El zorzal de Longosto

El zorzal de Longosto
Por Avelino Contreras Martínez

Allá el Longosto, a la vera del camino
siempre en las tardes cantaba un zorzal
algunas veces sobre un sauce triste
y otras sobre un empolvado zarzal.

En el mismo sitio y con la voz pausada
que parecía musitar una oración
y cuando alguien se detenía a oírlo
se alejaba llevando la mejor impresión.

Es probable que cante igual todavía
y tan buena costumbre no haya dejado
y que habrá siempre quienes lo escuchen
en el rincón apacible de aquel lado.

Empero, si se ha ido como se fue
la gente humilde que allí vivía
ahora el paraje se hallará triste
tanto en la noche como en el día.

Y si hubiera muerto, jamás en la vida
se volverá a oír su canto amoroso
ni más será dado observar su silueta
ni cerca del árbol o el zarzal polvoroso.

Antes el ave, con la dulzura de sus trinos
le sonreía de buen grado al caminante
y por tan bellas cualidades que exhibía
verla posarse allí era interesante.

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