La coqueta

La coqueta
por Rafael Martínez Navia

No hay flor como la violeta
para el triste enamorado
como es el mayor pecado
dar crédito a una coqueta.

Fascinante, insinuadora,
te colma con su presencia:
tiene la misma elocuencia
del cocodrilo que llora.

Te brinda frescos pensiles,
sus labios destilan mieles
y entre arrullos y claveles
te ofrece delicias miles.

Esa beldad que el martirio
siempre da, y no lo quita,
ciertos días se marchita
y deshoja como el lirio.

La coqueta debe ser
un embrujo de este mundo,
es un misterio profundo;
a lo mejor no es mujer.

Es destemplado violín,
triste barca sin timón,
un cuerpo sin corazón
que todo nada es en fin.

Es un ser que nadie entiende
es algo más que yo no hablo
y que sola se comprende…
¿quién puede ser, sino el Diablo?.

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