hacer cosas horriblisimas,
A quien su madre buenísima
Varias veces disculpaba;
I a su esposo no contaba
Lo que por él ha pasado.
I despues amancebado
Se hallaba con una chusca,
I que a prision se reduzca
Pide el fiscal precisado.

  Este jóven desatento
Con la Clorinda Morales
Estado matrimoniales
El tomar era su intento,
Pero su consentimiento
Su padre habia negado,
I aun le habia apresado
A su marchante querida;
I el fiscal pide en seguida
Que éste sea condenado.

  Por causa de esta mujer
El hijo al padre mató,
I por amor cometió
El desatino mas cruel.
¡Cuándo pensaria ser
Un horrendo criminal!
I ahora se viene a hallar
Reo e incomunicado
El criminal condenado
A la pena capital.

  Al fin, observad, lectores,
Por lo que este verso esplica,
Que el soberbio hijo se indica
Matar a sus superiores.
Con tan brutales errores
Paga el hijo libertino
Cuando marcha los caminos
De toda la libertad,
Por soberbia i vanidad
Mata i hace desatinos.

Ver lira completa