Lira popular del siglo XIX

Las liras publicadas en Chile desde fines del siglo XIX a inicios del siglo XX.

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Asesinato en San Felipe

Colección Lira Popular de la
Universidad de Chile

Autor: Pedro Villegas.
Impresor: Impreso por P. Ramírez—Echáurren 6.
Tamaño: 26,1 x 34 cm
Clasificación: 496 V732a Caja N°3b

  • Robos y asesinatos
  • Asesinato en San Felipe. Detalles que dan al crimen un carácter de horrorosa crueldad
  • Los poetas populares
  • Dichos de varios pueblos

Nota: Este ejemplar tiene escrito a mano con lápiz rojo “496”.
Documento optimizado digitalmente.

Un verso al azar

  • EL HORROROSO CRÍMEN <br>DE PARRICIDIO EN CHILLAN

        Lectores: El gran suceso
    Que está a la órden del dia
    Hoi en todo Chile entero:
    La muerte del parricida
    Que en Chillan mató a su padre,
    Cuya espantosa noticia
    Tanto ha conmovido a Chile
    I hasta a la misma Arjentina,
    Aunque ya fué publicado
    De nuevó va aquí en seguida
    Para que tengan a bien
    De pasar por él la vista

        En el dia tres del mes
    De (Octubre) ¡fecha maldita!
    De San Cárlos a Chillan,
    En el tren de medio dia
    Llegó un jóven chillanejo,
    I se dirije en seguida
    A casa de don Ernesto
    Paulsen; i ahí unas copitas
    Bebió de cerveza o ponche,
    De oporto, jerez o chicha.

        Ya estando un tanto alumbrado
    Nuevamente se encamina
    Para una casa de ajencia
    I allí un reloj deposita,
    Con cuya plata un revólver
    Compra; lo carga i de prisa
    Se va a su casa, i allí
    A una de sus hermanitas
    Le manda llame a su padre
    I le anuncie su visita
    I don José Antonio Acuña
    La desventurada víctima
    Cómo iria a imajinarse
    Por un momento las miras
    O intenciones de su hijo
    Que a su casa le traian!

        Cuando el anciano señor
    Supo por su amada hijita
    Que el hijo ingrato llegaba
    Al seno de la familia,
    Henchido el pecho de gozo
    A verlo se precipita.

        Al ver el hijo a su padre
    Lo amonesta que le siga
    Para la calle, "porque
    Hablarle a solas queria
    Para pedirle perdon
    Por la conducta atrevida
    Que tuvo de presentarse
    En su contra, a la justicia
    Porque dejarlo casarse
    Con una excetente niña
    Mui honrada  i mui honesta
    Su cruel  padre no queria."

        Ya en la calle ¡oh, Dios bendito!
    Aquel mozo ébrio de ira
    ¡Con tres tiros del revólver
    Al que es su padre asesina!
    Los dos primeros balazos
    Le abren dos grandes heridas:
    El primero al corazon
    I el segundo en la barriga
    Por cuyas heridas cae
    Muerto al instante en la misma
    Vereda, cerca a su casa,
    Ante la alarma inaudita
    De los que han visto caer
    A la desgraciada victima
    ………………………………
    El hijo-hechor cuando vió
    Muerto al autor de sus dias
    Por sus propias manos, corre,
    Corre veloz calle arriba
    Gritando con voz vibrante:

    —"¡Al hechor! ¡Al homicida
    Que ha muerto a mi padre!" Pero
    Cuando seis cuadras había
    Corrido ya, es detenido
    Por el capitan de linea
    Señor don Joaquin Contreras,
    I al cuartel de policía
    Lleva al hijo sanguinario
    Que a su anciano padre ultima!
                      ———
        Del cuartel al reo llevan
    A donde cometió el hecho,
    Pero de la calle ya
    Habian llevado al muerto
    Para su casa; i allí
    Tambien conducen al reo.
    El juez del crímen tambien
    Con otros varios sujetos
    Llegan ahí a presenciar
    El alevoso suceso,
    I entre estos sujetos iba
    El cumplido caballero
    Señor Aníbal Zañartu
    El jefe del ministerio,
    El que, con mucha emoción
    Le pregunta al jóven reo:
    —¿Conoces este cadáver?...
    I Acuña contestó: —"Pero
    ¡Cómo no he de conocer
    A mi padre, que lo ha muerto
    Ese asesino que yo
    Denantes iba siguiendo!"—
    El juez i el señor ministro
    Una mirada se dieron
    De asombro, al ver el cinismo
    Con que les contesta el preso.
    El señor ministro vuelve
    A interrogarlo de nuevo
    Con estas sérias palabras:
    —¿No te arrepientes de haberlo
    Muerto por tus propias manos?
    ¿Miras con calma o desprecio
    Este horrible asesinato
    Que a la luz del dia has hecho?
    Si diez testigos han visto
    Que a balazos habeis muerto
    A tu pobre padre que,
    Desvalido e indefenso,
    Ha caido ante el furor
    De tus instintos violentos.
    ¿De qué te sirve negar
    Tu crimen, jóven perverso?
    —¿No se te acongoja el alma,
    Jóven corazón de hierro,
    Ver al que te ha dado el ser,
    En charcos de sangre envuelto?
    ¿Qué ceguedad, qué desvio,
    Qué rencor tan estupendo,
    Qué delirio, qué ambición;
    Qué maléficos ensueños
    Te han impulsado, infeliz
    A cometer tan tremendo
    Crímen en tu propio padre
    Que aunque estás viendo su cuerpo
    Destrozado por tu mano
    Dices que tu no lo has muerto?"
        Ante frases tan concisas
    Del jefe del ministerio,
    Ya José Antonio Segundo
    No pudo negar el hecho,
    I lo confesó con frases
    De disculpas i pretestos
    Para atenuar en un algo
    El alevoso suceso.

        Espuso que "su papá
    Fué el que acometió primero
    Con un mui agudo estoque
    Del baston; i, que esto viendo
    El, para no ser herido
    Por su padre, buscó presto
    Con que defenderse, i pudo,

    Obligado, en tal estremo,
    Con su revólver dar muerte
    Sin premeditado intento
    Al autor de su existencia
    Que ha muerto en tan triste duelo."
    I diciendo esto el hechor
    Rompió en llanto lastimero
    Al ver a su infeliz madre
    Que la vienen conduciendo
    Cuasi desmayada a donde
    Su marido yace yerto…
        I no seré yo quien pueda,
    Lectores, dar un bosquejo
    Siquiera aproximativo
    Aquí, del cruel sentimiento
    Que se dibuja en el rostro
    De aquella esposa del muerto
    I madre del victimario.
    ¿Habrá sentir mas intenso,
    Pena mas mortificante,
    Dolor mas agudo i récio
    I angustia mas matadora
    Que, cual afilado acero
    Traspasan el corazón
    En el trance mas supremo
    De la esposa i madre, que
    A un tiempo llora dos duelos?

        Por eso he dicho que yo
    No daré aquí ni un reflejo
    Del terrible i cruel dolor
    Que hiere el corazón tierno
    De la atribulada esposa
    Que llora al esposo, muerto
    Por el hijo que ella misma
    Nueve meses crío en su seno!

        ¡Esposa desventurada!
    Madre infeliz, compadezco
    Yo como el que mas tu pena,
    Tu suplicio tan horrendo!
    Que Dios con su gran poder
    Mitigue tu desconsuelo,
    I a tu caro i noble esposo
    Lo tenga en su santo reino
    Son los votos del humilde
    Autor de estos tristes versos
    Que da a la publicidad
    Para ejemplo i escarmiento.

        Lectores: El gran suceso
    Que está a la órden del dia
    Hoi en todo Chile entero:
    La muerte del parricida
    Que en Chillan mató a su padre,
    Cuya espantosa noticia
    Tanto ha conmovido a Chile
    I hasta a la misma Arjentina,
    Aunque ya fué publicado
    De nuevó va aquí en seguida
    Para que tengan a bien
    De pasar por él la vista

        En el dia tres del mes
    De (Octubre) ¡fecha maldita!
    De San Cárlos a Chillan,
    En el tren de medio dia
    Llegó un jóven chillanejo,
    I se dirije en seguida
    A casa de don Ernesto
    Paulsen; i ahí unas copitas
    Bebió de cerveza o ponche,
    De oporto, jerez o chicha.

        Ya estando un tanto alumbrado
    Nuevamente se encamina
    Para una casa de ajencia
    I allí un reloj deposita,
    Con cuya plata un revólver
    Compra; lo carga i de prisa
    Se va a su casa, i allí
    A una de sus hermanitas
    Le manda llame a su padre
    I le anuncie su visita
    I don José Antonio Acuña
    La desventurada víctima
    Cómo iria a imajinarse
    Por un momento las miras
    O intenciones de su hijo
    Que a su casa le traian!

        Cuando el anciano señor
    Supo por su amada hijita
    Que el hijo ingrato llegaba
    Al seno de la familia,
    Henchido el pecho de gozo
    A verlo se precipita.

        Al ver el hijo a su padre
    Lo amonesta que le siga
    Para la calle, "porque
    Hablarle a solas queria
    Para pedirle perdon
    Por la conducta atrevida
    Que tuvo de presentarse
    En su contra, a la justicia
    Porque dejarlo casarse
    Con una excetente niña
    Mui honrada  i mui honesta
    Su cruel  padre no queria."

        Ya en la calle ¡oh, Dios bendito!
    Aquel mozo ébrio de ira
    ¡Con tres tiros del revólver
    Al que es su padre asesina!
    Los dos primeros balazos
    Le abren dos grandes heridas:
    El primero al corazon
    I el segundo en la barriga
    Por cuyas heridas cae
    Muerto al instante en la misma
    Vereda, cerca a su casa,
    Ante la alarma inaudita
    De los que han visto caer
    A la desgraciada victima
    ………………………………
    El hijo-hechor cuando vió
    Muerto al autor de sus dias
    Por sus propias manos, corre,
    Corre veloz calle arriba
    Gritando con voz vibrante:

    —"¡Al hechor! ¡Al homicida
    Que ha muerto a mi padre!" Pero
    Cuando seis cuadras había
    Corrido ya, es detenido
    Por el capitan de linea
    Señor don Joaquin Contreras,
    I al cuartel de policía
    Lleva al hijo sanguinario
    Que a su anciano padre ultima!
                      ———
        Del cuartel al reo llevan
    A donde cometió el hecho,
    Pero de la calle ya
    Habian llevado al muerto
    Para su casa; i allí
    Tambien conducen al reo.
    El juez del crímen tambien
    Con otros varios sujetos
    Llegan ahí a presenciar
    El alevoso suceso,
    I entre estos sujetos iba
    El cumplido caballero
    Señor Aníbal Zañartu
    El jefe del ministerio,
    El que, con mucha emoción
    Le pregunta al jóven reo:
    —¿Conoces este cadáver?...
    I Acuña contestó: —"Pero
    ¡Cómo no he de conocer
    A mi padre, que lo ha muerto
    Ese asesino que yo
    Denantes iba siguiendo!"—
    El juez i el señor ministro
    Una mirada se dieron
    De asombro, al ver el cinismo
    Con que les contesta el preso.
    El señor ministro vuelve
    A interrogarlo de nuevo
    Con estas sérias palabras:
    —¿No te arrepientes de haberlo
    Muerto por tus propias manos?
    ¿Miras con calma o desprecio
    Este horrible asesinato
    Que a la luz del dia has hecho?
    Si diez testigos han visto
    Que a balazos habeis muerto
    A tu pobre padre que,
    Desvalido e indefenso,
    Ha caido ante el furor
    De tus instintos violentos.
    ¿De qué te sirve negar
    Tu crimen, jóven perverso?
    —¿No se te acongoja el alma,
    Jóven corazón de hierro,
    Ver al que te ha dado el ser,
    En charcos de sangre envuelto?
    ¿Qué ceguedad, qué desvio,
    Qué rencor tan estupendo,
    Qué delirio, qué ambición;
    Qué maléficos ensueños
    Te han impulsado, infeliz
    A cometer tan tremendo
    Crímen en tu propio padre
    Que aunque estás viendo su cuerpo
    Destrozado por tu mano
    Dices que tu no lo has muerto?"
        Ante frases tan concisas
    Del jefe del ministerio,
    Ya José Antonio Segundo
    No pudo negar el hecho,
    I lo confesó con frases
    De disculpas i pretestos
    Para atenuar en un algo
    El alevoso suceso.

        Espuso que "su papá
    Fué el que acometió primero
    Con un mui agudo estoque
    Del baston; i, que esto viendo
    El, para no ser herido
    Por su padre, buscó presto
    Con que defenderse, i pudo,

    Obligado, en tal estremo,
    Con su revólver dar muerte
    Sin premeditado intento
    Al autor de su existencia
    Que ha muerto en tan triste duelo."
    I diciendo esto el hechor
    Rompió en llanto lastimero
    Al ver a su infeliz madre
    Que la vienen conduciendo
    Cuasi desmayada a donde
    Su marido yace yerto…
        I no seré yo quien pueda,
    Lectores, dar un bosquejo
    Siquiera aproximativo
    Aquí, del cruel sentimiento
    Que se dibuja en el rostro
    De aquella esposa del muerto
    I madre del victimario.
    ¿Habrá sentir mas intenso,
    Pena mas mortificante,
    Dolor mas agudo i récio
    I angustia mas matadora
    Que, cual afilado acero
    Traspasan el corazón
    En el trance mas supremo
    De la esposa i madre, que
    A un tiempo llora dos duelos?

        Por eso he dicho que yo
    No daré aquí ni un reflejo
    Del terrible i cruel dolor
    Que hiere el corazón tierno
    De la atribulada esposa
    Que llora al esposo, muerto
    Por el hijo que ella misma
    Nueve meses crío en su seno!

        ¡Esposa desventurada!
    Madre infeliz, compadezco
    Yo como el que mas tu pena,
    Tu suplicio tan horrendo!
    Que Dios con su gran poder
    Mitigue tu desconsuelo,
    I a tu caro i noble esposo
    Lo tenga en su santo reino
    Son los votos del humilde
    Autor de estos tristes versos
    Que da a la publicidad
    Para ejemplo i escarmiento.

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