Historia de dos pájaros

Historia de dos pájaros
Por Sergio Rueda, poeta popular de San Miguel.

Conocí dos pajaritos
que se amaron locamente,
sin que pasara por mente
ningún problema fortuito;
todo era grande y bonito,
lleno de paz y ternura
no sabían de amarguras
sólo sabían amar,
sin detenerse a pensar
que la vida es larga y dura.

Ella y él se conocieron
en las ramas de un pimiento,
muy felices y contentos
al ver que se descubrieron;
cantando y volando fueron
a contarle a todo el mundo
que su amor de un segundo
años y años duraría
y que el amor los haría
felices y vagabundos.

Sólo sabían cantar,
el decía poesías,
y ella al ver que la quería
se ponía a suspirar;
y de pronto al terminar
ella a él le daba un beso,
el que lleno de embeleso
se ponía a escribir
algo capaz de decir
lo grandioso que era éso.

Así se pasaba el tiempo
sin siquiera darse cuenta
ella se hallaba contenta
y él feliz miraba el campo;
sin pensar que como un lampo
lo feliz se pasaría
y que aquellas poesías
que ayer cantaron amor,
hoy lo harían al dolor
al no estar con quien quería.

Se hablaban al oído
con palabras muy bajitas;
de pronto la pajarita
separóse del querido;
era un cazador furtivo
que había logrado cazarla
y después de maltratarla
fue a encerrarla en unas rejas
y sólo se oyó una queja
del pajarito al dejarla.

El pájaro solitario
va triste y meditabundo,
es un pobre vagabundo
que suspira y llora a diario;
va arrastrando su calvario
y poco a poco muriendo
y en su pecho va sintiendo
el dolor de la que amara,
de aquella que se alejara
en una jaula sufriendo.

Por eso, si algún día
ves dos pájaros volando
y bajito conversando,
déjalos seguir su vía;
pues si dañas su alegría
tú no tienes corazón
y si mal tienes, mejor
que te lo saques del pecho
porque habrás visto de hecho
que no cumple su función.

Volver

Dominación imperialista

Dominación imperialista
por Francisco Ruz, poeta popular de Curicó

Dinos Señor: ¿Hasta cuándo
quieres hacernos sufrir,
o tendremos que morir
como el que murió esperando?
Nos sigue el rico explotando,
también el  mal gobernante,
no está la vida como antes
cuando era todo barato.
El pobre no usa zapatos
y el obrero esta cesante.

Toda la América entera
se ha cubierto de tiranos
todos crueles e inhumanos
con la pobre clase obrera;
del rico nada se espera
sólo nos queda el marxismo
para salir del abismo
y poderse emancipar.
El lema es no dudar:
obra del obrero mismo.

Hay tiranos en Honduras,
en Perú, Cuba y Caracas,
la de Perón está flaca
igual que la yegua ‘el cura;
el imperialismo apura
por dominarnos a todos,
le busca de varios modos
con Chile ya está abusando
que de aquí se está llevando
el cobre, salitre y yodo.

DESPEDIDA:

Al fin seguirán cayendo
los verdugos en la tierra
porque fomentan las guerras
que es un flagelo tremendo;
Señor: yo te estoy pidiendo
paz para la humanidad
que termine la maldad
y nunca nadie mal obre
para que la gente pobre
viva con felicidad.

Volver

Las quejas de un difunto

Las quejas de un difunto
por Azucena Roja, poetisa popular de Santiago

Una carta misteriosa
recibí aquella tarde
y sin hacer mucho alarde
yo la abrí muy presurosa;
Muy pálida y temblorosa
la leí apresurada
pues ésta estaba firmada
por alguien que ya no existe
y el carácter que reviste
aquí va de una plumada.

“Me dirijo a usté en su punto
enviándole esta misiva,
para que en verso transcriba
las quejas de este difunto;
“Y aquí va todo el asunto
por lo que estoy indignado
y que me siento obligado
a tal punto a reclamar,
para poder descansar
en este Campo Sagrado”.

“Al morir creí encontrar
la paz en el cementerio
y aquí en estos misterios,
de la vida, descansar;
Errado estuve al pensar
que tal cosa así sería
porque en esta tumba fría,
hay paz sólo por las noches.
Lo demás es puro boche
que se escucha todo el día”.

Dicen hipócritamente
al venir a sepultar:
“que la paz de este lugar
tuya sea eternamente”;
Pero así al día siguiente
a un señor encopetado,
lo traen acompañado
con mucho bombo y platillo
y con el mismo estribillo
lo mismo le han deseado”.

“A ese señor le han rendido
honores con gran regalo,
porque no hay ni un muerto malo
aunque un truhan haya sido;
Yo fuí un minero sufrido
y en el campo producí
mi sangre a la patria dí
y en silencio fuí enterrado
y a nadie le fué importado
el valor que había en mí”.

“Morí en la calle botado
y la noche fué testigo.
Pobre fuí, como castigo
por haber sido hombre honrado;
Hoy me encuentro aquí enterrado
y quiero paz con razón
y he sentido indignación
al ver que tantos honores
rinden inmerecedores
al que fué un vivo y ladrón”.

“Y se acerca “nuestro día”
un suicidio nuevamente,
pues vendrán nuestros parientes
con toda su algarabía;
Empiezan las romerías
y las bandas a tocar.
Y yo con todo pensar
les reclamó este suplicio,
pues con todo este bullicio
me van a resucitar”.

Y hasta aquí su pluma deja
el muerto que me escribió
y que helada me dejó
su carta que no semeja;
Encuentro justa su queja,
los tiempos están cambiados.
Todo ha sido renovado
y reina la vanidad
y hasta de la eternidad
piden la paz que han deseado.

Volver

Canto campesino

Canto campesino
por Luis Polanco, poeta popular de Conchalí

Entraré a tu rancho amigo
para limar tus cadenas
para agradecerte el trigo
que es producto de tus penas;
para cantarle a las gemas
que fructifican tus llantos;
para borrar los espantos
que hay en tu vida presente
y darle en el sol de oriente
para tu esperanza un canto.

El hombre es dueño del monte,
cubre de espigas el llano,
y se abre nuevos horizontes
haciendo perenne el grano,
entregando al ser humano
nueva luz en¹ lontananza
proclama la bienandanza
en la faz del universo
y entrega al poeta el verso
pleno de fé y esperanza.

El hombre rompió el misterio
del mar, el cielo y la tierra;
terminó su cautiverio
e izó su propia bandera;
Se dió un mundo, sin frontera
para la paz y su gloria;
para inscribir su memoria
busca el futuro inmortal
y hará que cante el trigal
en violines de victoria.

Estira el brazo al futuro
por el camino del hombre;
escribe firme en el muro
ideas que tengan nombre;
donde el ideal se escombre,
pone un granito de arena
ya quien lo injusto condena,
dale en tu sangre la llama
que la simiente de grana
ha de redimir tu siembra.

¿Qué te dirán revoltoso?
¿qué “bandido” te dirán?
Diles que el nombre es glorioso
si con él se busca el pan;
Si por bien no te lo dan
has de obtenerlo peleando.
Los amos entienden cuando
ven los puños apretados.
Los yugos no son tronchados
si sólo se están mirando.

1  Hay error en el impreso con el corte del verso.

Volver

A la colorada

A la colorada
(Dedicado a sus habitantes)
Por Juan Castañeda, poeta popular de Cogotí

Colorada, no declinas.
Tus casa con maravillas.
Las hay blancas y amarillas,
y olor a brisas marinas
el agua que tú aglutinas;
Tus hijos, tus vecinos,
esforzados campesinos
que trabajan decididos;
Sus trabajos emprendidos
te forjarán tu destino.

Tú tienes, ¡Oh! Colorada
panorama muy hermoso,
ese lago tan precioso
que se asemeja a una rada;
Son las aguas estancadas
del embalse Cogotí.
Me interesaste a mí
por lo cual yo me inspiré
y estas décimas saqué
hoy tan sólo para tí.

Tienes una bella playa
de una costa fluvial,
donde puede veranear
toda la gente que vaya,
y constatar si me falla
como gran admirador,
de este bello rededor
que tiene Combarbalá
que debía de ser ya
un balneario de honor.

De escuela tienes local,
que es la casa de tus hijos
donde irán todos de fijo
muy contentos a estudiar
lo que les debe enseñar
el maestro que allí tienes.
Es una joya que viene
a la juventud a adornar
si se sabe educar
esas juveniles sienes.

Por fin, bella Colorada
de arboledas tan hermosas
son tus higueras frondosas
son las peras coloradas,
naranjas azucaradas
y todo esto en conjunto
dan hermosura a tu punto
que es región de panorama
y mi corazón se inflama
al de tus hijos adjunto.

Yo te compuse mi verso
en una mañana helada
que salí de madrugada
con el tiempo tan adverso.
Esplendoroso y excelso
te iluminaba el lucero
que brillante y altanero
anuncia el amanecer
y yo sentía correr
tu agüita por el estero.

Volver

Al gran líder Elías Lafertte

Al gran líder Elías Lafertte
Por Antonio Villatoro, poeta popular de San José de Maipo

El pueblo se conmovió
por su salud quebrantada
y que fuera mejorada
muchos rogaron a Dios;
Pronto se restableció
el gran guía y luminaria
de la clase proletaria
de este país tan hermoso,
el líder que es enojoso
a la masa reaccionaria.

Conoce el pueblo la vida
de este gran luchador
que en su joven esplendor
Recabaren fue su guía;
A la pampa recorrían
con sacrificio en su acción
llamando a organización
a los obreros nortinos,
mostrándoles el camino
para su liberación.

La Federación Obrera,
estandarte muy preciado,
todos allí organizados
fueron bajo sus banderas;
En las luchas callejeras
mostraban su valentía
y aunque palos recibían,
aquellos eran en vano,
porque a todos los tiranos
garantías exigían.

Una prensa fué ambición
de Recabarren y Lafertte.
Un trabajo que era el fuerte
para la organización;
cuando ya en circulación
el periódico valiente
lo leyó toda la gente
y su conciencia formó
y por caminos guió
a otros bravos dirigentes.

Por el mundo de la paz
el líder se encuentra en viaje
y a tan digno personaje
allá se le cuidará;
De su dolor sanará
–que allá hay médicos muy “niños”–
el gran Lafertte Gaviño,
el hombre de la amistad
que se lleva la hermandad
de Chile con gran cariño.

Volver

La sequía en el norte chico

La sequía en el norte chico
Por Mauro González, poeta popular de La Serena

Con permiso de los lectores
y abusando de su paciencia
con temor a una imprudencia
y perdón a los cantores
hoy entrego pormenores
de un día verdadero,
de un pequeño criancero
que abrumado por su suerte
es minero de repente
y sufrido leñatero

Lo que voy a relatar
se refiere a la sequía
que azota cruel impía
a la zona de “El Chañal”
Aunque puedo adelantar,
es más grande la extensión
es todita la región
la que sufre sus efectos
por lo cual pido al momento
al Gobierno solución.

Yo conozco al criancero
en su vida de tragedia
y es un drama no comedia,
el que vive allá en el cerro,
esperando el aguacero
que le salve su ganado
sus burritos, su sembrado,
que son toda su riqueza
amasada en la aspereza
de riscales escarpados.

Al cantar el primer gallo
se levantan presurosos,
ladra el perro belicoso
al sentir bajar el bayo;
Una endija muestra un rayo
de un sol que ya se asoma
por encima de la loma
toda yerta y calcinada
que termina en la quebrada
donde el agua no se toma.

A campear sale ligero
el mayor de nombre Lucho.
El pequeño es el marucho
de su padre el arriero;
El prepara los aperos,
los lacillos, aparejos
y de pronto a lo lejos
se divisa la tropilla
junto allá a la algarrobilla
de la mina de ño Espejo.

Las mujeres se dirigen
al corral de la majada.
De las cabras la ordeñada
es tarea de Eduviges,
una chiquilla muy dije,
que tristeza hoy denota
pues la leche sólo es gota
lo que el cabro está chupando
y el hambre está matando
al cachorro ‘e la porota.

Ya la tropa aparejada
está lista pa marchar.
El arriero va aplanar
los metales de cavada
de la mina “Colorada”
al camino “El Pajonal”.
Es muy poco el jornal
que le pagan los mineros;
pero el quiere ese dinero
pa sus burros forrajear.

Cerro arriba va el arriero
en silencio, sin enojo.
Mira al “Copo” de reojo
que ladrando pendenciero
ya mordiendo casi fiero
los talones de un borrico;
mientras tanto que Perico
en el corral ‘ta apartando
los guachos que están mamando
y lamiéndose el hocico.

Muy entrada la oración
Vuelve el arriero cansado,
con sus burros lastimados
que parten su corazón;
Aumentando su aflicción
le dan cuenta fríamente
de otras bestias inocentes
que murieron en el día
víctimas de la sequía
que flagela fieramente.

En sus miradas van al cielo
observando las estrellas.
“No lloverá” dicen ellas
con terrible desconsuelo;
¡Y la noche que es de hielo
negra y triste cual su sino
va envolviendo al campesino
en la escarcha de su manto
y al sentirla con espanto
ve en la noche, su destino

Al fuego, en la ramada,
olvida un poco su pena.
Soba sus manos morenas
agrietadas por la helada.
Y al oír en la majada
el balar de los cabritos,
siente dolor infinito
y con acento sincero
pide a Dios el aguacero
y que se corra el Maldito.

Despedirme no podría
sin solución insinuar
que viniera a terminar
el problema de la sequía
Doloroso y de cuantía
pues son miles de afectados
los que están abandonados
del Gobierno y sus medidas;
Peligrando están sus vidas
como ya se ha comprobado.

Aquí llamo al Presidente
a las ramas del Congreso,
a que no se hagan los lesos,
pues yo lo creo imprudente.
El problema está latente
y merece la atención
e interesa a la nación
ya que hay vidas en peligro
–de chilenos no de gringos–
y se hunde la región

Y llaman a los campesinos
a la lucha necesaria
por una REFORMA AGRARIA
que mejores sus destinos;
Que dé tierras y caminos,
reforeste las laderas
haga fértiles praderas
cree centros de cultura
y reemplace la amargura
por la vida lisonjera.

Volver

Apocalipsis

Apocalipsis
por Manuel Urbano, poeta popular de Puente Alto

Firmo y acudo al llamado
de las fuerzas de la paz,
temo, por la Humanidad
vil acción de los malvados;
El momento ya ha llegado
de definir posición,
los hombres de promisión
frenarán a los perversos,
que holocausto del universo
harían por su ambición.

En temible comunión
los Caines y los Judas
con las acciones más rudas
al mundo llenan de horror;
hambre, miseria y terror
es su ciencia negativa.
Por la paz, mi rogativa
se hace tema en mi conciencia,
mi verso, con elocuencia
canta al trabajo, al amor.

Paraíso de esplendor
la tierra debiera ser;
El hombre podría hacer
en paz, trabajo y amor;
–Superando al Hacedor–
tantas cosas colosales,
que amplias rutas celestiales
unirían sus inventos,
y la unión de los talentos
desterraría los males.

En reductos infernales
se refugian los canallas
y el dinero y la metralla
con sus dioses más formales;
Y sus ritos fantasmales
de fetiches y de espectros
los acusan del siniestro
pavoroso de la guerra
apocalipsis que aterra
conmoviendo al universo.

¡Y llora conmigo el verso… !
por la muestre están doblando
las campanas, y anunciando
con infame sacrilegio,
–para el bronce y sus arpegios–
los instintos de los viles.
¡Qué caracho! Los serviles
prostituyen los valores
falsos cristos redentores
que procrean los Caínes.

Volver

Las predicciones de un gitano para el futuro

Las predicciones de un gitano para el futuro
por Jorge Obrero del Carbón, poeta popular de Coronel.

Oigan estas predicciones
que me ha contado un gitano,
que conocí en Talcahuano
cuando andaba de excursiones;
no hay nada en comparaciones
lo que predijo al futuro.
Encendió más que carburo
mi entusiasmo de poeta.
“Ya no andarán en carreta
y a Juan le pondrán Arturo.

Lloverá en cuenta e’granizo,
chancharras, ultes, traquillas,
jaivas, locos, corvinillas,
también ventarrón de erizos;
huracán de queso suizo,
gran tempestá’ e picarones,
longanizas, salchichones,
con sopaipillas y piures,
y habrán de caer muy libres
del cielo, hasta chicharrones.

Para los enamorados,
en sus épocas nupciales,
lloverán chanchos, zorzales,
catas, loros, cocinados;
el tinto y blanco asoleados
y abundancia de alivioles¹,
como machas, caracoles,
caerán con todas ganas,
igual peras y manzanas
y hartas papas con frejoles.

Para los pobres verdejos,
que tantos hay en el mundo,
unos patos moribundos,
también fiambres de conejos
ranas, liebres y cangrejos,
como charqui de caballo,
lentejas, coles, zapallos
y la pescada a destajo.
Como es lluvia’e comistrajo
lloverá hasta pejegallo

DESPEDIDA:

Al final de tantas cosas
que lloverán con deseo,
que magníficos causeos
verán en lluvia asombrosa;
No como la desastrosa
que hoy nos mata a tentaciones.
Se acabará con visiones,
según la idea que llevo,
será cambiar mundos nuevos
por otras generaciones”.

1  Aliviol, analgésico de mucho uso en los 50.

Volver

Para la niña de mis sueños

Para la niña de mis sueños
Por Manuel Urbano, poeta popular de Puente Alto.

¿Adivinas lo que miro
cuando te miran mis ojos?
El beso sensual y rojo
que de tus labios suspiro.
De tu ser, que todo admiro,
me cegaron tus encantos.
No pienso en un desencanto
si en lucidez te mirara.
Eres bella y yo jurara
que eres más por mi quebranto.

No tengo derecho a tanto
como decir lo que digo,
más, no poco, pues dedico
a tu belleza mi canto.
Puedo yo amarte, entretanto.
Sin transgredir la moral
Yo no quiero hacerte mal
con inculcarte el pecado
–virtual desliz adorado
que sólo sueño al cantar.

Puedes, pues, adivinar
lo bien que te admiro y quiero
y te deseo. Soy sincero
y no te haría pecar,
y eso, por no desflorar
de tu belleza, tu honra.
Si te canto, no deshonra
mi pluma tu honestidad,
porque me inspiro, en verdad,
en tu hermosura que asombra.

Eres fugaz, cual mi sombra
que miro al mirar tus ojos,
o el beso en tus labios rojos.
Mas ¡¡Ay…! que el verso no nombra
el azul que me atolondra
de tu pupila encendida
y el blanco que me fascina
de tu cuerpo en esplendor.
Mi verso. ¡Oh! niña de amor
profano y casto iluminas.

Muy difícil golosina,
no por cara o por altiva.
Es mi pecho el que cultiva
el sentimiento que anima,
una pobreza perlina
para mi canto pagano.
No pretendo que mi mano
desgarre tu vestidura.
Sensible es gozarte pura
y es ingrato lo malsano.

Volver